Lapislázuli Periódico - Cuando lo sueñes, se hará realidad




¡No me pongan ese pañal!
Por: Esmeralda Zabala González


¡Muy pocas veces he envidiado la fisionomía de los hombres!. La facilidad y la libertad que tienen para satisfacer sus necesidades con el simple hecho de orinar de pie sin tener que someterse a las incomodidades que hemos aguantado más de una vez las mujeres por higiene.
Pero en los animales ser macho o hembra esto no es problema, he visto varios cachorritos machos orinando como hembra y viceversa; hembras como machos, ambos géneros libres, sin importar género o especie, desde aves, peces, insectos… (hasta los dinosaurios me imagino).
Sin embargo, no es raro imaginar que más de un ser humano ha envidiado esta libertad “irracional” de los animales, imaginando correr por el campo y las calles de grandes ciudades y diciendo con sus olores: “¡este es mi territorio carajo!  y esa es mi hembra”; la verdad es que las mujeres somos más prácticas y marcamos nuestro territorio y los machos con una mirada (Por algo la célebre frase de antaño “si las miradas mataran…”)
Bueno, pero no quiero hablar sobre las miradas en este escrito. Iba contarles que yo perdí mi libertad al igual que muchos el día en que nací; desde el momento en que ensucié mi primer pañal y comencé a desechar uno tras otro, sin darme cuenta la forma en que contaminaba este planeta. No es que pretenda poner a lavar a mi mamá y mi abuela nuevamente pañales. Es algo que vivimos en la casa y pues a lavar pañales, ¡que se le va hacer, tocó!
Pero ahora vienen en desechable y la cuestión es más simple. Claro, yo ya aprendí a ir al baño, pero ni aún así me liberé. Ahora vienen los pañales, con tiritas y estampados y toda la decoración que se quiera… pero cómo es posible que ahora le estemos quitando a los animales no humanos esa libertad! ¿Pañales para perros?, no es justo, si vamos a tener un perro u otro animal es para hacerlo feliz y darle una calidad de vida, más no para transformalo en otro humano.
La industria de productos para mascotas nada tiene que envidiarle al mercado de productos para bebés; es más, muchos eso productos son injustificados desde la higiene y la salud de las mascotas.
En primer lugar le estaríamos quitando ese placer y derecho de actuar como un animal no humano; segundo, sería ambientalmente insostenible. Tan solo en Europa se producen 40.000 toneladas de desechos sólidos en solo pañales desechables, por su composición no todavía biodegradables ¿cómo será cuando los que no queremos bebés en nuestras vidas pero sí una mascota, optemos por esta injusticia ambiental?.
Un bebé deja de usar su pañal a los 2 años, en general, pero le permitirán esto los dueños consentidores a sus perros y aves? Se calcula que la producción de pañales desechables usa 2.3 veces más agua que los de tela, y eso que estos últimos, nuestras abuelas los lavaban muy seguiditos, del mayor hasta que los heredaba el menor.
Según la página medio-ambiente.com, “para producir los pañales de celulosa necesarios para un bebé durante sus primeros 12 meses de vida se calcula que se necesitan más de 136 kilos de madera, 22.70 kilos de petróleo materias primas, y 9 kilos de cloro. La huella medio ambiental que representa el uso pañales de celulosa es de 62 kilos de CO2”
Finalmente, cada quien cría a sus hijos, hermanos o amigos no humanos (mascotas) como quiere, pero esta moda no demora en expandirse en el mundo animal, así que pensemos si de verdad estamos haciendo felices a nuestros fieles compañeros.

Abrazos y mordiscos

 


 

 

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