Lapislázuli Periódico - Cuando lo sueñes, se hará realidad



Oración lujuriosa del animal de vuelo

Por: Héctor Cediel ("animal de vuelo")

Recuérdame cuando el frío de la tristeza ocupe mi lado
Recuérdame cuando una mirada invisible se deslumbre con tu cuerpo
Recuérdame cuando tatuaban con besos, recuerdos sobre tu piel
El amor se esparce como la fantasía de la luz un sueño, por el alma.
El amor crece como las ilusiones cuando aspira y se embriaga con delirios
Aprendiendo  a amar, el amor nos esposa y encarcela para que no escapemos
hay días en que mi cordura no vibra ni sonríen pasos mi interior. Me siento desazonado.
¿Qué hare el día que la esperanza, le falta a mi desolado amor?
¿Qué haré cuando el otoño se asome, como una sombra atormentada y amarga?
¿Podré delirar con el solsticio que impregna, a un sentir embellecido?
¿Podré resistirme a las indiferencias de tus indomables y ariscas geografías?
¿Serás cómplice de la poca ternura de los vientos, que socavan despojos?
Hasta el último halito de mi apasionada vida, multiplicaré el sentir de mis pasiones
te amo con la liturgia del hambreado viento que rosa tus coordenadas, sin cansancio.
La furia tu corazón es poco indulgente con mis malheridos recuerdos
odio las treguas que no son más que eclipses, para futuros agravios.
El bálsamo tibio de una chuzadita amorosa, enceguece a los odios encrespados.
Cual cántaro azul de luz  se disfraza la muerte, para multiplicar la tristeza.
Cuando logramos salir de lo profundo de los abismos, todo pasa.
Aprendiendo a amar, se le entrega el corazón a las sonrisas y alegrías.
Solo cuando las buenas acciones hablan por nosotros, se puede levantar la cabeza.
¿Por qué la espuma de la brisa se devora al dorado, de los poemas inconclusos?
Te amo como me enseñaste amar: ahora no se amar de otra manera.
No deseo expresarle a una lápida, lo que hoy anhelo decirle a tu corazón.
Un te amo nunca será suficiente para que me perdones, por todos mis errores.

II

El capricho escarlata de los anhelos de los labios, subyugan tus muslos.
El púrpura agonizante de los seductores ímpetus, estremecen a los besos leonados.
Un nerviosismo cenizo se confunde con la sonrisa, que desnuda a las piernas.
La Petit morte destila huellas que seducen a lágrimas adormecidas.
Los suspiros del ardoroso tálamo deliran con ardor, seduciendo roces.
Desciendo desnudo a los plexos de tu cuerpo. Vierto el ímpetu del fuego entrelazado.
Mi boca recoge sabores que se desprenden, de la humedecida flor de tu cuerpo.
El placer al perder el pudor, esculpe impetuosas ilusiones doradas entre tus caderas.
Los sentimientos de mis cabellos entre tus manos, sueñan mares de versos.
Mi corazón es una alforja de recuerdos y melodiosas sonatas.
Sé que me aguarda el fogón candoroso que se devora a las desesperanzas.
Mis pasos han dejado de ser: caminos hacia las tragedias.
Los sueños de los pobres, templan las almas que se ilusionan con utopías.
Mis realidades son partes de viejas verdades y tempestades.
Las cenizas apagan las luces que se encienden en los callejones.
Mi piel es tierra de fuego, como el tamaño de las huellas talladas sobre la nieve.
El poder del viento me arrastra sobre la cordillera armoniosa de tu complexión.
Dios es el espíritu de la tierra, como el frío de las estepas y de las cavernas del alma.
Observo como un tiempo lejano, cuando lloraba al escuchar al amor.
El corazón de la edad de la inocencia, dejo de latir y desapareció sin avisarme.
El pensar de las hojas de mis escritos, no logra captar el color ni la belleza del amor.
Dicen que la vida es lo que hacemos durante la absurda vigilia de los tediosos días.
No me interesa saber si son asonantes o consonantes los sentimientos que rimo.
¿Será que un psiquiatra puede apaciguar a las turbulentas aguas, del mundo que habito?
¿Por qué tu sonrisa acaba, donde comienza mi lánguida tristeza?
mis labios te embellecen con desmesura, cual pródiga luz de preciosa alma.
Tu corazón es musical con sus efluvios amapoleros y embriagadores.
Deja que la felicidad se derrame cual sonrisas sobre tu embriagada piel ¡loca guapa!

