Lapislázuli Periódico - Cuando lo sueñes, se hará realidad



Antígona de Sófocles. Tragedia de una tragedia

Por: Alejandro David Jiménez-Schroeder

Desde lo más profundo de su ser, levantando los brazos, Antígona gritó a su hermana Ismene el deseo de enterrar a su hermano Polinices, que había caído en combate y fue acusado de traición. Antígona ignoraba la doble tragedia que habría de padecer.

La muerte de los hermanos Eteocles y Polinices, uno a manos del otro, se había cumplido tal cual lo vaticinó la profecía. Si bien es cierto que en aquella época la voluntad de los dioses habría de definir el futuro de los hombres, también el poder de los hombres intervendría para gestar la otra tragedia en la que Antígona moriría al quedar atrapada entre los designios de su conciencia y los mandatos del Estado.

Creonte, el rey de Tebas, dictamina que Polinices no podrá ser enterrado, por traición a la patria. Su hermana Antígona, actuando en contra del decreto del rey, efectúa sobre el cadáver los correspondientes ritos fúnebres y su posterior entierro. La historia trágica de Antígona no es más de las tantas historias que provienen de la antigua Grecia y quedan relegadas al pasar lo años, sino por el contrario, es un espejo de nuestra sociedad cuya cuna es esta civilización milenaria y deja en evidencia algunos de los pilares sobre los cuales se sustentan valores  sociales actuales, tales como el deber, la ética y la moral en función del Estado.

Desde los primeros párrafos de esta obra, Sófocles nos permite atravesar la historia de la humanidad y darnos cuenta que luego de más de dos mil años los valores que suscitaron aquella tragedia hoy en día persisten. La obra nos obliga a cuestionarnos por la posibilidad de estar en aquella situación y a decidir entre los muchos caminos existentes. Actuar en virtud de la razón del sujeto (autonomía) o acatar los decretos de la sociedad (razón). Actuar mediante los impulsos morales y religiosos o en función de la sociedad.

Dilema trascendental se nos plantea al momento de decidir si concebir al hombre como un elemento dentro de la polis o como un individuo en función de la polis en el preciso momento en que un ser querido ha fallecido, y el drama de no poder enterrarlo pugna en medio de los dos sistemas, uno tendiendo primar sobre el otro, tal cual se visualiza en Antígona.

Mediante esta historia, Sófocles nos narra la tragedia de Antígona en la cual se da el enfrentamiento entre dos grandes escuelas de pensamiento, como lo son la razón y la moral. Obedecer los designios naturales de enterrar a su hermano o acatar las reglas de la sociedad, y con esto, el drama nos explaya sobre el concepto de dualidad que se va replicar en todo el sistema de pensamiento occidental. Se nos diseccionó a pensar en una cosa o en la otra, cual si nos encontrásemos en un limbo sin opciones, y se nos determinó a pensar en concepción duales de contraposiciones como vida o muerte, bien o mal, deber o hacer, blanco o negro, hombre o mujer,  o la que es la principal razón de la historia: la elección de escoger entre los valores de sujeto como miembro dentro de la familia o los valores de sujeto afín al Estado como institución.

Antígona se convierte en heroína al morir por sus ideales, al enfrentar a Creonte y al actuar por encima de los mandatos del rey. Antígona paga con su vida esta desobediencia. Pero lo emblemático de la historia está en la certeza y convicción del personaje de transgredir los códigos sociales y las leyes de la razón para defender los valores morales que dicta su corazón. Tal como lo expresa ella hablando de los decretos: “No fue Zeus el que los ha mandado publicar, ni la Justicia que vive con los dioses de abajo la que fijó tales leyes para los hombres”.