Lapislázuli Periódico - Cuando lo sueñes, se hará realidad



 

Kueka Abuela.

Por: Yudit Cedeño

 

Eran las cinco de la tarde y había oscurecido abruptamente; nubes grises tapizaban el cielo, los árboles se mecían con tal fuerza que parecía iban a ser arrancados; remolinos levantaban polvaredas y cuantas cosas livianas en el aire; gruesas gotas de agua comenzaron a caer… la tierra olía… y la gente de a pie buscaba afanosa, espacios para guarecerse de la lluvia.

Amparo apenas logra entrar a la casa, cierra las ventanas y recoge lo que el viento derribó: -  Daniela  hija, hija estoy aquí.  Solo  silencio.

Con pasos agigantados busca a Roroima, la  joven estudiante universitaria, a quien renta una habitación, pero  estaba vacía. El pulso se  acelera, un  escalofrío  recorre la espina dorsal y el miedo la paraliza.

¿Dónde buscar? ¿Qué hago? ¿Espero un tiempo? Esas  y mil preguntas  se hace la madre en su desespero.

Decide esperar  la llegada del transporte que trae a la hija mayor, para  ir a los sitios frecuentados. Nadie las ha visto en esos lugares, ningún vecino las vio salir. Todo un enigma la desaparición de Roroima y Daniela.

Amparo decide ir hasta la sede de la orquesta sinfónica para ver si las compañeras de Daniela la vieron al terminar el ensayo, allí encuentra una pista, Roroima la buscó e inclusive vieron cuando ésta le llevaba el violín… pero más nada; desde ese momento y hará una semana de aquello, que ni las autoridades encuentran el mínimo rastro de ambas.

Amparo es una mujer alta, de contextura delgada, cabellera rizada; rasgos finos y delicados. Las líneas que asoman en el rostro son por las noches de trasnocho en el taller de costura. Ella es viuda, un terrible accidente cobró la vida del esposo; de eso hace un año.

Daniela con apenas diez años de edad, es una niña aventajada en las artes musicales; tiene una  hermosa cabellera negra que la madre teje a diario con esmero y adorna con cintas multicolores. Sus pómulos semejan la cerecita madura, te mira de tal manera, que cuesta negarle las cosas; es la segunda de dos hermanas.

Roroima cuenta los 19 años de edad, alta, piel aceitunada y con ojos color esmeralda. Al igual que la madre, pertenece a la etnia Pemón. El padre, un turista de no se sabe cual nacionalidad, llega a la Gran Sabana de excursión y se prenda de Natawai… un amor en torno al cual aún se tejen historias.

La etnia de los pemones son el grupo mas numeroso de la Gran Sabana, se encuentran esparcidos por el parque nacional Canaima; divididos en tres grupos: Arekunas, Taurepanes y Kamarakotos. 

Roroima nace en Kamarata, pueblo localizado en la Gran Sabana, en la margen izquierda del río Akanán al sureste del Auyantepuy, a unos 281 km de Santa Elena de Uairén. Es un lugar mítico donde los verdes se conjugan para colorear la sabana y los espíritus planean sus encuentros. La vía para llegar a Kamarata es principalmente aérea, aunque también se puede acceder a través del río, en trochas y canoa. Los Kamarakotos están distribuidos por todo el valle; son principalmente horticultores, pescadores y cazadores. Practican la agricultura itinerante de tala y quema, lo cual ocasiona daños irreparables a la capa vegetal; es la yuca el cultivo básico en su alimentación, de donde producen casabe y cachiri; también hacen hermosas artesanías, que resulta difícil sacar del lugar.

Una semana antes de desaparecer y como en otras épocas, Roroima es atormentada por visiones que se repiten noche tras noche.

