El 22 de marzo de 2026, Cantoalagua celebró el Día Mundial del Agua con cerca de 300 puntos de canto en más de 20 países. La edición, titulada “Un llamado al CoRazón”, amplió su propuesta artística y sonora y reunió aproximadamente 10.000 voces sincronizadas al mediodía.
Una celebración que volvió a convertir el canto en acción colectiva

El 22 de marzo de 2026, Día Mundial del Agua, Cantoalagua realizó una nueva edición de su encuentro internacional, una iniciativa que desde hace 17 años articula canto, arte y acciones colectivas alrededor de la conciencia sobre el agua. De acuerdo con el balance publicado por la propia organización, la jornada activó alrededor de 300 puntos de Cantoalagua en más de 20 países, con aproximadamente 10.000 personas cantando de manera sincronizada a las 12:00 del día.
El dato resulta significativo porque muestra la evolución de una propuesta que nació como una experiencia de conexión simbólica con el agua y que, con el paso de los años, ha construido una red internacional de participantes. La organización define Cantoalagua como un encuentro que cada 22 de marzo convoca a personas en ríos, arroyos, lagos, humedales, mares y otros espacios relacionados con el agua para cantar por la sanación de las aguas del planeta y de las llamadas “aguas internas”.
De “Vibrante Transformación” a “Un llamado al CoRazón”
La edición 2026 también representa una evolución conceptual frente a los años anteriores. En 2024, el lema fue “Vibrante Transformación”. La imagen de aquella edición, según el archivo oficial, exploró el agua mediante un lenguaje simbólico relacionado con diversas tradiciones ancestrales. El registro de memorias de Cantoalagua conserva fotografías de encuentros realizados en Colombia, Argentina, España, Ecuador, Costa Rica, Puerto Rico y otros territorios.
En 2025, el proyecto avanzó hacia “Sintonía Elemental”, incorporando una convocatoria específica para seleccionar la imagen y otra para elegir la canción oficial. La memoria oficial identifica como pieza ganadora de diseño “Sintonía Elemental” y como canción ganadora “Fluye el Agua”, de La Sonora Siembra.
Para 2026, el concepto se transformó en “Un llamado al CoRazón”, una expresión que juega con la unión entre corazón y razón. La organización planteó el nuevo lema como una invitación a unir sentir y pensar, emoción y acción, y a asumir el cuidado del agua y de la vida desde una mayor coherencia personal y colectiva.
Cantoalagua 2026: 10.000 voces se unieron por el agua en una jornada mundial de transformación
Arte y música: una propuesta que se vuelve más participativa
Una de las novedades verificables de 2026 fue la consolidación de convocatorias creativas para construir los elementos centrales de la edición. La convocatoria de arte e imagen invitó a diseñadores, ilustradores y artistas a crear la representación visual del nuevo ciclo. La obra seleccionada fue realizada por Dua Tua, Manuela Ceballos, y posteriormente se convirtió en la imagen central del video de la canción oficial.
La propuesta visual representa dos manos que reciben el flujo del agua y establece una relación entre creación digital, sensibilidad humana y naturaleza. La organización destaca precisamente el diálogo entre tecnología y trabajo manual como parte del significado de la pieza. La música también adquirió un papel central. Cantoalagua abrió una convocatoria para seleccionar la canción oficial 2026 y finalmente presentó “Un Llamado al CoRazón”, una composición vinculada al propósito de convertir el canto en una experiencia de conciencia, gratitud y conexión con la Tierra.
Este desarrollo supone una diferencia importante respecto de las primeras ediciones: el encuentro ya no depende únicamente de una convocatoria general para cantar, sino que construye progresivamente un universo artístico propio, con imagen, canción y materiales audiovisuales asociados a cada edición.
Una red territorial cada vez más amplia
La expansión territorial constituye otra de las transformaciones más visibles. El sitio oficial mantiene registros de puntos de canto distribuidos por Colombia y diferentes regiones del mundo. Para 2026 aparecen lugares en ciudades y territorios colombianos como Bogotá, Cali, Santa Marta, Barichara, Bucaramanga, Mocoa, Ibagué y otros, además de puntos en América y otros continentes.
La organización también puso a disposición una video-guía para los puntos de canto, una herramienta que facilita la preparación de quienes participan y contribuye a organizar una experiencia común entre lugares geográficamente distantes.
En Bogotá, además, la propuesta encontró eco dentro de la programación institucional relacionada con el agua. La Secretaría Distrital de Ambiente incluyó actividades de “Canto al agua” dentro de la agenda de la 17.ª Conmemoración del Día del Río Bogotá y programó, entre otras acciones, un encuentro con el Cabildo Indígena Muisca y una jornada de siembra de 200 árboles en la PTAR El Salitre.
Más que un evento
El balance de 2026 permite observar que Cantoalagua ha ido pasando de ser un encuentro puntual alrededor del Día Mundial del Agua a consolidarse como una red internacional de expresión cultural y conciencia ambiental. La cifra de aproximadamente 10.000 voces sincronizadas y cerca de 300 puntos en más de 20 países constituye el principal resultado cuantitativo comunicado por la organización para esta edición.
Pero su principal transformación quizá esté en otro lugar: el agua dejó de ser únicamente el tema de una jornada para convertirse en el eje de una narrativa que integra música, arte, espiritualidad, territorio, educación ambiental y participación ciudadana. Después de “Abrigando la Vida” (2023), “Vibrante Transformación” (2024) y “Sintonía Elemental” (2025), “Un llamado al CoRazón” continúa esa trayectoria proponiendo una pregunta esencial: qué ocurre cuando la conciencia ambiental deja de ser solamente información y se convierte también en experiencia, emoción y acción colectiva.
Cantoalagua 2026 deja así una imagen poderosa: miles de personas, en diferentes territorios del planeta, haciendo coincidir sus voces durante un mismo momento para recordar que cuidar el agua también significa transformar la relación que tenemos con la vida.






