
Santa María la Antigua del Darién no es solo un punto de origen en los relatos clásicos de la colonización. Es también, hoy, un campo de disputa simbólica donde el nombre mismo del territorio se ha convertido en un problema histórico, político y cultural. Nombrar « o renombrar»no es un acto neutro: define qué memorias se legitiman, cuáles se silencian y desde qué voces se cuenta la historia.
Durante siglos, este sitio fue presentado en manuales escolares y discursos institucionales como “la primera ciudad española en tierra firme en América”, inaugurando así una narrativa que coloca la conquista como punto de partida de la civilización en el continente. Sin embargo, este relato invisibilizó presencias previas y persistentes: pueblos indígenas como los Cuevas, redes de intercambio preexistentes, así como posteriormente las experiencias afrodescendientes y campesinas que han habitado y transformado el Darién.
Frente a esa versión única del pasado, un proyecto de investigación acción participativa impulsado por la Universidad Nacional de Colombia y el Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH) ha propuesto una transformación profunda del sentido del lugar. Más que reconstruir una ciudad colonial desde la arqueología tradicional, la apuesta ha sido resignificar el territorio como un espacio vivo de memoria compartida, construido junto a comunidades afrodescendientes, indígenas Guna y Emberá, y poblaciones campesinas.
Desde 2006, este proceso ha articulado visitas de campo, arqueología comunitaria, museología participativa, iniciativas ambientales y culturales, así como espacios abiertos de deliberación. La clave metodológica es el tiempo: la investigación no se concibe como un ejercicio puntual, sino como una relación sostenida que permite construir confianza, revisar interpretaciones y corregir jerarquías históricas.
Entre 2017 y 2018, el ICANH formalizó el Parque Histórico y Arqueológico de Santa María la Antigua del Darién, organizando el territorio en tres rutas de interpretación entrecruzadas. La ruta “Ciudad Colonial” aborda los restos materiales del asentamiento español; “Abya Yala” reconoce la continuidad territorial y espiritual indígena; y “Reino de Bayano” recupera las memorias de resistencia afro y el cimarronaje. Este diseño no busca imponer una versión cerrada de la historia, sino invitar a recorrer tensiones: la coexistencia de memorias que no siempre concuerdan, pero que deben dialogar.
Uno de los elementos más relevantes del proyecto es la creación de un Comité Cultural integrado por representantes de cerca de 20 comunidades. Este espacio toma decisiones sobre qué historias se priorizan, qué prácticas se visibilizan y cómo se narran los contenidos públicos del parque. En este sentido, la memoria deja de ser un archivo estático para convertirse en un acuerdo político en permanente negociación.
Las acciones concretas de resignificación también se materializan en prácticas cotidianas: huertas colectivas, caminatas por antiguos caminos, transmisión de saberes medicinales, preparación comunitaria de alimentos, restauración de piezas y encuentros intergeneracionales. Estas actividades refuerzan la idea de que recordar no es observar el pasado, sino seguir habitando el territorio sin permitir que sea borrado.
El enfoque de investigación acción participativa desarrollado por la UNAL e ICANH también ha buscado desplazar la centralidad del relato colonial que presentaba Santa María la Antigua como “origen de la civilización política y religiosa en América”. Ese relato no solo simplificó la historia, sino que fijó una jerarquía cultural que aún persiste en imaginarios contemporáneos.
Hoy, el Darién aparece como un territorio atravesado por múltiples capas históricas: conquista, misiones, haciendas, conflictos republicanos, economías ilegales y presencia de actores armados como el Clan del Golfo. En este contexto, la memoria no es solo un ejercicio académico, sino también una práctica frágil y, en ocasiones, riesgosa. Recordar puede implicar tensiones con intereses presentes, pero también puede convertirse en una forma de cuidado colectivo.
Descolonizar, en este sentido, no es borrar el pasado, sino practicar una memoria en común que reconozca la pluralidad de voces que habitan el territorio. Santa María la Antigua del Darién deja entonces de ser únicamente el escenario del “inicio de la conquista” para convertirse en un espacio donde se aprende a disputar sentidos, a reconstruir vínculos y a imaginar futuros posibles desde un territorio herido, pero aún vivo.
✍️ Divulgación Investigación UNAL
✍️Universidad Nacional de Colombia
✍️ Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH)
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