Lapislázuli Periódico - Cuando lo sueñes, se hará realidad



 

Una historia Singular

Víctor Hugo Gajardo Olivares 

(Valparaíso, febrero de 2008)


Todo comenzó en el Pub La Playa, al finalizar mi participación de Lecturas Poéticas de día Miércoles, cuando decidí compartir un rato con los amigos. En ese instante fue que decidí emprender rumbo a casa. Así  que salí del local en esa dirección con lo que cuando llegué me puse a escribir.
La madrugada corría, con los párpados rendidos lo que al caer dormido, un sueño me llevó a recodar algunos pasajes existenciales. Comenzando una especie de cronología de toda una vida:

"Era Agosto de 1964, María Angélica, estaba de cumpleaños, pocos meses antes, su familia había inaugurado su casa.
Ella era una gran niña, destacada en la escuela, buena amiga y muy tierna con sus familiares más cercanos.
Aquel día pidió un deseo, ya que la calidad de hija única. La hacía sentirse muchas veces aburrida y deseaba tener un hermano para no estar tan sola.
Fue así, que esa noche, al retirarse sus amigos de tal festejo, llama a sus padres al dormitorio y con la ternura que toda niña posee. Cuenta lo que había deseado.
Pasaron los meses madre e hija paseaban por Playa Ancha. Cuando las primeras molestias permitieron presentir los deseos de la pequeña.
Acababa de llegar su padre Manuel del trabajo. A quien le comenta lo sucedido. éste muy preocupado acude a hablar con su esposa Mery quien confirmó los dichos de la niña.
Esos síntomas eran de embarazo, pero no bastaban con suposiciones. Necesitaba la opinión de un médico. Lo que decidió llevarla a la consulta. Una vez que el doctor la examinó reunió a la familia para confirmar las nuevas buenas.
Todo iba por buen camino pero meses después. El jefe de hogar es operado de una Apendicitis. Esta preocupación causó contracciones más frecuentes en su mujer debiendo hospitalizarse de urgencia.

Una vez que la ingresaron a la Sala de Partos. Debió esperar por no tener una dilatación adecuada. Puesto a esto, se le inyectó una sustancia que permitiera adelantar el parto. Sin embargo, la bolsa fetal había reventado conmigo en su interior. No obstante, me asfixiaba sin que los médicos pudieran actuar. 
Días en incubadora hicieron preocupar al grupo familiar, por lo que fueron en mi busca. Una vez en el hospital, les comunicaron las dificultades existentes a consecuencia de una Parálisis Cerebral. A pesar de todo regresaron junto a mí a casa.
Sin embargo, mi mamá decide contactarse con especialistas quienes pudieran ayudarnos proponiéndose  así, luchar por mi mejoría.
Agotadoras horas de hospital, terapias y todo lo que se podía realizar terminaron con resultados mínimos.
Segundos tras segundos, minutos tras minutos, horas, días, semanas, meses, años. Mi madre, eterna  luchadora, no descansaba y su única meta era encontrar alguna cura para mí.
Mi hermana, transitaba de la casa a la escuela y de la escuela a la casa ignoraba lo que pasaba. Mientras confusión e impotencia sentía nuestro padre.
A fines de los sesenta, comenzaba a dar mis primeros pasos, pronunciaba mis primeras palabras. Lo que era muy gratificante para mi madre, puesto que fue posible matricularme en una escuela de educación especial. Donde aprendería hábitos de uso cotidiano los que me serviría en mi vida diaria.
Mi padre, quien por el trabajo que desempeñaba pudo implementar algunos aparatos los que ayudaron en mi rehabilitación.
Mi hermana me acompañaba en mis paseos por el barrio. Donde era bien acogido por los vecinos y niños quienes me demostraban su amistad.
A fines del año 1973, fui promovido a continuar mis estudios en una escuela de educación común, ya que había alcanzado un desarrollo para continuar con un aprendizaje normal.

