
En medio del debate político que atraviesa Colombia rumbo a las elecciones presidenciales de 2026, uno de los sectores que más ha comenzado a movilizarse alrededor de la candidatura de Iván Cepeda es el de las artes y la cultura. Artistas, gestores culturales, educadores populares, colectivos comunitarios y procesos territoriales han encontrado en su propuesta un discurso que pone la cultura en el centro de la transformación social y no como un simple complemento institucional.
La propuesta cultural de Cepeda se distancia de los modelos tradicionales donde las políticas culturales suelen diseñarse desde oficinas centrales y ministerios alejados de las realidades regionales. Según el programa pedagógico publicado por su campaña, el proyecto busca construirse “desde el territorio”, con participación activa de creadores, educadores y comunidades.
Uno de los puntos más visibles de esta propuesta es la idea de entender el arte como herramienta de paz, memoria y justicia social. En los documentos programáticos de la campaña se insiste en que la cultura no debe verse como un lujo elitista, sino como un derecho colectivo y una forma de reconstrucción social en territorios afectados históricamente por la violencia y la exclusión.
La propuesta cultural del movimiento liderado por Cepeda también plantea fortalecer la educación artística pública desde la infancia. El programa destaca que entre 2022 y 2026 el sector cultural alcanzó uno de los presupuestos más altos de su historia reciente y propone profundizar esa inversión durante el periodo 2026–2030. Entre las medidas mencionadas se encuentran la ampliación de procesos de formación artística, el fortalecimiento de escuelas culturales comunitarias y la creación de condiciones laborales más dignas para docentes y trabajadores culturales.
El enfoque territorial aparece como uno de los ejes centrales. La campaña sostiene que el centralismo cultural ha concentrado históricamente los recursos en grandes ciudades, dejando por fuera a zonas rurales, periferias urbanas y comunidades indígenas, afrodescendientes y campesinas. Por ello, el programa propone fortalecer casas de cultura, bibliotecas, escuelas de música, teatros independientes y espacios comunitarios en municipios intermedios y regiones apartadas.
Otro aspecto importante es el reconocimiento de los saberes tradicionales y los patrimonios bioculturales. La propuesta cultural de Cepeda plantea proteger lenguas, músicas, oficios ancestrales, cocinas tradicionales y expresiones populares que han sobrevivido pese al conflicto armado y al abandono estatal. El documento programático afirma que las comunidades indígenas, afrocolombianas y campesinas son guardianas fundamentales de la identidad cultural del país y deben ocupar un lugar prioritario en la política pública.
En ese contexto, la memoria histórica ocupa un papel esencial. La candidatura de Cepeda —reconocido durante décadas por su trabajo alrededor de las víctimas del conflicto y los derechos humanos— conecta la cultura con los procesos de reparación simbólica y construcción de paz. La campaña propone consolidar procesos culturales comunitarios vinculados con la memoria, el arte participativo y la reconstrucción del tejido social.
La relación entre arte y educación también aparece como una prioridad estratégica. El programa insiste en que la formación artística debe dejar de ser marginal dentro del sistema educativo colombiano. La propuesta dialoga con enfoques contemporáneos de educación cultural y pedagogía crítica que consideran las artes como herramientas fundamentales para el pensamiento crítico, la participación democrática y la cohesión social. Investigaciones académicas recientes han señalado precisamente que las prácticas culturales contextualizadas fortalecen los procesos educativos y la apropiación comunitaria del conocimiento.
El proyecto político de Cepeda también habla de dignificar económicamente el trabajo cultural. En sus documentos oficiales se afirma que los artistas y gestores culturales deben ser reconocidos como trabajadores con derechos y no únicamente como actores ocasionales de eventos institucionales. La propuesta menciona economías creativas, circuitos culturales locales y fortalecimiento de redes comunitarias como mecanismos para impulsar empleos culturales sostenibles.
Más allá de las promesas electorales, el respaldo de sectores culturales a Cepeda parece relacionarse con una percepción de cercanía histórica con movimientos sociales, procesos comunitarios y causas de derechos humanos. Diversos análisis periodísticos han señalado que parte de su apoyo político se basa precisamente en su trayectoria ligada a víctimas, organizaciones populares y procesos de memoria.
En una Colombia marcada por profundas desigualdades territoriales y culturales, la propuesta artística y cultural de Iván Cepeda intenta posicionar el arte no solamente como entretenimiento, sino como un instrumento de transformación democrática. La apuesta busca trasladar la cultura desde los márgenes del presupuesto estatal hacia el centro de la discusión política nacional.
Para numerosos artistas, educadores y gestores culturales, la discusión ya no es únicamente quién gobernará Colombia, sino qué lugar ocuparán la memoria, la creación y los saberes populares dentro del futuro del país.
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