Lapislázuli Periódico - Cuando lo sueñes, se hará realidad



Médico de la sociedad
Por: Alejandro Jiménez Schroeder


Al terminar de leer aquel libro me pregunté por un instante si aquel monstruo que incomprendía al Minotauro no sería yo. Estaba encerrado en un laberinto al que le decía realidad, y sin embargo, con pensar en el mito de Teseo y en el cuento de Borges, llegué a creer por un instante que mi visión civilizadora había destruido otros mundos posibles, quizás mucho más hermosos que el que defendía con la ciencia. Desde hace cinco años había estado trabajando en aquel pabellón de desahuciados, y día a día me preguntaba qué hacía un médico en aquel lugar, si tan solo era un espectador de la muerte. Miré a mi alrededor y noté que tan solo quedaba uno.


Un paciente, esperaba impaciente al fondo del cuarto con ligeros murmullos, vueltas, retorcijos que me hacían presentir que tan solo en cuestión de horas le llegaría su final. Por un instante pensé en darle nuevamente otra dosis de calmantes, y quizás hacer más digna su marcha, pero sería asegurar su muerte, y quitar la vida que yo no le había dado.  Tan solo me di la vuelta, y me fui sin saber su nombre.

  •  Al abrir los ojos supe que iba morir. No una muerte silenciosa y lenta como lo hubiera deseado, sino una que a su vez destrozaría cada uno de los recuerdos que aún me quedaban.  No Quiero decir que lo lamentara, pues ya me había hecho la idea desde hace un par de días que no saldría de este hospital con vida, pero cada día el sentimiento de nostalgia se volvía más pesado, mas lacónico a tal punto que la irrealidad, superaba cada una de las posibilidades que había imaginado de salir del mundo con la redención en mis manos.

El primer día que llegué al hospital, los médicos preguntaron quien era yo? Qué me había pasado?  Y cientos y cientos de preguntas que les pudiera dar una pista de cómo ayudarme. Sin embargo, no les dije ni siquiera una palabra. No era porque no pudiera hablar, sino porque no quería sentir su compasión. Aquellos médicos con sus batas blancas eran inmunes e incapaces de comprender que mi muerte, no era tan solo una muerte física, sino era aquel sinsabor en la boca que me había hecho pasar del bando de los buenos y competentes, al rastrojo, el  lisiado, la basurilla que deja la sociedad.
El médico se me acercó una mañana, y con voz quebrada me repitió un par de veces que todo estaría bien, que mejoraría pronto. No supe si aquellas palabras de aliento eran la paz del desahuciado, o una esperanza de que el milagro sucediera. Igual, no le vi razón a su misericordia.  Acaso ¿qué tenía él que le daba tanta seguridad para hablarme de estar bien, y mirarme desde la otra orilla cual si su camino no estuviera más podrido que el mío?


Era quizás su maldita vanidad la que le hacía creer que podía curarlos a todos, o quizás su imposibilidad de ser humano de aceptar la diferencia en los otros, y se llenaba de bondad para evitar darse cuenta que en el fondo, todos padecíamos de la misma enfermedad.
Aquello lo noté esa mañana en que sus palabras de bondad no pudieron llegar a tocarme, y sus manos, evadían revisar las llagas que se habían formado en mi cuerpo. Aquellas llagas que llenas de pústulas y cicatrices, eran tan solo el reflejo del camino que iría transitando.


A pesar que mi cuerpo venía muriendo hace semanas, lo que me dolía y me remordía era aquel  trato de los médicos. Aquellas miradas de compasión, de asco, de repulsión a una condición que me hacía menos humano que sus normales vidas. Una mirada que me hacía ver como de un momento a otro me convertí en el desecho de una sociedad que no sabía qué hacer con personas como yo;  si esconderme, o tratarlas.  De igual manera, sabía que ambas opciones les incomodaba.
Sentían vergüenza, y el verme allí les era incómodo, tan incómodo tanto para ellos como para mí, pues sabían que en el fondo la delgada línea que nos separaba, no era la de estar enfermos o sanos, sino la de ser seres humanos o no.
Aquel día pasó todo, todo sucedió cual si fuera un film de Gaspar Noé, con planos secuenciales largos y sin sentido. Encuadres ilógicos, y diálogos inconexos. Vi entrar al médico varias veces a la habitación y preguntarme que me pasaba. Leí de sus labios decir: -¿Por qué no me hablas? , ¿Por qué no te mueres? Dímelo! Que te ata a estar aquí, que por decir, tienes que desahogarte…. tienes que decirlo.
Pero ya no tenía fuerzas para salvar a nadie. Estaba allí parado, estaban todos allí parados creyendo que el muerto era yo, y ellos hacían de ésta una sociedad de muertos en vida, muertos en mente que transitaban por las calles sin sentido, hacían de esta una sociedad que hedía a nauseabundo; y mientras mi cuerpo se acercaba a su final, me daba cuenta como cada vez me parecía más a ellos. Los miraba en lecho de muerte, y me compadecí de él.  Tan solo yo era un reflejo de la misma miseria  que había por todos lados.  Podía vivir en mi propia piel la esencia del todo aquello que había sido marginado. Que yo había desechado de la realidad; una realidad en la que a diario te encuentras con desplazados, mendigos y drogadictos. Así como yo lo hice, tu pasaste sobre mi miles de veces cuando era indigente. Cuando estiraba la mano, y solo veías un desecho de la sociedad. Solo la muerte podía darme la redención, la posibilidad de reivindicar aquella miseria de la cual hacíamos todos parte, pues en el día a día, en el fondo yo, él,  todos nosotros sabíamos que éramos más que aquel reflejo de aquellos lisiados que marginábamos.

Biografía

Alejandro es Profesional en Estudios Literarios de la Universidad Nacional de Colombia. Nació el 1 de marzo de 1986 en la hermosa ciudad de Bogotá, capital de la hermana República de Colombia. Desde niño ha manifestado una  fascinación por todas las artes y sobre todo la literatura con lo cual ha venido formándose como soñador, creador y transformador. Escritor, poeta y gestor cultural. Entre las participaciones más relevantes está la I Cumbre Mundial Poetas por la Vida, Bogotá, 2011, Cumbre Mundial por la Paz (2009), el II Encuentro Interoceánico de Escritoras en Ciudad de Panamá (2010) y creación de talleres virtuales de poesía entre los años 2008 y 2011. Se desempeña como Director de Lapislázuli Periódico, medio alternativo de comunicación que fundó en el año 2005 y Presidente de la Fundación Artística Cultural Lapislázuli.

 

Ejercicio de escritura para el taller de escritura creativa Palabras de Inclusión. Ser desde la Diferencia

 

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