Lapislázuli Periódico - Cuando lo sueñes, se hará realidad



Estado infantil con-sentido en aroma de café

entro de los juegos y exploraciones que asistimos con el maestro Alberto Lozada, encontramos "Estado infantil con-sentido en aroma de café" internvensión en la que a través de la manipulación de materiales amigables y nobles con el medio ambiente, se de una aproximación al acto sensitivo.

Ya no es la palabra y el juego escenico el que nos convoca, tal como habíamos presenciado en SUSURRO DE TERNURA, sino en la evocación y recreación de ese presente que se constituye como una obra de arte del ser humano, y se vuelve un referente cuando lo miramos a la distancia en el tiempo.

Justamente en el tiempo es que reconocemos el estado de Infancia como elemento común que atraviesa las obras de este artsita al elaborar procesos no inductivos en la creación y permitir la exploración íntima y genuina, tal como se daría en el que reconocemos "juegos de niños".

Pero mientras el mundo se recrea, no es digno tomar una posicion pasiva, por lo que mientras el artista explora con los materiales, poco a poco los observadores que miraban extrañados comienzan a participar, a crear a jugar, y hacer parte de esa experiencia transformadora.

ARTE CON COMPROMISO POLITICO

miércoles, 18 de abril de 2012.

 

Estado infantil con-sentido

y aroma de café

 

Por: Carolina Aldana García – ágora Taller

 

El pasado 9 de abril, en un lugar de la Plaza de Bolívar, miles de visitantes  sintieron curiosidad por la niñez. Desde muy temprano el olor de un aroma conocido despertó  el interés de los funcionarios del Distrito que organizaban las carpas de cada Secretaría, de los técnicos que instalaban el sonido y de los escuadrones de policía que se preparaban para la primera jornada de homenaje a las víctimas en Colombia.


Todos miraban con asombro  a un hombre  alto, vestido con el tricolor nacional y tenis blancos que a pocos metros de la entrada del Palacio de Justicia abría bolsas de tela que contenían residuos o cuncho de café; este material orgánico cubría juguetes usados de distintos colores y tamaños que luego de limpiarlos cuidadosamente con un pincel,  sirvieron para que niños y adultos recordaran el tiempo en que se jugaba con objetos, se contaban historias o se huía de ellas.
Este performance o acción escénica denominada Estado infantil con-sentido y aroma de café,  fue creado  por el artista Alberto Lozada,  pero en ella participaron más de 500 personas que durante nueve horas fueron parte del proceso de elaboración, afectando con esto la obra, la propuesta del artista y el comportamiento de muchos más ciudadanos en un espacio público.

Desde hace dos años Alberto  elabora  mandalas,  figuras que a partir del  círculo sirven para concentrar la energía del ser, para evocar emociones y reflexiones que inquietan la existencia de las personas. Las primeras figuras representaban sus inquietudes artísticas y sus deseos personales. “Me preocupa la memoria infantil como un estado, no como una etapa. Un estado son momentos cargados de emociones propias del ser humano como la alegría, la ternura, la rabia, el desconsuelo, la contemplación”. Por lo tanto el estado infantil no puede limitarse a un período de la vida de las personas.

Pero en realidad, este trabajo empezó hace más de veinticinco años en Bucaramanga, su ciudad natal, en donde Alberto con otros jóvenes, desarrollaba actividades lúdicas denominadas Arte y Juego y que consistían en transformar repentinamente espacios públicos con espectáculos de danza, acrobacia, teatro y otras manifestaciones del arte que no sólo divertían sino que llamaban la atención de los transeúntes sobre las condiciones sociales que tanto inquietaban a los artistas.  
Por fuerzas externas Alberto y sus compañeros dejaron la capital santandereana. él se vino para Bogotá y aquí hizo un camino propio a través de la narración oral, los títeres y el teatro para niños. En sus múltiples búsquedas para hablar menos y conmover más, encontró en los materiales orgánicos una oportunidad: “Tanto lo orgánico como la infancia son igualmente inofensivos. La curiosidad en la infancia es inofensiva y el material orgánico puede ser usado nuevamente para abonar la tierra o para producir otros materiales con menor impacto ambiental”, sostiene Alberto.


En 2010, cuando ingresó a ágora Taller, Alberto  compartió con el grupo su inquietud sobre el estado infantil y su lugar en las discusiones sobre memoria histórica y memoria colectiva que se daban en el país. Para esto, echó mano del cuncho del café que  representa nuestra identidad y los juguetes, como medios para responder preguntas sobre las huellas del conflicto social, de la ternura, del campo, del juego,  de la televisión o la ciudad, en la vida cotidiana de los colombianos.
 
