Mara, la doctora …un cuento gatuno

*Por: Onca Petra

Esta es una de las historias de una hermosa bolita de tres colores, que tuve la fortuna de encontrar en mi camino, un día de agosto del año 2003. Hace esos años, trabajaba en la emisora de la Universidad Nacional de Colombia y estando en las lides radiales, una de las realizadoras, la maestra Luz Ángela Posada (QEPD) me dijo que tenía para dar en adopción a una gatica. Le dije que con gusto la recibiría. Junto a Mara (en una canasta) venía un bello "espeluquín" negrito, a quien llamé Sombra (la historia de Sombra algún día la compartiré). Me dije: donde come una, comen dos y juntas entraron en mi vida para darle más luz, porque mi vida ya estaba iluminada por Tomasa la hermosa. Las dos hermanitas venían de Chía, eran del campo, ferales y su llegada a la gran ciudad era traumática para ellas, sobre todo para Sombra. Pero Tomasa la hermosa, las recibió con las patitas abiertas en su nuevo hogar.
Mara es, para los que hemos jugado canicas o "bolas", la bolita más preciosa y preciada de todas las bolitas. La Mara, es la más colorida y la que sobresale por su hermosura, la que no se apuesta o la que respalda cualquier apuesta (solo con la certeza de que se ganará). Mara se llama Mara, porque es Mara, mi tesoro más valioso y pronto sabrán por qué.
Todos aquellos que conocen a Mara dicen que es hermosísima y yo digo que es tan bella "que duele". Mara se distingue por su amabilidad, sociabilidad y fuerte carácter. A Mara le gusta el arequipe, la gelatina de mora, el zapote, la mazamorra de mazorca… y la papa criolla le encanta. También le gusta ver televisión, acompañarme cuando escribo, cuando coso, pinto o tejo, se queda conmigo hasta que nos acostamos. Es la mejor compañera que alguien pueda tener (quizás ustedes también tiene una Mara, un tesoro en casa). Pero, Mara detesta que estornude, cuando lo hago, rezonga con un prolongado "¡Ah!", para que me calle.


Mara es una gata "juguetera", tiene una rana verde, una gallina amarilla, una oruga multicolor y pelotas varias. Le gusta jugar con ellos, mortificarse porque no le hacen caso y cuando se cansa de morderlos, patearlos y gruñirles, los trae y los arroja a mis pies, como si fuera su trofeo de casa, para compartirlo conmigo. Yo la abrazo, le agradezco el regalo y ella se aleja satisfecha.
A Mara también le gustan los sombreros, las coronas de tomillo y sobretodo dormir en mi hombro derecho. Es mi doctora de cabecera. Del hombro pasa a la cabeza y allí duerme durante el resto de la noche. Mara también se preocupa cuando me pincho con las agujas, cuando me quejo, cuando hablo fuerte y solo entonces maúlla. Cuando me oye gritar corre a mi encuentro y maúlla. Cuando lloro me mira fijamente, maúlla y acaricia con su cabeza la mía. Ella, normalmente emite un sonido parecido al que hacen los gatos pequeños, quizás porque siempre le he dicho mi "chiquitina"; por eso cuando maúlla yo dejo de llorar, bajo la voz, no me quejo más y la abrazo. Ayer sin más caí de espalda y al rodarme me doblé sobre uno de los brazos, duré tendida quejándome en el suelo casi 10 minutos. Mara observaba desde su pedestal, vio cuando caí, corrió donde estaba y como si fuera un perro, rasguñaba con sus patas mi cabeza y cabello (sin hacerme daño) para que yo me parara y al ver que no lo hacía, dio vueltas en torno mío, sobó con desesperación mi cabeza con la suya y empujó con su cuerpo ,mi espalda queriéndome parar (pero no podía) y yo mientras le decía "ya Mara, ya me paro". Cuando me pude incorporar la abracé y juntas nos volvimos a acostar. Eran las 4 de la mañana.
Mara y yo vivimos solas y solo nos tenemos la una a la otra, somos una familia muy completa, ella es mi todo, mi amiga, mi hija, mi doctora. Yo soy su manada y ella la Alfa. Mara también es mi doctora privada. Su ronroneo calma el dolor de cabeza y tranquiliza el alma. Su abrazo es aliento, calor, cariño y verla jugar produce alegría. ¡Todos deben tener una Mara en casa! Quien no conoce a los gatos, no sabe lo que se pierde, cuando se dan la oportunidad de conocerlos, descubren que son seres encantadores, maravillosos. Simplemente son los doctores del cuerpo y el alma. Podría llenar páginas enteras con historias y anécdotas de Mara. Hoy, además es mi musa, mi inspiración, hoy es mi mano, mi psiquiatra para salir de una depresión profunda. Mara me tiene aquí en esta tierra, por ella vivo y escribo. ¡Gracias doctora Mara!

 

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Publicado: 5:33 p.m. 20/11/2017

 

Angélica

* Fernández Palomá

Autor

Periodista y zootecnista. Bogotá, D.C. - Colombia

 

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