Descubra a los tres homenajeados que cambiaron la cara del teatro en Colombia

Descubra a los tres homenajeados que cambiaron la cara del teatro en Colombia

El Ministerio de Cultura destacó con la Medalla al Mérito Cultural los titánicos aportes de Santiago García, Patricia Ariza y Carlos José Reyes a la creación, promoción y estudio del teatro y la cultura de Colombia. ¿Por qué?

La vida de Santiago García, un estudiante de arquitectura, cambió después de un taller con el director y coreógrafo Seki Sano. Desde entonces hizo del teatro su vida y transformó la cara de este arte en Colombia.

Son tres, pero representan a miles de hombres y mujeres que, usualmente con las uñas y en distintos lugares del país, han dedicado su tiempo y su pasión a hacer teatro desde mediados del siglo XX. Creadores, precursores, gestores, embajadores y estudiosos del arte que los ha movido durante décadas, Santiago García, Patricia Ariza y Carlos José Reyes suman suficientes ”tablas” como para crear un bosque.

Desde los años 60, le dieron vida a una nueva manera de hacer teatro en el país, y resultaron claves en la escena por la fundación de la Casa de la Cultura, en 1966, que poco después se convirtió en el legendario Teatro La Candelaria.

De este brotó la experimentación por medio del emocionante concepto de la ‘Creación colectiva’, que impulsó una dramaturgia propia y plasmó la realidad del país en obras como Guadalupe años Sin Cuenta, que jugó con formatos y maneras como en De Caos & Deca Caos y, también, abordando a su manera clásicos como El Quijote. Todo mientras rompía con las dinámicas hegemónicas que regían a director, actores y dramaturgos, y los fundía en una creación en la que todos aportaban a la puesta en escena.

A su manera, García, Ariza y Reyes, exploraron y expandieron los límites de la creación en Colombia.

Por esta razón, esta semana, el Ministerio de Cultura les otorgó a los tres la Medalla al Mérito Cultural. Al evento asistieron Ariza, Reyes y Catalina García Ariza, hija de Patricia Ariza y del maestro Santiago García, quien a sus 90 años y frágil salud restringe sus desplazamientos. Por fortuna, no pasa lo mismo con su legado, que vive en su propia creación y en las de muchos dramaturgos, actores y artistas con los que trabajó y los centenares que inspiró. En uno de los varios documentales dedicados a García, Fabio Rubiano aseguró que cuando escribe y presenta teatro se pregunta constantemente “¿Qué diría Santiago?”. Marcela Valencia, su compañera de aventura en el Teatro Petra, no duda en recalcar que García no es nada menos que un genio. Por esa huella persistente, profunda y reconocida a nivel mundial, en 2012, el Instituto Internacional de Teatro, de la Unesco, lo declaró embajador mundial del teatro.

Por su parte, Ariza, una verdadera fuerza natural, ha actuado, creado y gestado en decenas de producciones; también militó desde sus creencias en la Unión Patriótica, y sufrió profundamente su exterminio. A pesar de los duros golpes de la violencia, jamás se rindió en su causa de dar aire a la expresión teatral. Dirige actualmente La Candelaria, pero también dos de los más importantes festivales de teatro del país: el Alternativo y el de Mujeres en Escena por la Paz, que le han merecido grandes reconocimientos y, sobre todo, la prueban como una creadora con la sensibilidad en el lugar en el que Colombia la necesita. Como pocas personas en el país, Ariza tiene un ímpetu claro, y el corazón en la necesidad expresiva del país.

Sobre Carlos José Reyes mucho hay que destacar: su participación en grupos de teatro esenciales como El Búho, la creación de otros como El Alacrán; sus aportes desde la academia como profesor y director de grupos escénicos en la Universidad Industrial de Santander y en la Universidad Externado; su autoría de piezas de teatro y títeres, de libretos de cine y de investigaciones para televisión. A Reyes lo caracteriza una sed investigativa que, por fortuna, no satisface. Partiendo de sesudas investigaciones históricas, ha publicado El Teatro en el Nuevo Reino de Granada y la obra de tres tomos Teatro y Violencia en la Historia de Colombia.

Carmen Inés Vásquez Camacho, ministra de Cultura, destacó “el aporte que han hecho estos tres grandes maestros a la construcción del relato de nuestra historia, nuestra realidad y nuestra sociedad a través del teatro. Este es un arte que tiene el poder de transformarnos, de revelar lo que somos, tiene la capacidad de transgredir, de conmover y sobre todo de hacernos reflexionar sobre los temas más diversos”.

Así sea levemente contradictorio, resulta valioso que, desde su ministerio, un Gobierno cuestionado en su enfoque de cultura como motor económico le rinda homenaje a gestores que, en sus trayectorias, suman grandes hitos y experiencia, pero no una tracción de mercado. Esta nunca ha sido su motivación y nunca lo será, y por eso sufre, entre varias situaciones, las penurias económicas atadas a esta pasión.

A su manera, juntos y por separado, García, Ariza y Reyes han explorado y expandido los límites de la creación en un marco cultural y social como el colombiano. Uno marcado entre muchos hechos por el cambio de un país rural a urbano, por la violencia en sus distintas y numerosas manifestaciones. Creadores y librepensadores, no han tenido reparo en expresar esas cuestiones, risas y dolores, desde su prisma creativo.

El teatro en Colombia es una pasión de nicho, un hecho que no le resta ni un ápice de importancia pues su valor no se mide en números. La producción actual brota en muchos espacios, teatros, casas, y en géneros y formatos cada vez más jugados. Este siglo ha ofrecido creaciones originales de alto impacto como Labio de liebre, y este año ha traído adaptaciones recientes como Woyzeck, de Georg Büchner, y restrenos redescubiertos como Mosca, un montaje basado en Tito Andrónico, de William Shakespeare, y adaptado por Fabio Rubiano en 2002.

Por eso mismo, mirar hacia atrás se vuelve fundamental. En una anécdota diciente, en 1965, Santiago García, quien supo que el teatro sería su vida luego de asistir a un taller con Seki Sano, y profundizó su saber en Praga y en Berlín, tomó la decisión de montar Galileo Galilei, del dramaturgo alemán Bertolt Brecht, en la Universidad Nacional. La presión de una embajada –poco contenta con el hecho de que el montaje abordara el tema de la bomba atómica– llevó a una censura en la difusión de la obra. García renunció y buscó nuevos espacios y salidas a sus creaciones. Hoy, no cabe duda de que las encontró. Antes de él, nadie se había jugado por montar a Brecht en Colombia.

Entre muchos matices del teatro moderno en Colombia, Janneth Aldana, investigadora de la Universidad Javeriana, exploró por qué en los años 50 nacieron los varios grupos teatrales independientes, que lo gestaron. Entre estos se destacaron El Búho (el primero de estos grupos) y la Casa de la Cultura de Bogotá. La chispa de creación surgió luego de que varios creadores viajaron a Europa y absorbieron producciones y maneras de hacer. Así, el teatro colombiano se alejó de los temas costumbristas, miró de frente a causas sociales de su pueblo y cambió para siempre.

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