El 3 de enero de 2026 se consumó un hecho sin precedentes en América Latina y el orden internacional: una operación militar de los Estados Unidos contra Venezuela que incluyó ataques aéreos, bombardeos en Caracas y otras zonas del país, y el secuestro político del presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, trasladándolos posteriormente a Nueva York para enfrentar cargos criminales. Esta acción ha sido calificada por expertos y por la misma Secretaría General de las Naciones Unidas como una violación grave de los principios del derecho internacional y de la Carta de las Naciones Unidas.

La Carta de las Naciones Unidas, piedra angular del derecho internacional desde 1945, establece de manera clara que todos los Estados deben “abstenerse en sus relaciones internacionales de la amenaza o uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado”, y solo permite el uso de la fuerza en dos excepciones estrictas: cuando está autorizado por el Consejo de Seguridad o cuando ocurre un ataque armado que habilita la legítima defensa conforme al Artículo 51 de la Carta.

En el caso de Venezuela, no existió autorización del Consejo de Seguridad, ni una agresión armada que pudiera justificar legítima defensa; por el contrario, la intervención unilateral de Washington rompió con esos marcos jurídicos, y según analistas de derecho internacional, constituye una forma de agresión ilícita y un atentado contra la democracia y la soberanía venezolana.

Una ruptura del orden mundial basado en la ley

Organismos internacionales y juristas han advertido que esta operación de Estados Unidos no solo es supralegal, sino que establece un peligroso precedente: legitimar las formas de violencia por encima de la diplomacia y el respeto a los tratados internacionales. El Secretario General de la ONU, António Guterres, expresó su alarma por el impacto que esta acción podría tener en la estabilidad regional y sobre el sistema multilateral cuya finalidad principal es justamente evitar la fuerza unilateral como medio de resolución de conflictos.

Diversos estados, entre ellos Rusia, China y Colombia, han denunciado que las acciones de Washington constituyen una violación de la soberanía, la independencia política y la integridad territorial de Venezuela, garantizadas por la Carta de las Naciones Unidas.  Las acusaciones se extienden a señalar que tras este ataque se abre la puerta a un orden mundial basado en la fuerza y no en la ley, donde los intereses—sean económicos o geopolíticos—se sitúan por encima de las normas fundamentales que han regido las relaciones entre estados desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.

 

Artistas convocan a manifestarse por la paz tras violación del derecho internacional por parte de Estados Unidos

El llamado de los artistas por la paz

Frente a esta grave crisis del derecho internacional y de los valores democráticos, artistas de múltiples países han levantado su voz en defensa de la paz, la justicia y el respeto a la soberanía de los pueblos. Entre ellos, la artista colombiana Patricia Ariza afirmó con emoción:

“Yo quisiera una flotilla de artistas para defender El Caribe”, convocando no solo a su comunidad creativa, sino a toda la sociedad civil global a alzar la voz.

Este llamado simboliza la unión de la cultura como herramienta de resistencia no violenta, denunciando la normalización de la violencia sobre la diplomacia y reclamando el respeto irrestricto a los principios del derecho internacional.

¿Qué tipo de artistas pueden participar?

La convocatoria es amplia y plural:

  • Músicos y bandas que realicen giras y conciertos por la paz.
  • Poetas y escritores que promuevan la reflexión sobre democracia y dignidad humana.
  • Pintores y muralistas plasmando murales en espacios públicos que celebren la justicia.
  • Actores y teatreros haciendo performances que recuerden el valor del diálogo y la cooperación.
  • Cineastas y documentalistas que produzcan obras que expliquen este momento histórico y sus consecuencias.

Una invitación al mundo

En un contexto donde las acciones unilaterales ponen en riesgo los valores más fundamentales de la convivencia internacional, los artistas invitan a organizar manifestaciones pacíficas en todo el mundo: plazas, calles, teatros, salas de concierto y espacios virtuales. La cultura tiene un rol indispensable para recordar a los pueblos y a los gobiernos que la paz, la justicia y el respeto al derecho internacional no son negociables, sino la base de una convivencia global legítima y digna.

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