-Heredaste el poder de premonición del abuelo, repetía en ocasiones Maurak, la abuela que llevaba nombre de río. Roroima

Se veía caminando por el pie de monte del Auyantepuy, a través de  sabanas y bosques hasta llegar al comienzo de una gruta, por donde corre un riachuelo que lleva a la entrada de la cueva. La parte más honda del río la cruza a nado y llega a  la cascada. Allí se le aparecía el espíritu de una anciana sabia que, sostenía un wekui en la mano, iba desatando los nudos de la cuerda uno a uno, y al terminar, le decía:
” El final está cerca, ve a la tierra de tus ancestros”.
- ¿El final de qué o quién?  Despertaba llorando.

Esa noche las dos muchachas durmieron en Ciudad Bolívar. Tenían hambre, pero no había suficiente dinero y comieron galletas con atún. Daniela estaba feliz, iba de paseo. Ambas ignoraban el drama que se vivía a escasa una hora de allí.

Abordan la destartalada avioneta que las llevaría a Canaima; cuando sobrevuelan el Auyantepuy, Daniela se asoma a la ventanilla; no podía dar crédito a la hermosura que estaba frente a sus ojos. Le parecía  que el salto se besaba con las nubes, el rocío, producto de la caída de agua, formaba un arcoíris multicolor,  rojo hacia la parte exterior y violeta hacia el interior. La niña queda absorta durante un buen rato, rendida ante tanta belleza.

A su llegada son recibidas por Umawaly Guarulla, un amigo de la etnia Baniva y estudiante de letras en la capital del país.

Toman la curiara. En el trayecto ocurre el encuentro con la fauna del lugar, animales desconocidos a los cuales Umawaly va dando nombres: terecayas, monos de cara rayada; una mariposa tomatico, color rojo y marrón se posa a un lado de la curiara; lapas, chigüires, osos hormigueros, entre otros. El joven Identifica el canto de las aves y le llama por sus nombres: gallitos de las rocas, campanero, colibrí, cardenalito, guacamayas rojas, pericos cara sucia y muchos más.

La niña pide a Roroima el violín e intenta reproducir los sonidos. Suaves notas melódicas se van integrando a los de la sabana. Así siguen su viaje por el zigzagueante Akanán, hasta el puerto fluvial de Kamarata.  Luego de diez minutos de caminata,  llegan al tan ansiado lugar. Pudieron venir en avioneta directamente, pero el padre de Roroima, tiene sus negocios con los dueños de la compañía que les transportó.

Lejos de allí, una Amparo angustiada no cesa de buscar. En los últimos días apenas si ha podido conciliar el sueño. La familia y los amigos, han apoyado la búsqueda distribuyendo fotos con el rostro inocente de Daniela, en todas las alcabalas del trayecto hacia el parque nacional Canaima. Se pregunta una y otra vez-
¿Por qué se la llevó sin decir nada?

Los jóvenes entran en la maloca o waipá, una “casa redonda con piso de tierra apisonada, paredes de bahareque y techos de palma y paja, con una o dos puertas de entradas y pocas ventanas”; hay muchas viviendas de este estilo que se levantan sobre la llanura que tiene de fondo al majestuoso Auyantepuy.

Natawai les recibe con la mejor de las sonrisas, pero hay tristeza en la mirada. La hija pregunta por la abuela y la madre responde, con la voz hecha susurro: el espíritu de la abuela está a punto de partir. Roroima se acerca al chinchorro de moriche. La abuela la mira y murmura: ”La tranquilidad de los pemones está en peligro, hay que recuperar a la Abuela Kueka”, y vuelve a sumergirse en la inconsciencia.

Daniela está feliz en la comunidad; junto con los otros niños ayuda a traer verduras del conuco. Le gusta ver como transforman la yuca en tortitas blancas y en harinas que llaman mañoco. En las tardes se reúnen con los mayores, que les relatan del encuentro y desencuentro de una mora enamorada de un cocuyo;  también de un cangrejo que jugaba a tirar sus ojos al mar y del tigre curioso que intenta lo mismo. El tigre pierde sus ojos y un zamuro lo ayuda a recuperarlos; el del rabipelado hambriento, con tanta pero tanta hambre que busca comerse una garza, un tucán y una gallina, pero todo queda en deseos.