III

La piel de mi vida cambió cuando mi segado corazón, aprendió a ver con tus besos.
Dicen que vivo al revés como los vientos enfermos que se huracanan cual tsunamis.
El virus de las penas se esparce como el sufrimiento y las tristezas que deliran en mi alma.
El silencio no puede transformar mi tristeza en sonrisas. Estoy cansado de escuchar voces.
Descubrimos con sudores los desarraigos del llanto del crepúsculo.
Las penas han encallecido a tu agobiado capullo de tantos descensos.
Como el gorrión amante, desmalezo de miedos verdugos a tus silencios profundos.
La sangre del silencio le borra a la sonrisa con sigilo, la realidad de la careta.
Mi vida siempre ha sido iluminada por varias estrellas y sin embargo: vivo en la oscuridad.
no te arrepientas por desear conocerme o intentar hacer realidad tus pensamientos, conmigo.
Deseó transformarme en una caja de deseos, para hacer realidad muchos sueños.
Para abandonar nuestras luchas, no podemos seguir construyendo, puentes hacia la nada.
Cual inspiración de miles de miradas, los sueños de poemas sin estrella, recorre al fuego.
Es imposible tocar las briznas de tus vientos, sin atrofiar tus alas sensuales de mariposa.
¿Será que se pueden salvar las crisis, con esperanzas y buenos deseos?
Quiero repetir hasta el insomnio del cansancio los besos que sentí, cual nuevo amanecer.
Erizo el temblor de tu piel, eclosionando caricias a vuelo de pájaro.
Siente el fuego del jadeo que quema al hielo, que nos impedía sentirnos vivos.
Las estúpidas vacunas de la ceguera, se transforman en una sinfonía de verdades a medias.
Es armonioso el silencio genocida de los abismos que recrean, a los latidos de los sentidos.
Soy un vago profesional, un poeta azotacalles más, cargado de ilusiones...
recuerdo los gritos enamorados de tus besos arrodillados y levantando la mirada.
¿Será que los amores con dueño, no se marchitan ni se maltratan cual flores a la intemperie?
Tu nombre aun retumba como una deliciosa cascada de recuerdos, en mi laberíntico corazón.
Hay un vacío ardiente y sin fondo en la intimidad de mi desolado corazón.
Me transbordas de la lava de los orgasmos que nos desarreglan, a una realidad incomprendida.

