Lapislázuli Periódico - Cuando lo sueñes, se hará realidad



   A LAS LÌNEAS DE NUESTRAS MANOS…

Por: Héctor “El Perro Vagabundo” Cediel

Hay señales que nos permiten evocar recuerdos, pasos de estelas que dejan cicatrices, surcos de estigmas y patadas existenciales, que nos graban tatuajes en el alma. Somos orfebres que trabajamos el desamparo o los recuerdos de nuestras desgracias; estudiamos las huellas de algunos actos afortunados, de esas pocas ilusiones que se logran y nos permiten sobrevivir, cantándole a la humanidad e ignorando las tempestades del alma. Intentemos ver o vislumbrar el futuro, pero es preciso conocer el pasado para poder criticar el presente y reedificar sobre el lodo; para reconocer las huellas que debemos pisar, es bueno el disponer de una brújula, de una rosa de los vientos en nuestros suspiros, para soltar como un velamen las hojas de los libros; un libro siempre mutarà o moverá algo en nosotros. Solo viendo la vida con otros ojos o bajo una nueva óptica, podremos enmendar algunos errores o sugerir una mejoría.

Todos de una u otra manera, escribimos a la luz o en la oscuridad, una historia particular o un capítulo de la gran historia universal; así se vea al escritor como un inactual o un ser medio absurdo y oscuro, que vive creando imperios inútiles, paraísos fantásticos, supremacías utópicas. El poeta o el vate, no pueden dejar de vaticinar, ver o futurizar sobre las líneas de las manos de sus corazones, ya que los imperios medusos nos devoran por culpa de sus soberbias… jactancias o arrogancias que nacen enfermas, porque no todo se engendra con buenas semillas. La buena literatura, jamás será permisiva y florecerá como un paraíso soleado o como la primavera que añora la desesperanza. Los libros y los poemas cantarán, expresarán o gritarán nuestros versos, cuando emigremos hacia el averno o nos desaparezcan si llegamos a incomodar demasiado; nada es más permisible y monstruoso, que el silencio o la omisión por culpa de la ignorancia o el facilismo; la misma satisfacción es castradora o es la culpable de esa irresponsable miopía, de esa apatía o conformismo que impulsa la impunidad y la prostituciòn murte en nuestras sociedades. Es imposible que todos pensemos igual, pero no se justifica la violencia para imponer una razón. La palabra sirve para orientar y domesticar a los espíritus salvajes; pero hay que tener demasiado cuidado, porque no siempre la luz significa la llegada de algo bueno ¡también hay falsos pastores y profetas! ¡Simples pregoneros por diezmos!; vivimos amenazados o seducidos por espejismos, por engaños o facilismos; el mal es consciente que todo lo que fascina, cala o se recuerda; a todos nos habitan espíritus que  tenemos que reconocer y que debemos embellecer con la luz o el fulgor de la voz, de ese yo profundo que es sabio y casi infalible; que genera testimonios o producciones oníricas sensacionales, únicas. No vale la pena vivir por vivir ni tiene razón de ser el sobrevivir, dejando fluir al río de la vida sin sentido… no se aprende a vivir, observando la vida detrás de burladeros; debemos sumergirnos en sus olas, embestir las tempestades, conocer el corazón de las pasiones; somos mares de desolaciones, pero no nos podemos derretir como guerreros de mantequilla o reyes coronados con tiaras de hielo. Todas las temáticas pueden o deben servir para exorcizar a nuestros fantasmas; para orientar como una osa mayor o cualquier otra estrella, que pueda guiar los pasos de nuestros sueños; muchos inclusive se han atrevido a decir: Hay que temerle más a Dios, que al demonio… lo verdaderamente importante en los momentos oscuros es: Escribir. Es el disfrutar de la magia de las palabras, con ese algo que hay que contar con honestidad, con seducción y fantasía; una hoja en blanco siempre será un amigo o amiga silenciosa, que estará dispuesta a escucharnos en cualquier momento… una hoja en blanco escrita con pasión y desnudándonos completamente sobre ella, será la mejor y más sincera psicoterapeuta.

