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LA INCULTURA DE LA EDUCACIóN

Por: Martha Yaneth Ruiz. Lapislázuli Periódico

Existe una profunda paradoja en la cultura * educativa de nuestro país y nuestro tiempo.  Mientras el sistema educativo se ha propuesto desarrollar lo que se denomina la autoformación en los estudiantes a través de la llamada “Educación por competencias”,  en la sociedad predomina el énfasis del aspecto comercial.
Mientras en la educación media y superior se habla ya no del alumno (en griego; receptor de información) sino del estudiante; individuo protagonista de su aprendizaje, fuera de las aulas los jóvenes son receptores de estímulos (más que de informaciones) que parecieran absorberlos e inducirlos al facilismo.
Esta influencia no se da sin caldo de cultivo, pues encontramos que la estructura familiar se encuentra en caos, bien por  ausencia real y permanente de figuras guía, como por una presencia difusa de padres que tienen tiempo para todo, menos para sus hijos; en muchos casos porque no los planearon y a regañadientes pretenden cumplir con su tarea limitándose a acceder a los caprichos de niños y adolescentes que pretenden saberlo y tenerlo todo.
Así pues, confluyen diversas problemáticas cuyo resultado es un país sin pleno desarrollo a pesar de los innumerables recursos con los que cuenta. No los sabemos aprovechar, empezando por el capital humano. Para que se de un verdadero desarrollo es necesario, como diría el poeta Galeano, “celebrar las bodas del corazón y la razón”; aprender a enfocar nuestras habilidades hacia lo objetivo reconociendo la esencia del alma: su sentir. Para ello hace falta una consciencia colectiva del equilibrio individual y social que se puede obtener incluyendo desde la edad preescolar, un espacio en el cual el propio niño vaya descubriendo y reconociendo quién es y sus circunstancias. Una especie de terapia sicológica donde se vinculen sus seres más cercanos para que a la vez se trabaje en las realidades propias de cada círculo familiar. Dicho espacio, más que logros y calificaciones debería tener como resultado práctico la paulatina modificación de conductas mentalmente limitadoras, por acciones que desarrollen el potencial no sólo de la niñez sino de su conglomerado social.
Para que se den estos espacios, no es necesario esperar una política gubernamental, sino realizar un plan de acción que se puede ejecutar desde el seno de cada hogar, desde las comunidades, los centros religiosos, los hospitales, por qué no las bibliotecas públicas y ojalá, los medios de comunicación. En fin, desde cualquier agrupación de personas pre – ocupadas por el desarrollo colectivo tanto económico como moral de nuestro país.
Debemos, como sociedad replantear nuestros objetivos vitales. Debemos reconocer que las políticas rectoras del mundo son coordinadas en organizaciones globalizadas (Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, etc) las cuales, en lugar del bienestar del planeta, propenden por el mantenimiento de condiciones que favorecen más a unos pocos países, y a unos pocos empresarios. Por ello, es necesario determinar cuáles políticas han servido para que el país crezca, y cuáles están redundando en el consumismo, entendido como la adquisición de productos y servicios irrelevantes para una adecuada calidad de vida.
Se trata de un efecto producido por la influencia de discursos demagogo - publicitarios que hacen creer en el mito de la prosperidad fácil, traducido a la cotidianidad en gobiernos que desestiman las necesidades sociales; en instituciones que ante todo buscan lucrarse con el requisito, ni siquiera de una educación, sino de un cartón representante de la misma; de familias cuya meta radica en tener comodidades o por lo menos, aparentar un alto estatus social y económico. Mito traducido en muchachos faltos de autoestima quienes sobredimensionan el valor del dinero desperdiciando el tiempo que tienen para conocerse a sí mismos y aprender actividades que los ayuden a pulir sus talentos. En lugar de ello, pasan una parte fundamental de su vida alienados por la adquisición de avances tecnológicos y la búsqueda de belleza y relaciones falaces que los llevan por caminos sin sentido y en no pocas ocasiones, a convertirse en padres de familia también sin sentido, ya que no cuentan con recursos (biológicos, mentales y económicos) que ayuden a proyectar mejor las vidas de todos. Como consecuencia, ahondan el círculo vicioso de problemáticas como la descomposición familiar, la cesión de los deberes paternos y maternos a los abuelos, la drogadicción y la violencia.
No se trata pues, de reprimir la adolescencia retomando patrones de educación enfocados en el castigo y la memoria. Tampoco se trata, como se ha querido ver, de idealizar la niñez con teorías proteccionistas que no conllevan a un crecimiento consciente; sino a formar personas materialistas y carentes de valores. Se trata más bien de aprender conjuntamente a reconocernos como seres humanos y como sociedad, descubrir las potencialidades que tenemos como seres senti-pensantes, y aprender a reconocer que las herramientas existen para que las usemos a favor de nuestra evolución integral y no para convertirnos en esclavos de ideas materialistas con la consecuencia del caos espiritual individual y colectivo.

*  Entendiendo cultura como la combinación de variables que van desde las directrices políticas que imparte el establecimiento, hasta las propuestas particulares desde las cuales se llevan a cabo la transmisiones  de conocimiento-saberes en una sociedad.


 

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