El novelista mexicano David Toscana, ganador del Premio Alfaguara de Novela 2026, reflexionó en una entrevista concedida al diario oficial El Peruano sobre el impacto de la inteligencia artificial en la creación literaria. Durante su visita a Lima, el autor defendió la lectura de los clásicos, reivindicó la investigación como motor de la novela y sostuvo que el verdadero reto para los escritores contemporáneos consiste en demostrar que detrás de cada obra existe una sensibilidad humana irrepetible.
En un momento en que la inteligencia artificial redefine la producción de contenidos y altera la industria editorial, pocas voces resultan tan provocadoras como la del escritor mexicano David Toscana. El autor de El ejército ciego, obra con la que obtuvo el Premio Alfaguara de Novela 2026, afirmó que la irrupción de estas tecnologías ha elevado las exigencias para quienes se dedican a la literatura y obligará a distinguir con mayor claridad el talento genuino de la escritura automatizada.
Durante una entrevista publicada por el diario oficial El Peruano, Toscana resumió su posición con una frase que ha despertado debate dentro del mundo literario: «Hay que aceptar a la inteligencia artificial como un reto. A los escritores nos subió el estándar». Para el narrador, el desafío ya no consiste únicamente en escribir bien, sino en producir textos cuya originalidad, profundidad emocional y capacidad expresiva hagan evidente la presencia de una inteligencia humana.
En esa línea, el autor sostuvo que la inteligencia artificial puede convertirse en una herramienta atractiva para quienes buscan publicar sin desarrollar plenamente el oficio de escribir. Según explicó, el aumento de la autoedición y la aparición de obras producidas mediante herramientas automatizadas hacen aún más necesario que la literatura conserve aquello que ninguna máquina puede reproducir plenamente: la experiencia vital, la intuición estética y una voz auténtica.
Lejos de presentar una postura tecnófoba, Toscana entiende la IA como una circunstancia que obliga a los escritores a elevar la calidad de su trabajo. Su reflexión parte de una idea central: la literatura nunca ha dependido únicamente de contar una historia, sino de la manera en que esa historia es narrada. Por ello insiste en que el estilo, la construcción de los personajes, la ironía y la riqueza del lenguaje siguen siendo los verdaderos territorios donde la creación humana conserva su singularidad.
Esa defensa del oficio aparece estrechamente ligada a otra de sus convicciones: la importancia de la lectura de los clásicos. Al ser consultado sobre el hábito creciente de recurrir a resúmenes, Toscana respondió que la esencia de la gran literatura no reside en conocer el argumento de una obra, sino en experimentar su lenguaje y descubrir los matices de sus personajes. «Lo importante es el qué y el cómo», afirmó, reivindicando una lectura pausada frente a la inmediatez de los contenidos digitales.
Su propia trayectoria confirma esa concepción del trabajo literario. Antes de recibir el Premio Alfaguara, Toscana obtuvo el Premio Xavier Villaurrutia y el V Premio Bienal Mario Vargas Llosa, reconocimiento concedido en 2023 por El peso de vivir en la tierra. El escritor recordó además con especial afecto el artículo que el propio Mario Vargas Llosa publicó posteriormente en El País, gesto que considera uno de los mayores reconocimientos de su carrera.
En la entrevista también explicó el proceso de creación de El ejército ciego. La novela parte de un episodio histórico ocurrido tras la batalla de Klyuch, cuando el emperador bizantino Basilio II ordenó dejar ciegos a miles de soldados búlgaros derrotados. Toscana relató que su interés por escribir nace precisamente del desconocimiento: investiga durante años, consulta historiadores, viaja a los lugares donde transcurren sus relatos y convierte ese proceso de descubrimiento en el verdadero motor creativo de la ficción.
Aunque la novela se sitúa en la Edad Media, el autor establece un diálogo evidente con el presente. La violencia extrema que describe encuentra ecos en conflictos contemporáneos y en fenómenos como el narcotráfico en México, demostrando que la literatura histórica puede ofrecer nuevas perspectivas para comprender las formas actuales de la crueldad.
Otro aspecto relevante de la conversación fue su concepción del oficio de escribir. Toscana se define como un autor disciplinado, aunque rechaza la rigidez de las rutinas. Considera que la formación intelectual proviene tanto de la escritura como de la lectura constante y sostiene que escribir obliga a desarrollar un pensamiento más elaborado que la simple opinión inmediata. En ese sentido, invita a los jóvenes a descubrir que argumentar resulta mucho más complejo —y enriquecedor— que expresar una idea superficial.
Las declaraciones del novelista mexicano trascienden el debate tecnológico para plantear una reflexión más amplia sobre el futuro de la creación artística. En un escenario donde las herramientas de inteligencia artificial adquieren un protagonismo creciente, Toscana recuerda que la literatura continúa siendo un espacio donde la sensibilidad, la memoria cultural y la imaginación humana mantienen un valor insustituible. Su intervención no representa un rechazo a la innovación, sino una invitación a preservar aquello que históricamente ha dado sentido a la escritura: la capacidad de explorar la condición humana mediante una voz propia.




