Lapislázuli PeriĆ³dico - Cuando lo sueƱes, se hará realidad



 

Palabras para irse

Por: Ingrid González

 

Cuando ya no vean su rostro
y entonces las lenguas se enreden a través
de su nombre, difamando,
mejor es que piensen que aun no los ha olvidado,
pero si con esto se alegran más,
quizás es mejor creer que ya se habrá matado;
sobrio, como nunca antes,
lucido, pero menos esperanzado y
plácido, como nunca tuvieron el gusto de verle.
Seguro piensan que no los recuerda si quiera,
aunque aun se remuerda por cada abrazo
que no dio
por miedo de que lo rechazaran,
cuanto ahora le duelen las manos,
las que tanto negó tener.
Si su compacto rostro se atraviesa
un día claroscuro
sobre una acera, en una avenida,
nunca lo saluden
porque simplemente negara su existencia
como siempre lo hizo.
Si al irse no se despidió
es seguro que no fue por rencor
porque nunca conoció esa palabra, mucho menos
la sintió;
sólo los miró detalladamente para
olvidarlos, por si los volvía a ver,
aunque nunca lo haya hecho.
Si llegan a hablar de sus ahogadas risas,
las que pensaban que eran fingidas,
deberán aclarar que siempre sostuvo su fe
en algo más que un amigo,
lo que alguna vez sobresaltado quiso compartir
con ustedes,
pero ustedes le dijeron que una canción duraba
lo que duraba un amigo.
Deben saber que les pide perdón
por cada palabra mal dicha,
que resultó grosera;
por cada mirada dolorosa
porque ahí no pensaba en ustedes,
aunque también acepta que hubo
situaciones
en las que los quiso acribillar.
que cuando no aguantó la melancolía
nunca lloró en frente de ustedes,
solamente porque no pensó
que les importara.
Finalmente afirma que no se arrepiente
de haberse ido,
ni de nunca haber mencionado a sus amores,
simplemente porque ni él mismo los conocía.
Acabaría diciéndoles que
yuxtapone
su ausencia a su largo silencio.
Y ya.

 

 

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