IV

Me resignó a gozar con las caricias y los besos de tus deseos.
No sé si escuchar a la luna cuando me habla y me sugiere versos de amor.
Es maravilloso sobrevivir con base en el aroma de sueños e ilusiones verdes.
Entre los latidos profundos de mi carne, se desmoronan sensaciones de greda.
Los falsos vericuetos de las diatribas del alma, importan reflexiones altisonantes.
Algunos pensamientos epifánicos, no expresan nada con sus boquiabiertas ideologías.
Se ha acallado el latido de los sueños, con las mentiras que marchitan sueños puros.
El fuego sagrado de las cenizas de las lágrimas, mira hacia lo profundo de las aguas del alma.
Tus manos palpan los vellos que protegen el sueño de la perla.
La noche es una gruta del éxtasis que permite explorar, tormentas de los cuerpos.
Te arrancaré silenciosos gritos de la caracola con besos y refrescantes sorbos.
Con el sabor de tus arenas renacen lágrimas de la estalactita, que se alarga como un deseo.
Revestiré de subliminal gozo, el renacer de luceros de estas manos.
El vuelo de tus alas termina cual agonía, sobre los verdes sueños de las ingles.
Esa absurda costumbre del corazón, de patearnos el alma, no la entiendo.
Me encantaría que desgastaras mi cuerpo con besos, así como el viento talla las piedras.
El amor profanó con sus absurdos rituales, los sueños de la inocencia.
El asombro le restituye la ternura perdida, a los andrajos sus fracasos.
Me debato en la frialdad que le cercena la vista, a los perversos homicidas de ilusiones.
Los despojos de las sombras rompen con estallidos de luz, los malolientes despechos.
Déjame limpiar con las manos de mis besos, el óxido de tu alma.
No me juzgue tiene reproches, si te miro con deseo casi perverso.
Quiero tocar tu piel y embalsamarme con la música de tu aroma íntimo.
Me inspira adversos rosados para escribir un hermoso texto al amor negro.

V

Con el ímpetu loco de una hiena, te elevo hasta tocar los corazones de las estrellas.
Me enciendo y me desgrano con la ternura de tu sutil pasión.
Enciendes con dulzura fuego loco en mi corazón: es el disfrute de las pieles.
El fulgor vital de las campanas, vagan sobre las derrotas que corroen tu cuerpo.
Bebo a sorbos las fatigas por las cuales excomulgarían, hasta a un demonio.
La vendimia se embriaga con los efluvios del cáliz que desflora el carnal buril.
Desempañeto cenizas de tus tristezas, con la insolente ternura de amurracos amorosos.
Se avivan las llamas con el ritmo de los cuerpos y las imposturas de las sombras jineteras.
El musgo se humedece con el vino que se rebosa y el tremolar alucinador de los gemidos.
Mi mirada recorre un muro infinito de piedra y un zarzal de obstáculos.
La soledad profunda del silencio, contrasta con el tedio y el desencanto.
¿Cuando perderé mi capacidad de asombro? ¿Me sumergiré en el mar de los recuerdos?
Jamás me cansare de expresarles a mis hijos: te amos…y cariñosos mimos
Son dorados los cardos translúcidos con los que iluminas, la oscuridad de mis ilusiones.
Son verdes las fantasías nocturnas del rosa del amor, que me tatúa con besos.
Derrito con caricias tu mansedumbre barroca, cuando nos fusionamos cual óvulos.
Energizo el fuego con el resplandor de tu pelo y los amorosos bordes de tu piel.
El milagro brota de la simbiosis entre nuestros cuerpos, al absorberse en una sola sombra.
Tu cuerpo llora como un ancestral olvido, condenado a muerte por el paso del tiempo.
Jamás renunciaré por culpa de los momentos difíciles, a los naufragios amorosos.
Gózate cual tormenta intempestiva, la furia silente del pez escultor de sueños.
Te abrazo, me abrazas, que toco, me tocas, me acaricias, de acaricio, me incitas, me besas…
Te beso hasta que entre un caos de movimientos, lamidas y lengüetazos…
encontramos al anhelado sosiego en el cuerpo de la pequeña muerte.

