William Ospina en medio del debate por la posible fusión de los Ministerio de Cultura y Medio Ambiente

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Por: Alejandro Jiménez Schroeder

 

No paran las noticias en medio de una intensa carrera electoral por la presidencia de Colombia, la cual ha sido diversa en muchas cosas; excepto, en el debate de ideas entre los Candidatos. Sin embargo, hace un par de semanas sorprendió a la opinión pública una de las propuestas del candidato del continuismo Rodolfo Hernández quien prendió el debate dentro de los círculos de la Cultura a partir de su propuesta de ¿Qué pasaría si se fusionan el Ministerio de Cultura y el de Medio Ambiente?

La propuesta pese a carecer de sustento, abre el debate sobre la importancia y el rol que debería cumplir un Ministerio de Cultura para un país como el nuestro. Pues, más allá de ser una maniobra para recortar presupuesto, y manejar los recursos públicos con holgura, plantea una visión de nación.

La noticia no paro allí, pues a esta propuesta ruidosa, la acompaño el anuncio que hizo el mismo candidato de que el encargado de dirigir este nuevo ministerio fusionado sería el poeta y escritor William Ospina.

El anunció de Rodolfo Hernández designando a Ospina como el primero de sus ministros sorprende, por la cantidad de preguntas que abre esta caja de pandora, pues s si bien, en la teoría; Ospina goza de un bagaje cultural que ha reflejado en sus letras, queda la inquietud de si esto es suficiente merito para dirigir un Ministerio. Una inquietud no menor, pues ya en la época de Platón, los filósofos griegos se debatían en ideas alrededor de quiénes deberían gobernar y dirigir los rumbos de una sociedad.

 

William Ospina (1954, Tolima) poeta, ensayista y novelista tolimense. Conocido principalmente por sus novelas. Ganador del premio Rómulo Gallegos con su novela El país de la canela, que forma parte de una trilogía sobre la conquista de la parte norte de Sudamérica. Entre sus libros más conocidos están Ursúa, El País de la Canela, ¿Dónde está la franja amarilla?, Pa´que se acabe la vaina.

 

Pese a haber empezado sus estudios estudiar derecho y ciencias políticas, Ospina abandonó la carrera para dedicarse a la literatura. Ahora bien, no es un afán de “titulitis” en un país que ha demostrado que el poseer títulos académicos no es garantía de tener buenos gobernantes; Sin embargo, la formación de escritor empírico nos hace reflexionar en torno a la necesidad de seleccionar un equipo cualificado de gobernantes que puedan dimensionar una política cultural acorde a las necesidades del país y que pueda dar respuestas a las diversas necesidades del sector de las artes y la cultura.

 

¿Qué hay detrás de la fusión de las carteras de Cultura y Medio Ambiente?

Aunque extravagante, no sorprendió la propuesta del candidato Rodolfo Hernández, pues pese a ser una idea que carecer de todo sentido común; la misma se explica bajo una política de recorte al gasto público y la lucha anticorrupción. (Banderas que paradójicamente ha sostenido el candidato en su campaña electoral). Sin embargo, lo que dejó a más de uno con la boca abierta, fue el hecho de fusionar dos Ministerios que, misional, estructural y socialmente cumplen necesidades y objetivos diferentes.

Quizá sea el desconocimiento de la misión de estos ministerios, y de las peleas que se han venido dando por años para lograr el mínimo reconocimiento de las comunidades. Quizás sea el desdén hacia la Institucionalidad que empieza a ser característico del Hernández lo que ha generado esta propuesta, que como mínimo; no dudaríamos de tachar de descabellada. Una propuesta de austeridad y recorte del gasto público, en un país que busca oportunidades para sus artistas, sus cultures y gestores culturales; es dejar a una sociedad en un limbo y la precariedad. Un viaje al averno en donde las letras de Ospina parecieran ser el bálsamo para convivir con la miseria.

El acercamiento entre William Ospina y Hernández venía de varios meses atrás. En enero, a través de una columna de El Espectador titulada ‘Rodolfo Hernández: la hora de la franja amarilla’, el novelista exaltó la candidatura del exalcalde de Bucaramanga, posición que generó controversia.

