Lapislázuli Periódico - Cuando lo sueñes, se hará realidad



Figuras femeninas en las leyendas chilotas: los imaginarios de mujer y fertilidad en la Pincoya y el Trauco como resultado de un sincretismo cultural.

Autores : Javiera Gallardo Jara
Natalia Muñoz Lizana

 

Leyenda viene del gerundio latino legĕre (lo que debe ser leído). Las leyendas son ficciones narradas que hablan de tradiciones y orígenes de pueblos, suelen transmitirse de manera oral, a través de generaciones, de ahí tantas versiones sobre las mismas. Las leyendas se relacionan con imaginación y situaciones maravillosas, sin embargo, se desligan de situaciones verdaderas, enmarcándose en lugares, personajes y situaciones específicas. La gracia de las leyendas es que están arraigadas en cosmovisiones, idiosincrasias y mentalidades de un pueblo, configurando la manera en cómo los habitantes del lugar las entienden y las recrean, haciéndolas partícipes de su cotidianeidad.

 

Chiloé, archipiélago al sur de Chile, se caracteriza por la magia y el encanto de sus tierras, las construcciones con madera, sus iglesias, sus casas en el agua sobre palafitos, la cordialidad de la gente, pero sobretodo por sus infinitas leyendas. La cultura chilota es muy híbrida, tal vez por ser el último bastión en Chile de la invasión española en 1826 , quizás por su zona geográfica, su clima. Chiloé se ha construido de tradiciones sincréticas en las que habla de sus costumbres y su apreciación de la vida. En esta ponencia nos enfocaremos en dos leyendas chilotas  “la Pincoya” y “el Trauco”, las cuales tienen como característica común los imaginarios sobre mujeres, las ideas de fertilidad y su relación con la naturaleza. Como un primer nivel de análisis pretendemos aplicar la dicotomía nietzscheana de lo apolíneo y lo dionisiaco, para sumarla a un segundo nivel de análisis que dice relación con el sincretismo adquirido por la invasión española

La figura de la Pincoya, con su cuerpo hermoso y desnudo es la deidad de la fertilidad del océano. Cuenta la leyenda que la Pincoya nació en la laguna Huelde, ubicada a cuatro kilómetros de Cucao, se dice que es una mujer bella de tez blanca ligeramente bronceada, cabellos de oro y que de la cintura hacia abajo, tiene la forma de un pez. A veces anda acompañada de su marido, el Pincoy, el que también es rubio.

La misión de la Pincoya es fecundar los peces y mariscos, de ella depende la abundancia o escasez de estos productos, los atrae o los aleja. Cuando un pescador la ve de mañana surgir de las profundidades del mar y esta danza en la playa mirando hacia el mar extendiendo sus brazos, hay alegría en todos, porque este baile es anuncio de pesca abundante. Si danza mirando hacia la costa, alejará los peces. La Pincoya hace este baile al ritmo de una canción extraña y bella que canta el Pincoy.

Para ser favorecido por la Pincoya, es necesario sentirse feliz, por eso los pescadores se acompañan de amigos y amigas alegres y reidoras. De ahí, es que los lugareños a modo de ofrenda hacen bulliciosas fiestas. Si  la Pincoya no favorece con pesca a un lugar, quiere decir que ha arrastrado la abundancia a otros más necesitados.

Si se pesca o marisca con mucha frecuencia en el mismo lugar, la Pincoya se enoja y abandona aquel frente, que luego queda estéril .

La figura de la Pincoya, remite las sirenas propias de la tradición griega, estos seres mitad mujer hermosa y mitad pez que encantaban a los hombres con su canto, por las que Ulises tuvo que tapar sus oídos y amarrarse al mástil de la embarcación. Es posible que la Pincoya, como figura, venga desde estas tradiciones, traídas por los españoles o nazca como una forma de unir la mujer (símbolo de la fertilidad) y el mar (principal fuente de recursos del archipiélago).

 

Mientras los seductores bailes y cantos de las sirenas griegas llevan a los hombres a las profundidades del mar desde donde nunca más volverían, la Pincoya lo nutre volviéndolo fértil y provechoso para la pesca.

 

Dentro de la cultura chilota, la Pincoya es un personaje de relevante importancia, ya que gracias a esta figura se lleva de buena manera la prosperidad o escasez de peces y mariscos, por otro lado, se evita la sobreexplotación de las zonas de pesca, por el temor a enojarla.