VI

No dejemos que el pudor se avergüence de sus impensadas aventuras.
Exploramos con placer y con conciencia, los guiños secretos del pecado.
Nuestras pieles se refrescan en los manantiales de placer que brotan de la fuente.
La misteriosa gruta con admirable magia, transforma en locura los delirios.
La ingenuidad de mi piel solitaria se perfila como la cicatriz de un crepúsculo
Azul y sutil como la costumbre que se repite en las holocausticas piras amorosas.
Rescato ilusiones del desván de las sombras, cuando aún el tiempo conserva su perfume.
El crepúsculo rompe los filamentos de los desencantos y algunas dulces amarguras.
Mi sangre es volátil como la sangre de mis adjetivos y verbos.
Disimulo mi ignorancia escribiendo metáforas poco astutas, que imponen nuevos conceptos.
El alucinado ímpetu del pudor absorbido por las circunstancias se arrodilla
Excitado por el aroma que se desprende de vertiginoso placer amargo.
La lascivia perfecta tu boca, seduce con la fragancia de unos amorosos gemidos.
Laboral situación del fuego que te penetra se transforma en esperanzadores delirios.
Tus enmascarados pétalos serpentean cual hojas traviesas que seducen y disfrute.
Exploro el ardor de tus pasillos con los sortilegios que invocan, mis engatusadas caricias.
Deja que la flor disfrute del delicioso y placentero dolor de la primavera travesura.
Permíteme  traspasar con besos a los colores del límite del horizonte, de tus instintos.
La llovizna la pequeña y solitaria muerte, me recuerda a esas suspicaces aventuras.
En la reserva discreta de la oscuridad, nos escondemos de la mirada censuradora.
No entiendo por qué hay que responder al morboso interrogatorio de un cura confesor.
¿Para qué con pelos y señales, si nos sanciona con Padres Nuestros y Aves Marías?
Revoloteamos enredados entre sábanas, caricias, piernas y besos ardidos del goce.
Nos recreamos hasta desgonzarnos aturdidos cual náufragos trasbocados sobre la playa.
Vivimos la agonía multicolor de las llamas de las ruidosas pieles.
Nos gozamos hasta la última lágrima de nuestros lujuriosos cuerpos.
Eres una deliciosa y sensual perra, una exquisita ramera decente.
Un delicioso bocadillo con espíritu de pecado mortal para la mundana hambre.
¡No sé cómo más saciar a la sedienta hambruna libadora de tu cuerpo!
Hasta ayer eras una oruga. Hoy te siento: ¡como una hermosa ilusión alada!

VII.

¿Será que las metáforas pueden sublimar, el ardor de las playas y los ríos?
Tu cántaro es la causa de insomnio áspero tus manos. Devoras el pan con tus entrañas.
El apasionado pistilo por el enmarañador musgo se devora a la ternura desnuda.
Tu sed se embriaga hasta con la última gota de leche que derrama el fuego.
Son negros agoreros curioso culpa de las absurdas sombras de los celos.
Solo convocas moscas sobre nuestros recuerdos, como las maldecidas murtes
Fluyes prendida de la piel de los polvorientos sueños, mientras te muelen deliciosas caricias.
Tu boca exhala besos huracanados, hambrientos y de todos los colores.
Es imposible amar a la voluntad de nuestros deseos.
Tomo tu amoroso coño abierto, herido sin anestesia por el amor, para conocer tu alma.
Paso a paso conjuré  tus miedos, hasta alcanzar cual pájaro, lo casi imposible.
¿Por qué tiene que ser nuestro amor, un las mal anacoreta?
Mi sexo era una adormilada e inocente serpiente, hasta conocerte.
Tu vida se bifurcó, cuando tu pasado deshojó el blanco de los bordes de tu cuerpo.
Hay un océano de ecos prohibidos que te lamen el alma.
Después de una noche de amor, nuestras pieles no son más que una argamasa de desechos.
Nuevos recuerdos quedan enredados en tu ovillada cabellera, cual besos o peces sin aliento.
No entiendes que perfume del horizonte depende de tus actitudes.
Esos cigarrillos que fumas son leña que se devora la lozanees de tu estropeada piel.
A veces pienso que el perfume de tu sexo, tiene alas cuando te recuerdo.
Nuestro destino es un desierto sin bordes, porque así lo has querido.
Jamás te olvidarán mis venas, así hayas arañado mis sentimientos.
Fui espada, caballo, toro y hombre, anoche contigo.
Percibo el réquiem de un canto de tu piel; es un lánguido adiós con olor a muerte.
Dicen que donde hay música, no puede haber nada malo. ¡Tócame un poquito!
Escudriñó a mansalva las murallas de los abismos, que me permiten escanear exorcismos.
Embriagado por la transpiración de tu sexo, te entregó las llaves de mi cancerbero destino.
Te preño con la imaginación cuando siento fluir el esperma, como briznas de leche derramada.

