Lapislázuli Periódico - Cuando lo sueñes, se hará realidad




JULIETA TIENE GANAS
Por: Esmeralda Zabala González

Es mentira, el baúl de los recuerdos no existe ¿para qué si ni a ti te importan?
Un baúl se puede abrir y sacar lo que hay dentro para ver y sentir los objetos que hay en éste,
Los recuerdos son diferentes, cuando los quiero sentir.... siento el vacío de algo que fue.
Un baúl se puede vaciar, mi cabeza por más que trate no, aún hay recuerdos que me roban lágrimas en la noche.
Eso fue lo último que escribió Julieta antes de olvidar que seguía viva, ella estaba como en un campo de guerra rodeada de grandes hombres y cadenas, ella no entendía por qué estaba ahí, en ese lugar tan frio.  ¿Qué quieren de mí? – Preguntó Julieta; -tu cuerpo, respondió una voz gruesa al otro lado de la habitación. Le excitó la idea; hacía mucho tiempo que un hombre o una mujer no tocaban su sexo,  pero como en las películas, se suponía que ella debería sentir miedo, rabia y asco de que algún “cerdo” la hiciera suya, pero no, ella solo quería sentir placer ¿Acaso es pecado sentirlo?
Recordó lo que no quería recordar, ella amaba a un mal hombre que según sus amigas no la merecía, porque él solo se la quería comer, así que Julieta, nuestra apasionada protagonista, ni le dio un piquito a aquel mal hombre ¿acaso existen los hombres buenos, pregunto yo?
Días antes ella se había propuesto ser una persona normal, la cual se enamoraría de alguien igual de normal a ella, pero en el fondo sabía que eso no era posible, no le interesaba, pero lo que Julieta sí quería era poder sociabilizar con el resto del mundo, sentirse aceptada entre su círculo social, pero por más que pensaba, ese maldito baúl de los recuerdos no le soltaba una pista para poder entender por qué de su soledad entre gente normal. Era claro que ella se sentía sola porque no podía decir lo que sentía por que esas cosas, como dicen las mamás, no se dicen, así que mejor callar a tener que decir cosas que ella no sentía.
Pero en ese momento ella si sabía lo que quería, ella tenía ganas de sentir la piel de aquel hombre que la tenía en aquella oscuridad. Tal vez él la habría drogado en algún café del centro de la cuidad y la llevó lejos de su rutina. Así que decidió hablar, total ella, desde hacía mucho se sentía muerta, por más dolor que le produjeran los encabezados de los noticieros o los golpes en el dedo chiquito contra algún mueble;
-quiero sexo, espero que esta incomodidad sea porque me tiene ganas y me va a coger. Dijo ella con voz desafiante.
-¿Eso es lo que quieres? Respondió una mujer justo detrás de ella;
Entonces sintió como su cuerpo por primera vez deseaba sentir a una mujer entre sus piernas.

 

 

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