Lapislázuli Periódico - Cuando lo sueñes, se hará realidad



 …o pasa un carro

Por: Valeria Badano

Tac. Tac. Tac. El sonido sobre el asfalto irregular marca el ritmo desacompasado del carro destartalado. Todo es desequilibrio: los pozos, las ruedas, el carro, mi pelo.

Tu pelo, tu carro, esas ruedas, los pozos.

Te sacudo. Te sacudís y se sacude el carro cada vez que alguna de las ruedas muerde o se abisma en algún pozo. Tac. Tac. Tac. Me sacudo, te sacudís, me sacude, se sacude. Tac, tac, tac. No me acuna tactactac. No te acuna tactactactactac El movimiento del carro me despierta. Te despertás y entonces, veo. Ves. Ves, no soñás. No sueño, ya no estoy soñando. El movimiento espasmódico del carro no me acuna. No te acuna. Pero igual entorno los ojos. Entornás los ojos. Quiero dormir, quiero soñar, quiero mirar mejor. Tac. Tac. Tac.

Quiero entrever. Querés ver entre toda la niebla que es la realidad, y los políticos, y el hambre, y la miseria y la droga pulverizando los cerebros, y los abortos clandestinos pulverizando los vientres y los sueños y los hijos y las madres.

Si entorno los ojos es porque el sol me hiere, te hiere, con todo ese amarillo trigo maíz girasol. Si los entorno es porque deseo, deseas, la luna. La llamo, llamás a la luna en ese amague de sueño porque querés la oscuridad. Esa que veo a pesar de tanta luz. La que me atrapa, tac tac tac. Te atrapa tactactact.

Si entorno los ojos es porque no dormí anoche, porque como el perro que se escapa de su casa y de la comida segura del amo, no dormí anoche. No dormiste. Estuve alerta, despierta, descontenta, muerta. Estarás muerta, estarás descontenta, estarás despierta, estarás alerta. Muerta de miedo, muerta de angustia, muerta de soledad.

Si entorno los ojos es porque el cielo, hoy tan azul –azul como el lino y como la alfalfa- es el espejismo en el que se me confunde el paisaje, te confundís el paisaje, que se me te –que se mete- adelanta pero que siempre se escapa. Aparece y corre, se aleja, se aleja, se a le  ja.

En algunas veredas, el verde del pasto apenas se ve, confundido con las baldosas sucias, pegoteadas con chicle viejo. También están las bolsas por las que peleamos yo y otros como yo; yo y algunas mujeres casi como yo; yo y muchos niños idénticos a mí, con la misma mirada aguda y esquiva, nublada, oscurísima. Vos y las miradas. Los otros, vos, los.

         Las bolsas de basura son –si yo pudiera decirlo- una caja de Pandora por lo pobladas, por lo absurdas, por lo lujuriosas y por lo que castigan. Ahí hay basura, desperdicios, es cierto, pero yo  encuentro comida, mi comida. Vos tenés ahí tu comida.

         O es que nadie escucha crujir mi estómago hambriento. O es que nadie escuchó el llanto de mis hijos muertos en una cama de hospital de paredes grises. O es que nadie escucha el reclamo silencioso en mis ojos sin futuro. No te escuchan.

Porque no florece el girasol ni el maíz ni el trigo no puede  hacerse pan dorado.

Tampoco la alfalfa azula algún deseo. Mi deseo, tu deseo, el. No conozco el mar. ¿No conocés el mar? Pienso, a veces, que el mar se sacude convulso como mi carro, tu carro, el. No sé cómo podrá ser esa humedad azul lavando mi cuerpo, haciendo que el sol brille en mí como si fuera mi sudor pero sin serlo. Sudor y lágrimas convertidas en gotas frescas sobre mi cuerpo, lámina salada y brillante como una armadura, como un escudo, como un disfraz de lágrima y sudor.
Pero no conozco el mar ¿No conocés el mar? y no puedo siquiera extrañar su movimiento, su frescura. Y ese azul se me confunde con el agua barrosa y fétida que ahora atrapa la rueda de mi carro. Atrapa tu carro, y te salpica, me salpica. Nadie me ayuda. Nadie te ayuda. Nadie.