VIII

Tiembla el deshielo del placer como la miel de una calle desnuda.
La magia estremece los ojos, cual piernas abiertas a mordiscos de miel.
Como el péndulo que se incrusta y penetra, la saliva sensual del delirio te lubrica.
Eres como el vino náufrago del cálido verano. Tientas mis deseos con el verde del rojo.
Cual alfarero memorizó tu cuerpo con mis manos; aveces me siento jardinero o carnicero.
Regálame sin pudor el alma de tu desnuda estrella, el aroma a rosal de tu sexo.
Solo el amor puede borrar la memoria de las espinas y el amargo de la hiel.
Estoy agotado de soportar tártaros inviernos.
Me arrastro como una sombra del sol de medianoche.
El destino desfigura con su absurdo idioma, mi vida y mi trabajo.
Tus furiosos besos evaporan, los témpanos que oculta el alma.
Solo el mudo lenguaje políglota del amor, nos comunica.
Arranca me bebe, las semillas crisálida que se secan sobre mi piel.
Es huracanada la tormenta de los olores, que seducen a nuestro instinto.
Te amo y te acarició con los dedos del alma.
Tus entrañas viven el clímax de un caudal de truenos.
Hierven las saladas lágrimas entre la apoteósica cuenca.
Escucha la melodía nocturna de los golpes inmisericordes de los cuerpos.
Escupo dentro de tí, la imaginación de la proa de la amorosa saliva.
Las sombras estratégicas se pegan a la piel del espejo.
Vamos un absurdo ajedrez a muerte.
Las erupciones desploman al atropellador ímpetu y ciclópea hambruna.
Tu voluntad castra uno a uno, los absurdos miedos.
Es la entrega total a la proa de las alas de cera.
Crepitan mis labios sobre las cúpulas, donde anidan los suspiros de las miradas.
Intento despojarme de las cadenas como un esclavo desesperado.
Tu pubis se levanta furioso como una boca sedienta por la última gota del rocío.
¡Es la liberación de la miseria nocturna!
¡Quién se hubiera imaginado, que íbamos a ser nuestros propios verdugos!

IX

Te gozas hasta la última vibración del cartilaginoso espasmo.
Tu boca aspira cristales lascivos del voraz desenfreno.
Pero se atraganta con la aguasal volcánica del naufragio.
Cual exhaustos guerreros o cadáveres desvestidos, quedamos cobijados sólo por el viento.
Después de la sempiterna cópula, te extrañan los gritos de mi alma, mientras agonizan.
Siento el excitante esplendor de la lengua y de los labios de tu traviesa orquídea.
Tus piernas son unas atrapa sueños, redes que se deleitan exprimiéndome.
Me desbordo cual plenitud de los torbellinos oceánicos.
Te siento aferrada al falo mastilero, intentando orientar la demencia de la loca locura.
¡Son salvajes las tentaciones de los versos de tu lubrica lengua!
¡El almíbar tibio con sabor a libertad!
El lácteo sabor lujurioso que seducen los besos.
El pezón erecto me excita cuando se arrodilla tu pudor.
Te desnudas como los poros de los versos que me inspiran.
El fulgor diáfano de tu apasionada primavera, me alucina.
La rosa más bella de tu edén me deslumbra, como la luz viajera del viento.
Me embriagó con el placer yerto de tu veneno.
Mi cuerpo baila sobre tus sentimientos con el lujurioso ímpetu.
El placer se esculpe con el tacto de nuestros besos y caricias.
Eres la hembra de mis placeres, elixir que embriaga y demencia mis sentidos.
La belleza desnuda de tu vanidad, sofoca los suspiros de mis anhelos.
Tu piel al amanecer luce despabila, dilatada por el placer.
Un collar de te amos amanecen enredados, siempre a tu cintura.
¿Podré conocer, la miel de tus pezones?
Te deseó desnuda para delirar como un kamikaze, seducido por tus tentaciones.
Exploro con sutileza bajo tus ropas. Se embriaga el tacto y anhela degustar placeres añejados.
¡Tú cuerpo o es la cava de mi vida! ¡Es el mosto de los pasos de mis sombras!
La magia de la lujuria rebosa, la copa loca y carnal de tus labios.
El frenesí desata permisos y tormentas.
Beso tu hermoso cuerpo de Eva, esculpido por sutiles mimos.