En palabras del candidato, la razón por la cual eligió a Ospina para ser su primer ministro fue:

 “Le he propuesto que esté al frente del proyecto a uno de los colombianos con mayor capacidad para una misión como esta: William Ospina, humanista, pensador, líder cultural y escritor. Sé que William Ospina comparte conmigo la decisión de actuar con la máxima urgencia para darle una nueva oportunidad a la tierra, a la humanidad, a Colombia y nuestras familias”, dijo el candidato en Twitter.

Sin embargo, nos queda la inquietud si la escritura de su popular ensayo ‘Dónde está la franja amarilla’ sería el suficiente merito para pilotar los ambos ministerios. Paradójico parece ser que mientras en el 2008 Ospina se inclinaba por Zuluaga, arguyendo que era mejor opción que Juan Manuel santos, en esta ocasión, no ha escatimado en elogios para mostrar su agrado por Rodolfo Hernández, con quien parece tener más similitudes que diferencias. Aunque en el discurso, sus palabras podrían sonar bien, extraña de ambos personajes que al tiempo que critican las clases dirigentes tradicionales, terminan dando su aval a los proyectos políticos más retardatarios y menos cambiantes. ¿entonces por qué terminan los Gavirias y los Pastranas apoyando la candidatura del Ingeniero, a la vez que los Uribes, son socios comerciales de a Hernández.

Riesgos del Ministerio de Cultura en un Gobierno de Rodolfo

 

Los múltiples indicios que ha dejado entrever el candidato, dan a pensar que, en un posible Gobierno, no se respetaría la constitucionalidad. Esto en el ámbito de la Cultura, sería retroceder aquellos discursos donde la Cultura es gregaria y de unas élites. Discursos arcaicos en donde se suprime la diversidad y los derechos Culturales ganados por las ciudadanías desde hace 30 años con la constitución, volverían a estar en feria de los amigos.

Si bien retrata bien varios de los problemas estructurales de Colombia, es un discurso que ha quedado anquilosado por el pasado y que no pudo actualizarse. Pese a ser escrito en 1997, aun carga con los paradigmas de un país que gira en torno de la identidad del “himno, la bandera y el escudo” Pero estos referentes, son de un país que nunca pudo entrar en la modernidad, y ahora, sus ideas, las de Ospina, suenan tan caduco como sus letras en un país que desde hace 20 años viene marcando distintos derroteros.

Las propuestas de fondo tanto en “Pa´que se acabe la vaina” como en “¿Dónde está la franja amarilla?” son la visión que no pelea con los problemas estructurales, sino se queda en la retórica de pedagogía que construyó Mockus. Sin embargo, en ningún lado se lee un rechazo vehemente al modelo Neoliberal que ha producido millones de Pobres alrededor de Colombia, del modelo extractivista, o de corrupción. Evidentemente, en las retoricas y pugnas de supuestas “izquierdas y derechas”, el país ha quedado atrapado, ocultando realmente el problema y la continuidad de discursos que impiden que las cosas cambien.

La propuesta delirante del candidato Rodolfo Hernández de fusionar los Ministerio de Cultura y Medio Ambiente ha servido para abrir el debate en torno al tema Artes y Cultura del país. Tema que se trató muy tangencialmente durante los debates.  ¿Cuál debería ser la razón de existir del Min cultura? Promover economía naranja, Reconocer y visibilizar que la cultura es elemento de cohesión de diversidad de una nación. ¿Propiciar espacios para el desarrollo profesional de artistas y gestores culturales? Un Ministerio que reconozca la cultura como pilar de la sociedad. El eje a través del cual se construye la identidad y se reconoce la diferencia como nuestra principal virtud.  Un ministerio de Cultura que trabaje en torno a la pedagogía de Paz, constructora de memoria, y permita reconocer las diversa expresiones e ideas en un marco de respeto y El debate ha servido para Soñar en que es posible un nuevo ministerio de Las Culturas, donde se supere la noción de “Cultura” como expresión, forma concreta y particular. (principalmente una cultura representada para las elites, una cultura de herencia europea, una cultura hegemónica, una cultura que se define por exclusión y contraposición.

 


“Si quieres cambio verdadero. ¡Pues camina distinto!”

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