Lapislázuli Periódico - Cuando lo sueñes, se hará realidad



 

Cuando decidimos matar el silencio

Alejandro Jiménez Schröder

 

¡Shhhhhh! ¡Silencio! Ya no recuerdo cual silencio- Pienso en el silencio, aquél silencio que salía de tu cuerpo, ese que solo brotaba y parecía llenar la habitación. Claro, antes era más simple escuchar el silencio, pero ahora, todos estos silencios nos parecen tan vació.

Tomé esta mañana unos libros para sentarme a escribir un poco, e inevitablemente terminé confrontándome al mito moderno, y a la tragedia moderna y la tan cuestionada postmodernidad – Si, aquella que dice que hemos quedado solos, arrojando contra un mundo sin posibilidad de reverenciarlo a priori. Por eso, ahora nuestra parece solamente parte de la existencia humana, y no como antes que tenía que ver con el designio de los dioses, o las empresas épicas del destino que podían transformar el mundo.

Digo que antes era más fácil por que así lo recuerdo- Oh, por lo menos cuando lo leí asi me lo mostraron, pues como la mayoría de los chicos de mi edad hago parte de la generación del desencanto-.

Antes la relación entre el sujeto y mundo estaban inevitablemente ligada con aquella dependiente intrínseca marcada por los 3 tiempos de la tragedia, o el final previsto de forma cerrada que unificara el mundo nos permitía pensar que el silencio obedecía a una vital (trágica, cómica o romántica) – como en el caso de Antígona que desobedeciendo a su padre decide enterrar a Polinices (su hermano), para configurar su propia silencio al tiempo que se enfrentan a las nociones del deber social.

Claro, es que el silencio no solo puede ser visto como la ausencia de sentido; sino más aun puede verse como la construcción discursiva inversa. Cuando el mundo ponía a escoger entre si debía cruzar por el semáforo, o tomar el puente peatonal, el silencio marcaba mi relación con el mundo.
Con el romanticismo la situación fue algo similar. Y luego vino el expresionismo, y el surrealismo, y todos aquellos ismos que se alimentaron del silencio- es decir, de la necesidad de enunciar desde la visión de un mundo que ha sido dispuesto de determinada manera. Pero ya no fue, el cristal desde el cual veíamos se fragmentó.

El universo que lograba imaginar transformaciones e ideologías duro hasta el día en que el presente se convirtió en tierra sin futuro. Alcanzaron hacer parte de ese universo mítico los Beatles, y el rock, el rock de los 70`, el fútbol hasta la década de los 90 y la canción social. Las ideas del comunismo, o el sueño de una sociedad creada desde el arte no solo eran un sueño, sino un sueño que se creía posible de alcanzar. Y ahora, los que somos los hijos de la generación posterior vemos el desolado terreno baldío, la ausencia de sombra, y todo aquel silencio que configuran nuestra tradición de forma fragmentada de tal forma que no los alcanzamos a oír. El mismo silencio que nos aturde con los ruidos o susurros de todas las lenguas, las inmensidad del Internet, o las construcciones visuales de los medios de comunicación- Claro, antes sin duda era más fácil por que la realidad si podía un referente, y ahora qué?

últimamente, y con el repasar de las últimas décadas el problema pasa de obvio. El arte, ya no posee intrínsecos ni fundamentales que lo definan, y por eso es posible ser sin tener que hacer. La sola posibilidad se concibe como una actitud creadora, y el silencio, se resignifica dependiendo del receptor.-El universo ahora sustrae, vacía los labios al del artista, y deja aquel sabor en mi boca. Solo puedo decir; “Jetz Like Me Puch, or however”…-antes, ya se hacía raro que no hubiera dicho algo en ingles.

Pero todo sigue allí, el universo y sus 6.700 millones de personas esperando, anhelando, por no decir buscando algo mejor. Por ahora tengo 51 razones para pensar en el silencio que hay entre Mick Jagger, y el “Che”, y así, encontrar cada una de aquellas razones lógicas que los conectaran por toda la eternidad.

Posiblemente empiezo a padecer este letargo, y mientras mis manos escriben cada vez más lento, comienzo a olvidarme que éste silencio tiene un sentido. Igual, el silencio no es tal, sin el tiempo. Ese síndrome comienza crear la desesperanza en mí, el tiempo se ensancha, y dice ¡!oye¡ -tal vez todo tiempo pasado si fue mejor! Todo esto ahora se hace más natural.

Podría ser esta otra lección de vida, una no tan cómoda, una que me hiciera sentir incomodo en medio de la noche, y tener que repetir a misma canción de Sabina para recordar que sigo allí. No es otra razón, una que quizás termino repitiendo por placer, -- para sentir que aún tengo el poder, el poder de explicar el mundo y organizarlo de tal manera que sienta que ese también es mi mundo.

Sigue allí, pero ahora es inevitable. Es silencioso, tanto que podrías hacerme sentir mal en medio del desayuno, o en el momento que decida tomar el autobús. Por qué me recordarás lo efímero que soy, lo intrascendente y poco importante que podría llegar a ser si no estuviera aquí. Igual, eres silencio, y yo aún dudo que sea.

Dime si cambiar lo que necesito, y luego disparar hacia el cielo mi mente. Un ácido, que irrumpa en tus faldas, en tu piel, en tus pantalones para volverme a recordar aquel libro.
El Silencio no era tan vació en aquel entonces. Cuando el Quijote decidió liberar los presos, en su No Ser se configuraba toda una teoría política, una visión de su mundo.

Ahora es igual. Pero no parece tan fácil encontrar ese silencio que más diga, bueno que te insinúe, porque si lo dice, solo hará ruido. De todas maneras, debe ser silencioso. No tan abrumador, ni letal que te deje postrado en tu silla si querer hacer nada, pero si leve y sutil con tal atino que permita tu referencialidad entre tantas voces.

comentarios

Biografía