X

Te aferras como una dipsómana rémora carpentera a la boca de la cava.
No conozco el primer sueño enredado al insomnio del viento, como algunos pájaros.
Soy un alfarero que trabaja con el vapor humano de las lenguas.
Me encanta la levadura del sándalo, cuando estira las imágenes de los versos.
Hay sueños grises que se disipan con el vértigo que migra con la aurora.
El corazón de las lágrimas de los árboles, despiertan como las crisálidas del bosque.
Soy más cascada que hombre. Soy la jacaranda de la tristeza del furioso invierno.
Las alas sin candado me susurran versos y refulgentes quimeras que canto y adorno.
Me siento exhausto y sin pulmones para infundirle luz y colores fuertes a las palabras.
El olvido es profundo si dejamos que nuestra alma herida, se declare vencida.
Persistamos en sobrevivir. Luchemos sin descanso, hasta abandonar a la oscuridad.
Los matices de la amargura se volatilizan, cual olas de mentiras utópicas.
La pasión se refleja sobre el filo plata que destella en el horizonte.
Mi pecho ruge como un corazón con pistones rotos.
Tus palabras de amor, me llegan como en clave Morse.
Mis miradas expresan te amos como un campanario.
Mis mentiras piadosas hacen malabarismos, para que me perdones una vez más.
Mis emociones no usan bufanda, ni me desnudo deprisa por temor a falta de tiempo.
Somos sombras que se derriten y destinos que no se enderezan como las esquinas.
La vida tediosa se escapa sin descifrarla y ríe al pasar frente a mí, rumbo al sol.
No sé hasta cuándo seré el neón de tus ilusiones.
No sé hasta qué punto sean simbólicos los tiburones codiciosos.
El mundo es un absurdo bazar de idiotas.
Todos libramos una tierra adentro. He visto niños sin piernas, que no entienden a la guerra.
La bondad de Dios, es un monstruo doscabezas. Bicéfalo como la vida y la muerte.
Los pinceles agoreros de tus fosilizadas liturgias, son el calvario de los milagros que torpedeas.
Creo en los cántaros de fuego de las máscaras, en las nostalgias de los antojos turbios.
En las amapolas que se asombran con los polvos del viento.
Huyo como las gacelas de las pezuñas de los peces.
Mi triste piel trashumante, respira la traición pétrea de la alquimia de tus entrañas.
So y un árbol que se escama con el fuego del invierno, que me consume.
Me siento cual bandera flagelada por la antología universal de los absurdos desencantos.
El termómetro de tu piel expresa la temperatura fraguada en tu cáliz-invierno.
Escucho el crepitar rapsódico de la antorcha, que se devora el fuego de las cenizas y la fábula.
Cual pañuelos agitados al viento, los amores se tornan en suspiros de palomas emigrantes.
Oro para que no se acaben ni se curen los locos.
No moriré cuando encuentre las huellas de tu adiós sobre mi piel, porque ya estaré muerto.
Quise refugiarme en ti, para encontrar placer sin límite y ternura sin fondo.
Los días pasaron y sólo sobrevivió el cansancio en nuestras manos.

 

Héctor "animal de vuelo" Cediel
Agosto de 2009

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