
La historia de Teatro Petra está estrechamente ligada a la relación creativa entre Fabio Rubiano y Marcela Valencia. Una publicación del Ministerio de Cultura dedicada a la historia del teatro colombiano señala que ambos realizaron estudios teatrales y participaron en un taller del maestro Santiago García en la Corporación Colombiana de Teatro antes de desarrollar el proyecto que daría origen a Petra. Aquellos primeros trabajos ya mostraban un interés por las tensiones de la vida urbana, la soledad, las relaciones humanas y la violencia.
El recorrido posterior consolidó una dramaturgia que convirtió temas incómodos de la sociedad colombiana en materia escénica. Entre las obras señaladas por instituciones culturales aparecen Mosca, Dos hermanas, Sara dice, El vientre de la ballena, Labio de liebre y Yo no estoy loca. Idartes registra además que Rubiano ha recibido en cuatro oportunidades el Premio Nacional de Dramaturgia y cinco becas de creación del Ministerio de Cultura.
Teatro Petra: cuatro décadas de dramaturgia crítica que han marcado el teatro colombiano
Uno de los rasgos más visibles de Petra ha sido precisamente su capacidad para utilizar el humor, la ironía y situaciones aparentemente absurdas para interrogar conflictos sociales de enorme complejidad. Labio de liebre, por ejemplo, aborda la relación entre víctimas y victimarios y plantea preguntas sobre venganza, culpa y perdón. En 2023, el Teatro Jorge Eliécer Gaitán la incluyó en la programación conmemorativa de sus 50 años y la presentó como una de las propuestas representativas de la narración dramática colombiana.

Esa exploración también atraviesa Historia de una oveja, obra centrada en la migración, el desplazamiento y la violencia. Idartes destacó en 2023 que Petra había producido para entonces más de 25 montajes y desarrollado una trayectoria que incluye circulación por festivales, formación, publicaciones teatrales e interacción con comunidades. Más que un repertorio de espectáculos, esa continuidad revela la construcción de un proyecto cultural sostenido.
La vigencia del grupo volvió a hacerse evidente en 2024 con Perderse (una visita a La vorágine), estrenada en el Centro Nacional de las Artes Delia Zapata Olivella dentro de las actividades por el centenario de la novela de José Eustasio Rivera. Escrita y dirigida por Rubiano, la propuesta cruzó la obra literaria con debates contemporáneos sobre extractivismo, explotación laboral, exterminio indígena, burocracia y memoria. “La novela se puede plantear desde cualquier perspectiva”, explicó entonces el director al Ministerio de las Culturas.
La actividad continúa. En julio de 2026, Teatro Petra llevó Yo no estoy loca al Teatro El Ensueño, escenario de la red de Idartes. Marcela Valencia interpretó allí quince personajes bajo la dirección de Rubiano en un montaje dedicado a cuestionar las etiquetas sociales, las expectativas impuestas sobre las mujeres y las fronteras utilizadas para definir aquello que una sociedad considera normal.
Después de cuatro décadas, el legado de Teatro Petra no puede reducirse a una sucesión de estrenos. Su importancia reside también en haber convertido el escenario en un espacio donde la historia política, las relaciones privadas, la violencia y las contradicciones contemporáneas pueden ser observadas desde la ficción. La colaboración con escenarios públicos como el Jorge Eliécer Gaitán, El Ensueño y el Centro Nacional de las Artes evidencia, además, el papel de las instituciones culturales en la circulación y permanencia de compañías independientes de larga trayectoria.
En ese cruce entre creación independiente, memoria y debate público se encuentra buena parte de la influencia de Petra: un teatro que ha envejecido sin abandonar la pregunta por el presente y que, cuatro décadas después de su fundación, continúa utilizando la escena como territorio para interrogar al país.