Un buen libro condensa las miradas de los gritos que dejan huellas orientadoras, como bengalas trazadoras para el alma; experiencias que nos permitirán ir más lejos y de prisa; serán como puentes para los que nos sucederán y ocuparán nuestros espacios. Hay demasiados sueños y desvelos, risas, trasnoches, sufrimientos y quizás hasta demasiadas lágrimas, dentro de sus paginas; cuando contemplo los silencios de los estantes y observo a ese ejercito de sombras allí enfiladas como presos a punto de ser fusilados, envidio y desearía tener toda su sabiduría dentro de mi oxidado y tímido cerebro; tantas vivencias, horas y años de trabajo, porque la literatura se alimenta con la vida de los escribanos, con ese mar de realidades que le brindan consistencia o bases sólidas a sus obras. Existen obras inmortales y por eso, a veces pienso que dios, simplemente no pasó por algunas naciones o continentes. El hombre vive preso en “armarios”, en miedos, en cárceles invisibles, esposado a angustias y a absurdas pesadillas. La vida tiene que ser más que una larga y absurda calle; sin sorpresas o sin magia, la existencia no tiene sentido. El escritor debe ser un hechicero encantador, que saca o rescata sorpresas, dentro de un sombrero de Pandora. La ciudad como sentido estético, no debe ser solo o casi siempre: un infierno. Las líneas de nuestras manos, así como nos dan una identidad única, nos denuncian; son nuestra carta de presentación y huellas de identificación; nosotros no somos ni seremos más que albañiles de palabras, arquitectos lingüísticos que debemos construir de manera bella y funcional, obras de arte con nuestros materiales y recursos; cada individuo generará una obra única y original, porque nunca los elementos o materiales serán los mismos; serán las circunstancias las que producirán las individualidades. Solo la poesía es capaz de hacer florecer rosas de entre los lodazales mundanos; de desarmar las tendencias suicidas en los momentos de crisis o de infernales depresiones, si se escucha a la voz adecuada.

Un buen libro se asemeja mucho a una buena película, pero son dos productos totalmente diferentes y únicos, así se complementen a veces; una  película como “los soldados de Salamina” nos recuerda que morir es fácil, pero el vivir es más difícil… como diría Eisenin… pienso que se quedo corto el canto de la generación del 27 al pregonar el dolor y el sufrimiento, por los absurdos de la guerra... La poética de las palabras recrea y ha tomado el aire, de  demasiadas imágenes; el éxito depende tanto de la apreciación, como de la realización; cada verso, cada texto, debe ser un bonito y perfecto cuadro, lo ideal es que sean obras de arte; solo el artista es capaz de generar o de producir “arte por el arte”; sin pretender decir nada, al final se descubre en muchas ocasiones, que se ha dicho demasiado y de una manera hermosa; así nos comportemos taciturnos como condenados o desahuciados; la vida nos ha llenado o saturado las manos con líneas o rutas con destinos misteriosos; de la calidad de esos periplos, dependerá el algo que contar; no basta la simple lectura ni una buena imaginación; la vivencia, la experiencia le pone sal y condimentos a los textos; esas pizcas de sabiduría que enriquecen a las imágenes. El dinero no es suficiente para producir una buena obra; a veces ese desencanto al abrir los ojos y ver que hemos vivido persiguiendo espejismos o ilusiones triviales, nos permite expresar versos dolorosos, sentidos, viscerales… es natural que todos busquemos y vivamos idealizando, un sitio paradisiaco en donde vivir; un espacio propio; una cueva o un refugio, donde invernen y maduren las ideas, los versos… ¡una cava de sueños!... a veces hasta asumimos roles absurdos o intentamos por necedad ser capitanes de otros barcos; sobre cualquier majadería o patochada, el amor nunca puede dejar de ser lo mejor o prioritario en nuestras vidas.

Un buen escritor siempre será un modelo original de “Frankenstein”, un extraño híbrido, fruto de todas las lecturas y experiencias vivenciales; crea personajes amalgamados, se enmascara tras muchos de ellos, manipula cual títeres o marionetas a otros… sublima personas o personajes; inclusive la literatura le permite alcanzar mujeres imposibles que le desvelan o le han trasnochado; conquista doncellas que ha perseguido inútilmente o simplemente se le esfumaron en una esquina de las líneas de sus manos.

