Tuttle recibió un amplio apoyo de la industria cinematográfica internacional frente a la tormenta política desatada en Alemania por los discursos propalestinos en la gala de clausura del festival de cine de Berlín.


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Tuttle enfrentó fuertes críticas políticas tras los discursos propalestinos pronunciados en la ceremonia de premiación del festival, el 21 de febrero. Entre ellos, el director sirio-palestino Abdallah Alkhatib acusó a Alemania de aceptar ser «cómplice del genocidio israelí en Gaza», al recibir el premio a la mejor ópera prima por «Crónicas del asedio».

Cuatro días después, el tabloide alemán Bild citó fuentes internas que afirmaban que el ministro alemán de Cultura, Wolfram Weimer, despediría a Tuttle por no haber intervenido en reacción a las declaraciones.

El periódico también afirmó que la postura neutral del festival sobre la cuestión entre Israel y Gaza se vio comprometida porque Tuttle había posado para una foto de prensa con el equipo de filmación de Alkhatib, y muchos participantes mostraban la bandera palestina o llevaban la kefiyeh, el pañuelo a cuadros que sirve como símbolo de la identidad palestina.

El consejo de supervisión celebró una primera reunión extraordinaria el 26 de febrero para debatir el futuro de la Berlinale. Durante la sesión, no se tomó ninguna decisión.

Ministro alemán de Cultura, Wolfram Weimer.
El ministro alemán de Cultura, Wolfram Weimer, planea un nuevo «código de conducta» para eventos culturales financiados por el Estado.Imagen: Christoph Soeder/dpa/picture alliance

Amplio apoyo a la libertad artística

El posible despido de Tuttle provocó inmediatamente un amplio apoyo de la industria cinematográfica.

Una primera carta abierta, firmada por casi 2.500 cineastas, entre ellos, Tilda Swinton, Todd Haynes, Nadav Lapid, Ilker Catak, Maren Ade y Tom Tykwer, defendió el derecho de todos los invitados al festival a hacer declaraciones o mostrar símbolos de su identidad, sin que esto sea visto automáticamente como un respaldo por parte de la dirección del festival.

«Un festival internacional de cine no es un instrumento diplomático; es un espacio cultural democrático que merece protección. Su fortaleza reside en su capacidad para acoger perspectivas divergentes y dar visibilidad a una pluralidad de voces», afirma la carta.

 

«Cuando se extraen consecuencias personales de declaraciones individuales o interpretaciones simbólicas, se envía una señal preocupante: las instituciones culturales se ven sometidas a presión política».

 

La petición subrayó que el caso involucraba más que la posición la dirección del festival: «Lo que está en juego es la relación entre la libertad artística y la independencia institucional».

Más de 30 directores de festivales de cine mundiales, entre ellos Thierry Fremaux de Cannes y Eugene Hernandez de Sundance, también publicaron una declaración de apoyo el 2 de marzo, en la que reconocieron «las crecientes presiones sobre los festivales de cine de todo el mundo para navegar en tiempos volátiles y mantener un espacio seguro para el intercambio de cine y de ideas».

 

«Apoyar la auténtica libertad de expresión, incluyendo la libertad de expresar opiniones imperfectas o impopulares, nunca ha sido tan importante», afirma su carta. «Necesitamos mantener espacios donde se acepte la incomodidad, donde los debates puedan ser amplios, donde se propaguen nuevas ideas y donde se visibilicen perspectivas inesperadas, y a veces contradictorias».

 

El cineasta Abdallah Alkhatib da un discurso en la ceremonia de premiación de la Berlinale, alguien a su lado sostiene la bandera palestina.
El director Abdallah Alkhatib pronunció su discurso en la ceremonia de entrega de premios de la Berlinale junto a una bandera palestina.Imagen: Christoph Soeder/dpa/picture alliance

«Claridad, integridad y visión artística»

Más de 500 empleados de la Berlinale también firmaron otra carta en la que señalaban que habían «sido testigos de primera mano de la claridad, la integridad y la visión artística que ella había aportado a la Berlinale».

«Es poco probable que el Consejo de Supervisión del KBB hubiera podido nombrar un líder más inteligente, ético y receptivo para la Berlinale, ni uno más comprometido con los principios fundamentales que hacen de este festival una plataforma vital para el cine en Alemania y a nivel internacional», añadió la carta de los empleados.

«Estoy inmensamente orgullosa de mi equipo», declaró Tuttle a la agencia de prensa alemana dpa antes de la segunda reunión extraordinaria del consejo de supervisión, confirmando que quería seguir en su cargo: «El Festival y yo queremos continuar el trabajo que hemos iniciado juntos con plena confianza e independencia institucional».

Admitió que la posibilidad de su dimisión de mutuo acuerdo se había discutido con el ministro de Cultura de Alemania. Sin embargo, el apoyo de la comunidad cinematográfica que habló en su defensa fue significativo, dijo Tuttle.

«Subrayó que el debate no era sobre una ceremonia, una semana de festival o una sola persona, sino sobre el principio más amplio de que se debe confiar en que las instituciones culturales operen dentro de marcos democráticos y legales», dijo.

«Ese es un mensaje contundente. Y, la verdad, también me ha dado una nueva perspectiva tras unas semanas difíciles». Si bien enfrentaba acusaciones de antisemitismo, el festival de este año también fue denunciado por activistas propalestinos en otra carta abierta por no haber adoptado una postura oficial en el conflicto.

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