¿Cómo se hizo?
En marzo de 2012 ágora Taller fue invitada a participar en una mesa de organizaciones que a instancias del Centro de Memoria Histórica, Paz y Reconciliación del Distrito, prepararían conjuntamente varias actividades para conmemorar el 9 de abril,  establecido por la ley 1448 de 2011 como el día Nacional de la memoria y la solidaridad con las víctimas.



En este espacio ágora Taller propuso llevar a la Plaza de Bolívar  la acción escénica sobre memoria del estado infantil. Así, durante un mes, los amigos convocados por Alberto  respondieron rápidamente los mensajes electrónicos en los que solicitaba juguetes que ellos o sus hijos ya no usaran. Las cafeterías en distintos sectores de Bogotá, aceptaron la invitación del artista y decidieron regalarle diariamente el cuncho de café que antes tiraban a la basura.  
Luego de ventilar  unos veinte kilos de material orgánico en la azotea de su casa, Alberto empezó a diseñar mandalas en los que colocaba juguetes al azar, según su estado de ánimo o de meditación. Al terminar varios ejercicios concluyó que no quería hacer este proceso de creación solo y por eso pensó que los mandalas debían estar en los espacios públicos con los habitantes temporales de parques, plazas o calles que se vieran provocados a participar en la elaboración de cada obra como en efecto sucedió en el Park Way, en la Carrera Séptima el 8 de abril cuando se lanzó la Campaña Gaitán Vive en el Siglo XXI, hasta llegar a la Plaza el día previsto.  
Todas las personas han jugado alguna vez
Hacia las diez de la mañana de aquél lunes nublado en Bogotá, los primeros en llegar al sitio donde Alberto dibujaba círculos con el cuncho de café, fueron dos policías que estaban preocupados  por el tiempo que duraría la acción artística.


-          En una hora llegan los primeros manifestantes y entonces le toca levantar todo.
Fue entonces cuando Alberto les explicó que no importaba si al llegar a la Plaza la gente le causaba algún daño al performance.
-          Será un poco decepcionante, pero fíjate que si eso sucede también veremos si las personas insisten en dañar  la infancia sin detenerse a apreciar lo que está aquí.
-          ¿Y si llueve?
-          Es igual, la lluvia también transforma el espacio y eso tampoco lo vamos a evitar.
Al medio día ya habían pasado los primeros visitantes que con pancartas empezaron a llenar la Plaza de Bolívar, ni viejos ni jóvenes pasaron por encima del círculo. Los rostros cambiaban del cansancio a leves sonrisas activadas con preguntas sobre: ¿qué es?  ¿Por qué?,    ¿qué juegan los niños?.  Y entonces nuevamente los dos policías de las primeras horas volvieron a buscar a Alberto:
-          ¿Qué  significan esas figuras? ¿Para qué lo hace?
-          Esto es un ejercicio de memoria; es un círculo de la palabra que empieza con el café,  la gente observa, habla; si quiere se involucra, pone los juguetes donde desee o nos  responde una pregunta sobre las  memorias que le despierta el café en sus vidas. Así que ustedes también podrían participar.
-          Ah, pero esto no es memoria, memoria es una fotografía como las que están en esa parte de la Plaza, insistió el segundo agente.
Y cuando Alberto iba a seguir la conversación, el primer agente, quizás el de menor edad le respondió:
-          Yo sí creo que esto sí es memoria. Miren lo que hacen los señores: ponen muñecos, animales, soldados en un lugar como abandonado, eso es también lo que somos o no?
En la tarde, el público que visitaba varias de las Galerías de la Memoria ubicadas desde el Jorge Eliécer Gaitán, la Plaza Umaña y el Parque Santander, llegó a la Plaza de Bolívar con un entusiasmo por saber qué sucedía allí. Más palabras, más caras de adultos sorprendidos, más niños y niñas alrededor de la escena recordaban que todo ser humano ha jugado alguna vez:
-          Esto es muy bonito… Huele delicioso ese café, me recuerda los juegos en la finca de Popayán... Uy, hace tiempo no veía una perinola ni un trompo… Los niños de ahora no juegan…  Todo es ver televisor o estar con el computador y mientras tanto los juguetes por allá arrumados… 
-          ¿Y los adultos? ya no cuentan historias como antes… ya no jugamos… yo no me puedo agachar… yo no tuve infancia, todo fue trabajo… Es que la violencia nos ha cambiado mucho… Cambió el campo, la ciudad, pero nunca hablamos de lo que nos duele… ni de las cosas pequeñas que nos hacen felices. Uno debería hacer esto en la casa,  sacarles los juguetes al patio para que los pelados jueguen… y uno también…

-          Es interesante lo que hacen pero hay muchos juguetes gringos… Y usted, ¿para qué hace esto?... ¿Es de la Alcaldía?, ¿le pagan?... increíble porque esto es muy bueno…  lo van a llevar a Bosa?