A veces nos preguntamos: ¿Para qué sirve la literatura? Para disfrutar más de la vida, para ser crecidamente libres, para aprender a soñar o ensoñar primaveras en los inviernos más despiadados; para nada, podría ser otra respuesta; pero es casi imposible vivir sin ella, después que se conoce… a veces siento a la poesía o a las palabras como la metáfora del amor; mas cuando los sentidos alcanzan un delirium casi orgásmico. En una novela se recrea y se recuerda la vida, hasta se disfruta de lo que nos hizo sufrir, llorar o padecer; la vida ofrece alternativas, no simples dicotomías, porque podemos elegir opciones; a veces inmortalizamos o vivimos intentando resucitar a los personajes de nuestros textos y vivimos recreando secretos esenciales; morimos y hasta resucitamos un par de veces, en guerras que nunca pelemos ni conocimos. Para logar un buen texto es preciso e imprescindible, el desnudarnos completamente al empuñar la pluma como vocera o pregonera; podemos usar máscaras e interpretar roles; cuando se culmina una obra o un poema, es preciso borrar las huellas de todos los recuerdos para no volvernos monotemáticos o escribir con el mismo tono de voz; pero siempre necesitaremos de “amigos secretos en el bosque” que nos ayuden a sobrevivir; algunas veces, basta con escuchar testimonios de los sobrevivientes o rescatar la memoria de algunos muertos del olvido. Al escribir, cada imagen debe tener un momento preciso; debe ser un cuadro o una fotografía perfecta; el paso más grande, es el aprender a desnudarnos frente a los demás; que se disfrute de la belleza de nuestros cuerpos, almas y sentimientos; con miedos, los versos o las imágenes que se logren, se escucharán imperfectos o poco autentica su música; también tenemos que tener cuidado porque una mentira bien dicha o repetida varias veces, puede terminar convertida en verdad… y en esto existen expertos…

Personalmente no sé que es correr hacia las alambradas del exilio, pero todos debemos amar y apreciar el valor de nuestros fantasmas. Por lo general en los buenos textos, hay nostalgia o tristeza, porque las historias las escriben sobrevivientes para sobrevivientes o náufragos; sería triste pararnos donde se escribió parte de una historia y no sentir el dolor, el sufrimiento o las alegrías de los  que la escribieron, utilizando su propia sangre como tinta. El escritor como todo artista, debe tener una cámara fotográfica en cada uno de sus sentidos, para que ninguna imagen o sensación se escape. No creo que el escritor sea un cobarde o un simple gocetas que disfruta con el morbo del dolor o padecimientos del hombre. Todos los amantes de la palabra, vivimos huyendo de la muerte para escribir historias que perduren, que sirvan de luz, mojón o atalaya, en el tiempo; muchos llegan hasta destajar el alma o el cuerpo, para escribir una historia o un buen verso… un buen poeta extraña hasta el tañido de las campanas que le recuerdan, que es una hora o 6 o 12 horas más viejo o que le restan una, seis o doce horas menos de vida… hay obras fuertes, crudas y es curioso, el por qué el público compra, lee y se recrea con nuestros desengaños; no sé a que se debe esa morbosidad innata del lector; la vida está y estará llena de absurdos, como el por qué de la reconciliación y reunión de  los sobrevivientes, después de las guerras; tampoco entiendo como muchos pueden vivir como si nada hubiese sucedido, cuando la memoria de la historia pasa una página… siempre han criticado a quienes en su momento pregonan, que con unos pocos enemigos menos, se podría haber ahorrado millares de muertos… millones de sufrimientos… cientos de guerras… hoy muy pocos recuerdan a los héroes de Vietnam, que se transformaron en humus y arroz… nadie recuerda a los que sacrificaron sus destinos con la revolución de Mayo, ni en cientos de actos históricos… la supervivencia esta escrita sobre el sacrificio de millares de anónimos ¿Hasta cuando seguiremos conviviendo con las guerras y los amores, trágicos y dolorosos?.

