Lapislázuli Periódico - Cuando lo sueñes, se hará realidad



 

¿Para qué sirven las palabras?

Por: Gloria Young


¿Para qué sirven las palabras?
La frescura y la omisión
de las palabras
 se vuelcan
en vertientes de volcán
con sus fuegos 
sus lobos y cenizas.

Etherline Milëska
Recogerá por las mañanas muy temprano
las flores amarillas del guayacán que desde la madrugada
están cayendo
las colocará como al descuido sobre las cenizas que las hojas secas ardiendo
dejaron como huella el otro día en el jardín.

 

 

Regalará su mirada al ancho horizonte del bananal
aprenderá a abonar cada mata en su raíz pegada de la tierra
reconocerá las manchas de la sigatoka negra
la temible enfermedad del oro verde del trópico
donde nació su madre.

Correrá entre los surcos de las plantaciones
y hará reír a los obreros con sus camisas manchadas
y sus manos rudas trepándose los inmensos racimos
sobre sus espaldas encorvadas
y reirá ella también en su inocencia.

Aún no descubrirá que el atardecer tropieza con las avionetas
regando el químico que fortalece las plantas y quema las gargantas
de las mujeres, los niños y los obreros
en cada finca
donde también corren jugando como ella
volando sus cometas de colores    enredados los hilos en las plantaciones.

Cómo decirle
que las pieles en las fincas
inauguran un insomnio de sombras
que las heridas en los brazos, en las piernas, en el pecho
ni a golpe de agua enjuaga el ardor

que la hediondez de algunas mujeres
no permiten el asomo del amor
en las noches de luna llena
ni en las de cuartos menguantes.

Cómo decirte pequeña
tú que saldrás a la vida en mayo primavera
del otro lado del mar
donde aún existen  castillos
donde viven reyes y princesas
donde las castañuelas arrancan melodías
sobre las cabezas erguidas de sus dueños

que la mar de tus sueños y profundidades
está de este lado de la vida
aquí
donde el barro es dulce
y todo tiene el color de la tierra
donde las mujeres en medio de sus miserias cotidianas
aún creen que las gaviotas les llevarán  sus sueños
de maíz, arroz y frijoles
de vestidos sin rasgaduras
zapatos escolares,  cuadernos,  uniformes para sus hijos
y sus hijas
a la hora exacta
mientras     las gaviotas se quedan perdidas en su vuelo
pero ellas aún creen…

Sólo dejándote correr por las fincas del dolor
y la alegría
dibujando tú el paisaje
siendo timonel de tu propia barca
recogiendo con tus manos
la espuma que deja la mar
en las orillas
de la arena gris
coleccionando conchas de colores
caracoles de verdad
piedritas en medio de las
hojas de las palmeras secas
cocos nacidos a la sombra
enterrados en la arena,
sólo entrando a las galeras
donde viven otros niños
y niñas
como tú
mirando con tus ojos abiertos
las paredes manchadas de tizne
el fogón tantas veces apagado
una sola habitación
donde se alimentan los sueños
donde se hacen las tareas escolares
y el amor
cuando los niños duermen
exhalando humores de todos los latidos.

Sólo así no necesitarás palabras
que te expliquen la vida.

Todas las que no sean tuyas
serán imprecisas
ecos de una lejana canción
sonidos dispersos
que se olvidan
en el ocaso.

Inventarás tus propias palabras
profeta cotidiana
anunciadora de la lluvia
caminante de las trochas
abiertas a punta de machete
treparás tus palabras en las barcazas
de los pescadores
las gritarás al viento
mientras tiras las redes
y regresas a la tierra
soñando un fuego incandescente
sin descansar tu sombra
denunciando
a los que se apropian de las tierras
y las dejan baldías
y encarcelan a los campesinos que siembran la yuca
los piñales
el papayal
y los golpean en la noche
hasta dejarlos sin pulso
por esas tierras baldías…

Inventarás tus palabras
no las de tu madre
ni las de nadie
las tuyas
sin absurdos cercos
sin miradas ariscas.

Tal vez no serán tan fogosas.

Serán las tuyas
minerales
lúcidas
hechas de luz y sombra
que traspasen los oídos
y  que los ojos las lean

al fin y al cabo

¿para qué sirven las palabras?
(del poemario Desatado el Corazón, “En medio de la tierra”; inédito, 2008; próxima publicación en Torremozas, Madrid, España)

 

 

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