 

Para lograr que la Pincoya dé fertilidad al mar, debe estar contenta, es por eso que los pescadores hacen alegres fiestas, con guitarra y acordeón (instrumentos  para los que el chilote tiene gran talento) donde se baila refalosa, pericona y sirilla, bailes heredados de la tradición española ,  este llamado a la fertilidad del mar mediante la fiesta se puede asociar al eje dionisiaco que plantea Nietzsche:

“Bajo la magia de lo dionisiaco, no solo se renueva la alianza entre los hombres, también la naturaleza enajenada, hostil o subyugada, celebra su fiesta de reconciliación con su hijo perdido, el hombre. La tierra ofrece sus dones, y los animales rapaces de las rocas y del desierto se acercan pacíficamente. De flores y guirnaldas está recubierto el carro de Dionisio: bajo su yugo avanzan panteras y tigres.

Bajo esta perspectiva es el mismo hombre chilote quien en su unión al Uno primordial, en el acto de la fiesta, logra fertilizar el mar, alegra a la Pincoya aliándose, en un acto dionisiaco a su significado de alegría y fertilidad. 

Desde el planteamiento nietzscheano, podemos  ver la figura de la Pincoya como la de la Madre, de la naturaleza.

Nietzsche (2005:93) nos dice “(…) al místico grito de júbilo de Dionisio, queda roto el sortilegio de la individuación y queda abierto el camino hacia las Madres del ser, hacia el núcleo más íntimo de las cosas.” La unión del hombre con la naturaleza lleva hacia la Madre del ser, en el caso de los chilotes, podemos decir que esta Madre es el mar, no es inocente que los pescadores se refieran a él de forma femenina, es decir que le llamen “la mar”, esta Madre mar, entrega sus dones, el alimento y el trabajo del hombre, por la unión que alcanzan mediante el acto dionisiaco de la fiesta, que se ofrenda a la Pincoya.

Por otro lado, el Trauco es un hombre pequeño, que no mide más de 90 cms., de rasgos toscos, un rostro feo, aunque con mirada dulce; tiene muñones en lugar de pies. El Trauco habita en los bosques cercanos a las casas chilotas, con un bastón retorcido llamado Pahueldún, y un hacha de piedra. Posee una fuerza descomunal, utiliza un sombrero cónico y ropa hecho de una planta trepadora. Su origen es incierto, aunque se dice que sería un hijo de la serpiente mítica Caicai, nacido de la unión de la rabia que sintió esta serpiente hacia los seres humanos, y de la ingratitud de los hombres hacia el mar.

El Trauco busca doncellas o mujeres solteras, atractivas, a las que engatusa. Con el hacha el Trauco derriba árboles hasta desorientar a las mujeres, luego las paraliza con la mirada y a través de su Pahueldún sopla suavemente su aliento, el que provoca un amor inmediato, a pesar de su fealdad.  Hechizadas, las mujeres se internan en el bosque y tienen relaciones sexuales con él. Cuando no halla sola a la mujer, le envía sueños libidinosos, en los cuales se transformaría en un joven apuesto.

Los cuerpos de las mujeres atacadas por el Trauco se van transformando, y luego de nueve meses nace su hijo. Lo interesante es que una mujer que se encontró con el Trauco no oculta su embarazo, no es pecadora, sino víctima, violada, ultrajada. Con esto se entiende que ninguna mujer soltera está libre del ataque sexual del Trauco, por lo que socialmente no afecta a la madre ni al hijo, ya que, de por medio, existe el agravio de un ser mágico.

De buenas a primeras, la impresión que queda es que las mujeres que están solteras conjeturan a este ser para ocultar su embarazo y así evitar la humillación social en una sociedad machista en donde las imágenes de pecado tomaron un fuerte auge, producto también de las misiones circulares que los jesuitas hicieron por la isla, no obstante, como solo pasaban una vez al año, los chilotes se encargaron de unir la tradición propia con lo que se les imponía. El resultado de esto, es también el espacio que ellos se dejaron para imaginar e ir concibiendo  ideas católicas con sus tradiciones, en gran parte Huilliches.

De esta manera, el Trauco es una idea muy mezclada de cómo se fueron concibiendo los pecados y cómo la mujer fue adquiriendo un papel muy particular en el que se entrecruzaban normas y convenciones de convivencia. La sociedad armó las circunstancias, el hombre asumió también un rol, la mujer creó a un personaje que afirmaba cierta valoración social y cultural; lo que conlleva a una inevitable visión de género que se relaciona estrechamente con la percepción que se tiene del cuerpo y así también de la proyección de este, por ejemplo, con la maternidad y la sexualidad. En cuerpo no es solo algo físico, sino que también es un medio que ayuda a la construcción de identidad, y la valoración que le otorgamos a esta es indispensable a la hora de enfrentarse a sucesos de vida.