Solo los textos bien armados, soportan el paso del tiempo; al madurar se transforman en “clásicos”. ¿Será que no aprendemos del absurdo anárquico de las guerras, porque siempre sobreviven los antihéroes? La literatura, buena y mala, son libros lanzados dentro de unas botellas al mar y quedan a merced del destino; esa literatura es fruto de las lecturas, de ahí que debemos construir nuestras bibliotecas a nuestra imagen y semejanza, con obras que nos seduzcan y atrapen; se pueden sugerir títulos o autores, más no imponerlos; cada uno posee su encanto y un perfil de lectores. Cada uno al escribir debe encontrar un tono, una voz propia, sobre o dentro de la misma temática. Nada reemplaza a la sensualidad y los clásicos siempre estarán cargados de vitalidad; un clásico siempre será un maestro silencioso. No es fácil pero tampoco es imposible, el intentar escribir un “Clásico”; hoy más que nunca se tiene acceso a los libros, a la información, a lo vivencial. No todos los empeños humanos deben terminar en derrotas, el escritor como todo artista, debe luchar para conocer en vida el éxito de sus hijos; no pueden seguir creciendo generaciones sin ilusiones, jóvenes que comienzan los días o sus vidas, aferrados a un cigarrillo y rebuscando respuestas para comprender los absurdos existenciales; jóvenes sin estereotipos dignos de emular; la vida no siempre es una pesadilla, así la tengamos que ver y sentir de esa manera; para lograr cierto tono de voz, un poema tampoco puede ser una cesta basurera de sentimientos perdidos, porque nadie paga para secar lágrimas extrañas.

Fracasar en el amor, no siempre es perder; a veces somos tan desagradecidos con la vida, que cualquier fracaso menor nos hace sentir peor que un negro esclavizado o un soldado sin piernas. El poder no debe ser una recompensa de los mediocres; también podemos darle voz a los habitantes de la marginalidad y hacer triunfadores de ellos. No es fácil sobrevivir escribiendo, pero no existe satisfacción más grande, que el ser alguien digno y respetado, gracias a los aciertos con unos buenos textos. La vida no se puede dejar pasar sin lanzarnos a ella, nadarla y disfrutarla, así sea un mar de mierda como predicaron, exmonseñor Guzmán y el cura guerrillero Camilo Torres. Nos hemos olvidado de empuñar como armas las palabras y es la mejor arma contra la impunidad, contra murtes o cualquier otro tipo de depredador contra la dignidad y el honor del hombre; no podemos seguir mirando pasivamente hacia el mar como las ilusiones románticas. Las anomalías del mundo se vuelven imperceptibles… tenemos que escuchar, interpretar y descifrar los cantos que brotan en las esquinas de la vida. Todos nos hemos preguntado en un momento cualquiera: ¿Cómo pude sobrevivir, si nunca volví a ver al gran amor de mi vida? En las palabras se encontrará la respuesta. Nada sustituye a nada, pero cada uno debe aprender de sus propias experiencias… la verdad de nuestros holocaustos es relativa y por eso la poesía, rescata siempre a la belleza que no ven los demás. Hay que edificar la alegría del vivir, reescribiendo versos para que el vivir sea una fiesta perpetua, así no nos separemos del dolor humano.”Solo siendo cultos se puede ser libre; solo siendo buenos, se puede ser feliz” citó el poeta José Luis Díazgranados.

Siempre el escribir será una forma sutil de desnudarse y así se descubre que nada es demasiado importante; solo la literatura es el arma pacifista que puede y debe combatir a la barbarie humana; a esos murtes que son la pus y el detritus de la especie; si la poesía no puede estigmatizar a los engendros, para nada serviría la literatura; nada se puede dejar al azar en ella; por ella comprendemos el valor y la importancia de la inutilidad; el valor del tiempo que invertimos en el ocio constructor; después de escuchar “ anoche tuve un sueño” de Luther King, los Estados Unidos no volvieron a ser lo mismo… el poeta siempre ha escrito y escribirá, sobre lo que le ha tocado vivir… hasta tiene que escuchar las voces de esos fantasmas femeninos que nos habitan, como lo explicó en su trilogía literaria el poeta Mallarino… todos vivimos trilogías; heredamos lo que vivimos y le heredaremos a nuestros hijos y lectores, nuestras vivencias… hay gritos silenciosos en todas las personas que debemos escuchar a lo largo de nuestras vidas; la sociedad se comporta como una enferma bipolar, con manías y obsesiones casi asesinas; pero mientras exista la posibilidad de empuñar una pluma, de entintar nuestros sentimientos, podremos disfrutar de las melodías de un orfeón liberador en nuestras almas.

Héctor “El Perro Vagabundo” Cediel
2008-09-16

Con todo aprecio para el Rector Juan Carlos Bayona del Gimnasio Moderno y Gonzalo Mallarino, como gestores y mecenas de este hermoso sueño, para que compartan con los alumnos de su institución, que no pudieron acompañarnos por sus compromisos académicos y los colegios que nos acompañaron en este inolvidable evento, para que se multiplique el mensaje del mismo. Puede ser difundido por cualquier medio impreso o electrónico. Gracias.

 

 

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