
México está adquiriendo un peso inesperado en la infraestructura física que sostiene la inteligencia artificial. El Informe sobre el desarrollo mundial 2026: La promesa de la inteligencia artificial, publicado el 4 de agosto por el Grupo Banco Mundial, identifica una creciente participación de las economías emergentes en la cadena de suministro tecnológica. En el caso mexicano, las exportaciones de equipos y componentes asociados con IA, sumadas a nuevas inversiones en centros de datos y manufactura avanzada, muestran un desplazamiento parcial de la producción fuera de Asia y convierten al país en un nodo estratégico entre las fábricas globales y el mercado estadounidense.
La imagen de una “megafábrica de la IA que habla español”, popularizada recientemente por Xataka, resulta atractiva, pero requiere precisión. No existe una única megafábrica mexicana ni todo el hardware exportado corresponde a semiconductores fabricados íntegramente en el país. Lo que existe es una extensa plataforma industrial integrada a las cadenas internacionales de electrónica, servidores, equipos informáticos y componentes para centros de datos.
El dato que ha colocado a México en el centro de la discusión procede del nuevo informe del Banco Mundial. Su paquete metodológico confirma que para estudiar el comercio relacionado con inteligencia artificial se utilizaron datos de UN Comtrade correspondientes a 2024, aplicando tres clasificaciones de productos elaboradas a partir de trabajos de la Organización Mundial del Comercio, la OCDE y la Reserva Federal estadounidense. Estos registros alimentan la figura 4.10 del informe, dedicada al comercio vinculado con IA.
La Reserva Federal aporta otra perspectiva que confirma la magnitud del fenómeno. Sus cálculos muestran que las importaciones estadounidenses de unidades, partes y accesorios informáticos asociados con IA procedentes de México llegaron aproximadamente a US$125.000 millones anualizados en 2025. Taiwán, sin embargo, alcanzaba alrededor de US$180.000 millones, una advertencia necesaria frente a cualquier lectura que sugiera el fin de la supremacía asiática.
Incluso la propia Reserva Federal advierte que medir el “comercio de IA” no es sencillo. Sus estadísticas incluyen categorías aduaneras relacionadas con servidores, unidades de procesamiento gráfico y componentes informáticos que también pueden contener productos destinados a otros usos. Por ello, los cálculos pueden simultáneamente dejar fuera determinados equipos vinculados con IA y contabilizar otros que no lo son exclusivamente.
Una apuesta industrial que ya moviliza inversiones
La transformación comienza además a materializarse en nuevas inversiones. El Gobierno mexicano anunció el 16 de abril de 2026 que Flex invertirá US$1.000 millones entre 2026 y 2028 para ampliar la fabricación de equipos destinados a centros de datos e inteligencia artificial, principalmente en Guadalajara, Aguascalientes y Ciudad Juárez. El proyecto contempla más de 5.000 empleos directos.
Flex confirma que desde sus operaciones mexicanas se fabrican racks y gabinetes destinados a infraestructura crítica para centros de datos. En Guadalajara, además, la compañía ha aplicado automatización, análisis en tiempo real e inspección apoyada por IA a la producción de infraestructura de nueva generación. El movimiento coincide con el Plan México, que incluye semiconductores y electrónica entre sus sectores estratégicos y plantea aumentar el contenido nacional dentro de cadenas globales de valor.
Pero fabricar la infraestructura no garantiza aprovechar plenamente la revolución tecnológica. Ese es precisamente uno de los mensajes centrales del Banco Mundial: los países en desarrollo deben pasar de adoptar inteligencia artificial a adaptarla a sus lenguas, instituciones, datos y necesidades y, cuando dispongan de capacidad suficiente, avanzar hacia tecnologías propias. Para conseguirlo serán decisivas la electricidad, la conectividad, la formación y las instituciones.
La discusión también alcanza al ámbito cultural. Una inteligencia artificial adaptada a lenguas y contextos locales determina qué conocimientos, memorias y producciones culturales quedan representados en los nuevos ecosistemas digitales. Para México y América Latina, el desafío será que su creciente papel como territorio de manufactura tecnológica no se limite a ensamblar la infraestructura sobre la que otros producen conocimiento. La verdadera transformación llegará cuando esa capacidad industrial pueda conectarse con investigación, educación, industrias creativas y producción cultural propia.