Los autos pasan a mi lado sin verme, sin verte. No me chocan porque la suerte así lo quiere. No te chocan. Lo quieren. Algunos tocan bocina pero creo que no es para mí. Tengo suerte, en realidad, algún colectivo ya podría haberme matado; pero no.

         Las mujeres caminan por la vereda, ocupadas, pensando en sus cosas. No me ven. No te ven. Ni siquiera me miran. Ni siquiera te miran. No miran. Para ellas, no soy ni la otra, no sos ni la otra; mucho menos podrían verme como el otro lado de su espejo, como la otra cara de la moneda. Moneda no soy, ni eso valgo. ¿Ni eso valgo? ¿Valés? ¿No valés?

         Si no me ven es porque son ciegos, quieren ser ciegos. Yo estoy acá. Existo. Existís. Existe.

         Si no me escuchan es porque se hacen los sordos, porque yo hablo grito reclamo lloro. YO DIGO, hablo aunque apenas vean que pasa un carro.

         El carro se sacude, se mueve, se abisma y se estanca en la calle. Me sacude, te movés, me abismo, te estancás. Se sacude en la calle, se abisma en un bache, se estanca en el pozo mugriento. Igual que yo, callejera, abismada y embarrada. Sucia, tanto que nadie me ve o quiere verme; pero estoy. Hablo, hablás, y no solo pasa el carro. Mi carro, el carro, tu.

         El vientre me duele, algo desde abajo me punza. No es el hambre, es puro dolor. Me duele, me duele.

         Mi vientre inflado. Un hijo apenas latiendo que se sacude como yo en mi carro, como  mi carro. Un hijo que se sacude y que también se abisma en un líquido tibio –yo también soy un bache-. Me duele el vientre, abajo, abajo. Siento que las piernas se abren en un dolor de parto que no puede ser. Grito ayayayay… no puedo terminar de articular ‘ayuda’. Enmudezco.

         No. Mi pedido se transforma en puro grito, puro dolor. Un calor húmedo corre desde mi interior por mi pierna. Traza un hilo rojo desde la entrepierna hasta mis zapatillas sucias y de ahí al charco de barro de uno de los pozos de la calle. Mi hijo apenas nido es ahora un hilo rojo que se abisma en el pozo mugriento de la calle. Mi hijocoágulodesangre es ahora también mezcla de barro y mugre de la calle.

         Grito Ayayayay, nadie me escucha. Claro, ya no entienden que hablo, que les hablo. Hablás.

A veces, solo ven pasar un carro. El carro que pasa. Que pasa.


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Biografía

Nació en Luján, provincia de Bs As, Repùblica Argentina.

Es profesora universitaria en Letras; Licenciada en Letras con orientación en Lingüística Por la Univ. De Moròn. y Especialista en Estudios acerca de la Mujer y del Género . Es escritora.

Es miembro del Consejo Editorial de la revista Alba de América.

Trabaja como docente e investigadora.

Participó en más de cuarenta congresos nacionales e internacionales como investigadora y fue la Coordinadora General del XXIX Simposio Internacional de Literatura organizado por el ILCH, que se realizó en Luján durante el mes de agosto de 2007.

Ha escrito y publicado

Las otras miradas: Historias de mujeres. . “Mírala parirse.  “De puño y letra.  “La mesa está servida.

“Secreto a voces.

“Los espacios: metáforas del sujeto en la obra de Manuel Puig”,  “La infancia como universo textual”  “Voces y miradas de América”  “Diana, la cazadora de deseos.

Las Metamorfosis del Cuerpo

, La voz abismada

: “Mi mamá es una bruja” (cuento infantil)

: “El cumpleaños” , “Decires de la palabra perdida”,

Actualmente coordina  talleres de escritura para adultos y adolescentes en la zona donde vive.