 

Por el contrario, debí proseguir con mis tratamientos. Frecuentando  salas de terapia e inmediatamente trasladarme a otras sesiones de rehabilitación cumplir con las tareas de la escuela y prolongar los ejercicios físicos en casa.
El tiempo avanzó con sus altos y  bajos. Mi hermana deseaba verme sano para que todo esto terminara de una vez. Mientras mi madre se esmeraba por rehabilitarme.
A mediados del 1977, mi padre nos abandona. Mi hermana se retirara de sus estudios y yo repetí de curso. Con lo que caemos en una profunda crisis familiar.
A comienzos del 1978, mi mamá entra a trabajar en la escuela donde estudiaba. Mi hermana entró a realizar un curso de Auxiliar de Párvulos y mi papá nos frecuentaba regularmente preocupándose que no nos faltase  nada.
A mediados del 1979, mi hermana hace su práctica profesional en la misma escuela donde estaba culminando mi enseñanza básica y trabajaba nuestra madre.
En 1981, fue mi licenciatura de octavo año básico. Y como tenía que cambiarme de establecimiento para seguir con mi Educación Media. Mi  mamá determinó renunciar a su trabajo y emprender su camino de microempresaria arrendando piezas a jóvenes universitarios del sector.
Paralelamente, los médicos decidieron operarme con la intención de corregir mi caminar. Opción que no tuvo éxito, empeorando aún más mi andar.
En 1982, ingresé a la Enseñanza Media en un distinguido Liceo de Playa Ancha (Liceo 2 de Hombres) en el que solo estudié dos años. Pues, por mi edad avanzada debí seguir mis estudios en la jornada nocturna. Fue ahí donde desarrollé mi interés por el ajedrez y la poesía.
Desde 1984, y en medio de un receso estudiantil de un año, es donde empiezo a frecuentar la Asociación Regional de Lisiados de Valparaíso. Lugar en que agrupa a personas con discapacidad de la zona y por la cual trabajé un corto periodo de ocho meses. Tiempo suficiente para visualizar lo que sucedía a mí alrededor y la de mi país.
En 1985, resolví terminar mis estudios con lo que me matriculé en dicha jornada. Donde en el transcurso de dos años logré finalizar mi enseñanza media. Enseguida de esto y sin preparación alguna rendí la Prueba de Aptitud Académica con resultados muy bajos.  
En 1986, entré a un Instituto de Educación Técnico Profesional a estudiar Programación de Computadoras donde alcancé a estudiar dos semestres. Pues ahí es donde comencé a escribir versos sueltos.
En 1987, ingresé a realizar un curso como Operador de Computadoras con la base anterior. Logré sacar buenas calificaciones y un amigo locutor de radio. Me consiguió una beca para continuar mis estudios informáticos. Pero nuevamente caigo en una depresión producto de no poder encontrar trabajo. Puesto que no veían mis capacidades sino mi apariencia.
En 1990, inspirado en la cultura latinoamericana y esencialmente en el nacimiento de mi sobrino, me dedico únicamente a la literatura. Es así que circundo por talleres literarios, encuentros poéticos y concursos de poesía. Un estudiante del Bellas Artes, me presenta a un poeta quien me otorga un espacio para montar un recital poético donde muestro mis trabajos.  
En 1995, el Fondo Nacional de la Discapacidad, hace un llamado a todas las personas con discapacidad quienes deseen  estudiar computación y adquirir así, una fuente de trabajo. De esto obtengo la máxima calificación pero mis perspectivas de trabajar fueron muy remotas. No tanto para mí, sino también para los que participaban del proyecto.
Acostumbrado a esto, seguí con mis proyectos literarios sin mayores inconvenientes.
Por otro lado, envié una carta al Diario exponiendo mi caso y solicitando que me ayudaran a conseguir un computador para trabajar en mi casa realizando escritos a los estudiantes universitarios del lugar.
En agosto del 1997, a través de un programa de televisión, escribí otra carta manifestando ser en lo posible una experiencia de vida para exponer. La respuesta no alcanzó demora alguna. Lo que logré asistir a una entrevista en los estudios del canal Megavisión. Sin saber que como sorpresa me tenían preparada una publicación en un sello editorial y un computador de última generación.
A fines del 2000, después de un extenso trabajo de autogestión publiqué mi segundo libro de poesías y estrené una obra teatral cuyo guión me pertenece.
Desde 2001, participo en diversos talleres literarios y encuentros de escritores. Divido mi tiempo entre la poesía y en organizaciones de discapacitados. Mis escritos son publicados en antologías y poco a poco logro insertarme en el quehacer literario de la región.
A mediados del 2002, ingreso a la Sociedad de Escritores de Valparaíso y a la Agrupación de Poetas Itinerantes del Parque Rubén Darío. Donde soy socio activo, participando hasta el día de hoy de todas sus actividades y publicando en sus antologías".

Eran ya las diez de la mañana, con lo que despierto, después de una noche de tertulias literarias. Comenzando así, un nuevo día para continuar con mi vida.

 

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