Leyenda del hombre Bufeo

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Cada vez que entre las aguas del río Amazonas se asoma la característica aleta rosada del bufeo, los mayores recuerdan la maravillosa historia de cómo algunos años atrás el delfín todavía se convertía en persona y salía de las aguas del majestuoso rio para enamorar a las mujeres más bonitas de las fiestas.

Cuentan los abuelos que antiguamente, durante las fiestas de comunidad, del río subía gente extraña de piel blanca, vistiendo un elegante sombrero, reloj, zapatos y cinturón; sorprendidos, los habitantes se preguntaban por la procedencia de esa gente nueva, pues habían llegado de repente y no obstante en la orilla del río no se veía canoa o bote alguno. Aquellos señores, recién llegados subían a la fiesta y comenzaban a bailar durante toda la noche mientras conquistaban a las mujeres más bonitas de la fiesta que luego, durante la madrugada, se llevaban sin que nadie supiera para donde.

En cierta ocasión, a la sazón de una nueva fiesta los indígenas queriendo saber la procedencia de esta gente nueva y qué era lo que hacían con sus mujeres, decidieron preparar masato para emborrachar a estos señores y así poder observarlos detenidamente. Entonces los señores comenzaron a tomar hasta quedar dormidos; bebieron tanto que no notaron la pronta llegada del amanecer.

Al despertarse eran cerca de las cinco de la mañana; apurados comenzaron a correr hacia el río temiendo que los fueran a descubrir, pero en la huida uno de estos hombres dejó caer su sombrero, que de inmediato se convirtió en una raya, dejando ver en lo alto de la cabeza un pequeño orificio. Cuando alcanzaron la orilla se lanzaron al río, dejando el resto de sus pertenencias moviéndose tras ellos; anonadados, los indígenas vieron que los zapatos, al salir de los pies de aquellos extraños, se convirtieron en peces cucha, y su cinturón era en realidad una boa, mientras que el reloj se convirtió en un pequeño cangrejo de río.

La gente pensó que se habían ahogado, pues no aparecieron más. Sin embargo, aquellos que se lanzaron al Amazonas se habían convertido en delfines.

Leyenda Ticuna

 



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