Lapislázuli Periódico - Cuando lo sueñes, se hará realidad



La pobreza de un Duque

Por: Gabriel Márquez Hernández

Cuando era joven salía mucho por las noches con mis afamados amigos. Todos tenían grandes títulos, unos eran Barones otros eran Marqueses y todos conservaban una gran variedad de tierras y riquezas. Estaban entrando en la vejez, solo mi primo y yo teníamos menos de 30 años  y siempre nos señalaban cuando nos veían con ellos, tal vez por la diferencia de edad o por nuestra falta de título.  Estoy casi seguro de que era la segunda opción, por supuesto: ¿Cómo sería posible que Sir Boyle, Marqués de la península, se paseara por las calles acompañado de dos pobres poetas que no pertenecían a la nobleza nacional?

Nicholas Boyle era uno de nuestros mejores amigos, siempre pendiente de nosotros a pesar de nuestra falta de nobleza y de dinero. Una vez por semana nos llevaba a tabernas exclusivas, que por cierto eran muy oscuras, frías y siempre olían a tabaco con anís,  y pasaba toda la noche contándonos sus planes para algún día convertirse en rey, o por lo menos en mano derecha del rey. Nicholas únicamente pensaba en ascender de título, anhelaba que todos en el mundo lo reconocieran y lo tomaran como ejemplo a seguir. Tenía también otra adicción: el dinero. Amaba su dinero mas que a nada en el mundo, después de este a su madre quien lo adquirió y luego a la muerte que le permitió tener total acceso a el.

Un día, salimos todos los del grupo a una nueva taberna que habían abierto en el centro del pueblo. Al llegar volví a sentir el desagradable olor a  tabaco y anís, pero esta vez se sumaba el peor olor de todos, el de mucha gente reunida después de un largo día de trabajo. Yo, que sufro de migrañas, tenía un dolor  tan fuerte que veía todo nublado. Nos sentamos en una mesa que quedaba en el piso de arriba de la estructura, pedimos unos tragos y comenzamos a hablar. Nicholas hablaba de que necesitaba hacerse amigo de algún ente cercano al rey, mientras que Henry, un Barón excéntrico,  cogía la falda de las camareras y no las dejaba marcharse.

De repente, Henry se quedó en silencio mirando detenidamente por la ventana y soltó a la camarera que agarraba en ese momento. Estuvo en silencio aproximadamente 5 minutos y después gritó muy emocionado “¡El duque de las provincias de la montaña!”. Así era, el duque había entrado en la taberna con dos de sus escoltas y un médico. Apenas subió las escaleras Nicholas lo invitó a sentarse con nosotros. Era un hombre muy viejo y deteriorado, tenia  58 años pero aparentaba 70 o más.

Así fue como el duque se unió a las charlas acerca del trono, de tierras extranjeras, de literatura, de Shakespeare, etc. Un largo rato después, nuestro nuevo compañero comenzó a toser desesperadamente sin parar, el médico estaba muy ebrio como para darse cuenta de la situación y nosotros no sabíamos como actuar ante tan terrible escena. De repente mi primo, que había aprendido algo de medicina gracias a su padre, exclamó ”¡Tiene algo atorado en la garganta!” Nicholas lo golpeó en la espalda tan fuerte, que aquel objeto que sometía al duque con tanto dolor, salió disparado por su boca y rodó bajando las escaleras. Era una moneda.

Enseguida esta dejó de girar, el duque expulsó otra , y después de esta muchas más. Salían millones de monedas desde dentro del noble, todas muy brillantes y doradas, posiblemente de oro. Eran tantas que la planta baja de la taberna se llenó de brillantes monedas de todos los tamaños, y se escuchaba a la gente eufórica peleándose por agarrarlas. Nicholas fue el primero de nuestra mesa en lanzarse a la multitud  y unirse a ella en la recolección de tan exótico tesoro. Después de él, lo siguieron el resto de nuestros acompañantes, excepto mi primo que me agarró muy fuerte de la muñeca y me jaló hasta la salida. Justo antes de atravesar la puerta, Nicholas se detuvo un momento, se paró y nos invitó a unirnos a el. Mi primo Germán se negó rotundamente y Nicholas, indignado,  nos amenazó con  no volver a juntarse con nosotros y hacernos mala fama en la burguesía nacional, por lo que mi primo le respondió “No tenemos miedo a enfrentarnos a un hombre que es tan pobre que lo único que tiene es dinero”. Todo se tornó entrópico. Mi primo volvió a agarrarme muy fuerte y me sacó del desastroso lugar. “Definitivamente, esta es la peor injuria que me han hecho, ¿y a ti?” dijo mientras corríamos a casa.

Nadie nunca volvió a saber de los presentes aquella noche. Ni de el Barón mujeriego, ni del deteriorado duque, ni mucho menos del marqués codicioso. Todos se habían perdido en una riqueza imaginaria de la que no volverían jamás. Y yo por mi parte, no los extrañaba ni sentía celos de ellos, ese día encontré una riqueza mas grande que todas las monedas de oro del mundo, la riqueza de un pensamiento correcto.

 

 

 

Germán Romero:No tenemos miedo a enfrentarnos a un señor que es tan pobre que lo único que tiene es dinero. Cometerán ecocidio y genocidio porque contaminarán con mercurio nuestros ríos de donde bebemos agua

Discurso en contra de las Carlos Slim

 

 


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