Han transcurrido cinco días desde su arribo a Kamarata y al fin la abuela tiene una leve mejoría; Roroima la toma suavemente y la sienta para darle sus alimentos. ¡Que hermosa ¡ la mirada es como las aguas de la sabana. Dime abuela- ¿qué está acabando con la tranquilidad del pueblo Pemón?

-Todos los abuelos de la comunidad estamos con la tristeza metida en los huesos. Desde que se llevaron a la Piedra Kueka se desorientaron las estaciones para la pesca, para la recolección de los frutos; el abuelo, compañero de la Kueka está solo. La piedra es sagrada y al ser maltratada vienen lluvias fuertes y muchos truenos; soñé con la Piedra abuelo y él me dijo que iba a suceder algo malo.

Umawaly, quien se encuentra presente, pide a la abuela que le hable más de Kueka. él es de la etnia Baniva y desconoce la mitología del pueblo Pemón; sabe que con la anuencia del gobierno venezolano, un artista alemán de nombre Wolfgang von Schwazenfeld, se la llevó para un proyecto en el que pretendía activar energías para la paz del mundo; dejando al pueblo Pemón sin paz.

-Kueka, dice la abuela, era un joven Pemón Taurepam que fue en busca de la joven más bella de la comunidad Macuxi. Según las reglas de la comunidad, jóvenes de diferentes comunidades no podían casarse, pero a ellos no les importó y decidieron huir. Cuando caminaban agarrados de la mano y ya iban bien lejos, los encontró en la quebrada de Jaspe, Macunaima y les dijo que por desobedecer las reglas quedarían abrazados para siempre. Con un taren, Macunaima los convirtió en piedras y desde entonces permanecieron las dos piedras juntas, hasta que se llevaron una de las piedras y dejaron solo  a Kueka abuelo.

Roroima y Umawaly se comprometen a no dar tregua ni descanso a sus vidas hasta que la Kueka abuela regrese al lugar donde  Macunaima la dejó.

En la ciudad, Amparo recoge unas costuras de la mesa y encuentra una nota: “Algo grave está pasando en mi familia, debo ir hasta allá y como usted dijo que podía llevar a Daniela en el siguiente viaje, me la llevo. Usted sabe que ella sueña con conocer mi pueblo. No se preocupe, pues en una semana a más tardar, estaremos de regreso. Roroima.

La nota siempre estuvo allí, pero la angustia no la dejó ver. Respiró profundo y corrió al teléfono a llamar a familiares y amigos.

Esa tarde todos estaban felices en la comunidad, era sábado y la abuela estaba mejor; algunos hombres tomaban Kashire, otros conversaban y las ancianas contaban cuentos a los niños. Daniela estaba agradecida y quiso dar un regalo de despedida a los presentes. Toma su flauta y comienza a interpretar de Mozart, el solo del concierto para flauta en sol mayor; de Vivaldi, el invierno; y así sigue. Todo ha quedado en silencio; algunos niños mayores buscan las flautas de madera y tratan de seguir a Daniela. Luego interpretan su música indígena, con una maestría innata; la sabana es invadida por notas musicales y hasta las aves cantan. Como olvidar este lugar mágico, pensaba Daniela, y allí muy dentro del alma decidió guardarlo.

Umawaly y Roroima se casaron en el siguiente viaje que hicieron a Kamarata; como pudieron llegaron a Alemania y explicaron en  prensa y televisión la tristeza del pueblo Pemón por la ausencia de la Kueka abuela. Han asistido a cuanto congreso Internacional de pueblos indígenas, pero no ha podido cumplir el juramento a  Maurak, la abuela con nombre de río, hecho en el 1998 y Kueka sigue en el parque metropolitano Tiergarten, en Berlín.  

 

Diciembre, 2011.

 

 

 


 

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