El  cuerpo es una fuente de emociones, sensaciones, de mensajes, es uno de los más grandes lenguajes que poseemos, ya que nos descubre o manifiesta lo ignorado, lo secreto. El cuerpo y nuestra mente son elementos que están íntimamente relacionados, así que vivir sola una situación tan sancionada evidentemente física podía ser frenada por la concepción de este personaje tan particular.

Por todo lo anterior, las connotaciones del Trauco se modificaron, y datan los primeros esbozos que existen de él, que era un guardián del bosque, y que se le aparecía a las personas que descuidaban o violentaban los recursos naturales sin tener conciencia de la importancia de la naturaleza.

Puntualmente existe un hecho histórico que ayuda a la construcción del Trauco con el carácter maligno y es la Goleta Ancud, primer buque de guerra chileno, que intentó llegar hasta la provincia de Magallanes; partió desde la isla grande y se llevó prácticamente a todos los hombres que estaban en edad de trabajo, adolescentes fuertes y adultos, muchos no volvieron, los que sí, se encontraron con que muchas mujeres que habían quedado en esa isla de mujeres, niños y ancianos, fueron atacadas por el Trauco, el cual se aprovechó de las circunstancias de soledad y desamparo en el que se encontraba el paraje. Su identidad, entonces, se hizo más fuerte, su figura se relacionó con el hombre malo y feo que propagan las leyendas, no obstante, muchos chilotes fueron hijos del Trauco, nietos de su maldad, por lo cual se le respeta en su espacio del bosque.

Otro hecho atractivo es que el Trauco solo ataca a mujeres pulcras, aseadas, lo que ayuda a establecer la imagen de santidad e ingenuidad que tiene la mujer que queda embarazada del Trauco. El Trauco es combatible, existen protecciones contra su mal, como fregar en el cuerpo de las mujeres excrementos para que den la imagen de inmundicia o colocar arena en una fuente, porque el Trauco es un obsesivo que cuenta grano a grano la arena y se olvida de su víctima.

A diferencia de la Pincoya, el Trauco, pese a su maldad, se podría asimilar al eje nietzscheano de lo apolíneo. Recordemos que Apolo es el dios del genio transfigurador del principio de individuación “Se podría decir de Apolo que en él han alcanzado su expresión más sublime la confianza imperturbada en ese principium y la tranquila existencia de quien se halla cautivo en él” (Nietzsche 2005; 22).

El Trauco mediante el sueño en el que hace caer a las mujeres para abusar de ellas, viene a romper la armonía del Uno primordial, llevando el principio de individuación, que para Nietzsche, se manifiesta en un “mesurada limitación” entre la imagen onírica y la apariencia que se presenta como burda realidad.

Por todo lo anterior, consideramos trascendental la manera en que se abordan las leyendas, debido a que son los imaginarios de pueblos, que nacieron, se mezclaron, se significaron y reeditaron hasta configurar estas situaciones que deben apreciarse como parte  de un todo en el que no existe lo falso ni lo verosímil, ya que las leyendas son reales y se aprecian desde una razón que adquirió nuevas miradas, alejando visiones binarias y limitantes. Podemos ver como la construcción de estas leyendas pueden ser vista desde una técnica de análisis tan propia de la visión eurocentrista, como es la dicotomía nietzscheana de lo apolíneo y lo dionisiaco, que nace para explicar la tragedia griega, y que sin embrago explican estas leyendas hijas del sincretismo producido por la invasión española.

 El Trauco y la Pincoya nos explican las visiones  que tienen los chilotes sobre las ideas en torno a la mujer en cuanto a su relación con el pecado, la fertilidad, la alegría o desdicha.

 

Bibliografía

Abbagnano, Nicole: Diccionario de Filosofía. Edit. Fondo de Cultura Económica, 1ª edición en Español, México, 1963.

Nietzsche, Federico: El nacimiento de la tragedia. Editorial Centro gráfico. 1° edición, Santiago, Chile. 2005.

Plath, Oreste: Geografía del mito y la leyenda chilenos. Editorial Grijalbo, 8° edición.Santiago, Chile. 2003

  1. Real Academia Española: Diccionario de la lengua Española, 23ª edición, 1992.

Vidal Miranda, Isabel: Folklore, mitos y leyendas del archipiélago de Chiloé. Editorial Mito, 1° edición. Santiago, Chile.1976

 

 

 

Real Academia de la Lengua Española, s.v. leyenda

Isabel Vidal Miranda. Folklore, mitos y leyendas del archipiélago de Chiloé.  Pág. 13

Oreste Plath, Geografía del mito y la leyenda chilenos. Págs. 322-323

Isabel Vidal Miranda, folklore, mitos y leyendas del archipiélago de Chiloé.

Federico Nietzsche, El nacimiento de la tragedia. Pág. 23


 

 

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