
La fecha remite directamente al origen institucional. El 25 de agosto de 1942 fue sancionada la Ley 5.ª, norma que creó el Instituto Caro y Cuervo y le asignó, entre sus primeras tareas, continuar el Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana y cultivar y difundir los estudios filológicos. Ochenta y cuatro años después, la institución regresó precisamente a ese punto de partida para preguntarse por la vigencia de un legado que ha atravesado generaciones de investigadores.
La historia comienza incluso antes del Instituto. Rufino José Cuervo emprendió en el siglo XIX el ambicioso proyecto de estudiar la lengua castellana atendiendo a las relaciones que establecen las palabras dentro de las construcciones gramaticales. Los primeros tomos del Diccionario de construcción y régimen aparecieron en París en 1886 y 1893. Tras la muerte de Cuervo, el trabajo quedó inconcluso y su continuación se convirtió en uno de los fundamentos de la creación del Caro y Cuervo. El Instituto culminaría la monumental empresa en 1994, más de un siglo después de iniciada.

Instituto Caro y Cuervo celebró 84 años entre diccionarios, atlas y memoria lingüística
El aniversario puso esta obra en diálogo con otro proyecto decisivo: el Atlas Lingüístico-Etnográfico de Colombia, una investigación que permitió registrar no solamente cómo hablaban distintas comunidades del país, sino también aspectos de su vida cotidiana, prácticas, oficios, alimentación, territorio y cultura.

La dimensión del ALEC ayuda a comprender su importancia. Su corpus digital conserva 650 grabaciones obtenidas entre 1955 y 1983, recopiladas por 23 encuestadores en 264 localidades de Colombia. Allí quedaron registradas encuestas fonéticas, entrevistas, relatos y muestras relacionadas con campos tan diversos como la vivienda, la familia, la pesca, la agricultura, las festividades, el transporte, los oficios y las formas de nombrar el espacio. El resultado transforma el estudio lingüístico en una suerte de archivo sonoro y etnográfico de varias décadas de la historia colombiana.
Para volver sobre estas dos obras, el Instituto reunió a Mariano Lozano Ramírez, miembro de número de la Academia Colombiana de la Lengua, y Juan Manuel Espinosa Restrepo, subdirector académico del Caro y Cuervo. Lozano ingresó como académico de número en octubre de 2024 con un discurso dedicado al perfil sociodialectal del español hablado en Colombia, mientras que Espinosa continúa vinculado a la reflexión contemporánea sobre la historia intelectual y filológica de la institución.
Más que una celebración protocolaria, Lugares del saber y la memoria propuso así una lectura del aniversario desde las obras que hicieron posible la institución. La conversación fue además transmitida por el canal oficial Caro y Cuervo TV y su registro permanece disponible en línea, ampliando el acceso a una conmemoración que vincula investigación, patrimonio y divulgación.
A los 84 años, el valor del Instituto Caro y Cuervo no reside únicamente en conservar grandes proyectos del pasado. Su importancia está también en hacerlos nuevamente legibles, consultables y discutibles frente al presente. En una Colombia caracterizada por su diversidad regional, social y cultural, estudiar cómo cambian las palabras, cómo se nombran los territorios y qué memorias permanecen inscritas en la lengua significa también documentar las múltiples maneras de habitar el país.
El aniversario recuerda, en ese sentido, que un diccionario o un atlas pueden ser mucho más que instrumentos académicos: pueden convertirse en archivos de una sociedad y en lugares desde los cuales una cultura reconoce su propia memoria.