 

   

Al terminar la tarde y  mientras Alberto recogía con ayuda de los amigos de ágora Taller todo el material usado,  el corazón le palpitaba más de lo normal: había hablado más que cuando contaba cuentos, había regresado a los espacios públicos con obras temporales en las que se involucran los amigos reencontrados, los transeúntes, las memorias de grandes y chicos se habían encontrado, caminaban por un presente cargado de ternuras.

 

 

 

 




Sobre las cinco y media cuando en la Plaza de Bolívar empezaba el concierto en honor a las víctimas,  los dos  policías le llevaron a Alberto un refrigerio, se despidieron con un apretón de manos y unas palabras imposibles de creer en la mañana: Qué bien que todo les salió bien.. y sin ningún problema ¡gracias!.

 

CAG. Bogotá, 16 de abril de 2012
 

 

Al iniciar el proceso de creación de Susurro de Ternura, permití, como en la mayoría de mis creaciones, que el azar y el juego fueran la constante, pero además desde la sencillez de los elementos quise confrontar aquello que Bachelard menciona sobre la miniatura como "uno de los albergues de la grandeza" y esa miniatura la interpreto también como aquello pequeño que al detenerse, detallarlo y reconocerlo se transforma y nos deja percibir la grandeza de su interior o lo que potencialmente puede llegar a ser, ¡algo gigante!. Desde esta noción ningún espacio, objeto o sensación pasan desapercibidos.

El espacio, objeto, situación, sensación, percibidos desde lo real, van y vuelven, pasan al imaginario, se recrean allí y regresan a la realidad cuando los reclamo para este espacio-tiempo concreto donde son, ahora, parte de una otra realidad, matizada por el ensueño y la poesía.

Entonces todo pasa de lo real a la imaginación y de allí a lo concreto del espacio, la forma, el texto o el objeto. Desde mi cotidiano tomo los objetos: un libro, un lazo, una tela, un columpio, un barco; los personajes: una pajarita, una mamá, un amigo; las situaciones: esperar un bus, mirar al horizonte; las acciones: jugar, aplaudir, observar; las sensaciones como liviandad, tranquilidad, desespero ... recojo todo esto en el zurrón de mi cerebro, los hago desfilar en mi imaginación y los busco uno a uno, físicamente, los distribuyo en el espacio sin mayor pretensión, ni dirección, pero con un alto nivel de conciencia en el valor real de cada uno, en su ser objetivado.

Incluyo hasta mi cuerpo en este momento, lo "creativo" en mi surge de la observación de realidades que re-habito y re-hago, entonces un zapato se vuelve barco, un barco se me muestra como un caballero, un sonido es un avión, una pierna es un caballito de mar, un muñeco vuela como mariposa, la toalla es una nube de caramelo... y así lo que antes del juego era tan solo una habitación de 3 x 2 metros cuadrados ha sido transformado por los objetos.

El espacio ha dejado de ser un cubo de "cuatro paredes" para convertirse en una posibilidad dramática, musical, plástica, de ensueño, juego y poesía (4).

De igual forma me permito el asombro en la palabra, tanto hablada como escrita y acudo a textos (5) que por razones múltiples llegan a mi conocimiento y me generan la necesidad de contarlos, apoyado en que "cada cuento es una imagen que razona" (6) y aunque el azar, la imaginación y la ensoñación hacen parte de este juego, también es claro que acudo a la razón para entenderme y explicarme en la intensión de estas acciones, animadas por una fuerte necesidad de encontrarme con el mundo.

Estos textos también me muestran espacios: el mar, el cielo, el bosque, un castillo, una ciudad, un parque un cuarto y me sugieren lo aéreo, lo terrestre, lo marino, lo cálido, lo fresco, lo húmedo, lo montañoso, lo abismal... Así que con los materiales que poseo doy rienda suelta a mi particular forma de ordenar, pongo el material regado por todo el lugar y me propongo una acción específica con cada elemento, el cual debe apoyar el texto que voy diciendo o evocando.

Sin embargo estos textos poéticos fueron escritos por distintos autores quienes, a su vez, pertenecen a otros países del mundo, es decir, son de otros espacios de este planeta !!!!

Ante esto me pregunto !Ahora! ¿Cómo mostrar el espacio que me sugiere cada autor, sin abandonar mi visión particular sobre el mismo? Me respondo desde la acción y resuena el lugar común entre los autores del mundo y yo: la infancia.

El estado imaginativo al que me quiero acercar con estos textos es, en este caso, el estado Infantil humano y para ello deseo dejar a un lado la literalidad para proponer una atmósfera de ensueño, un susurro acariciador de manera que el niño o niña con quien comparta la obra, independientemente de la latitud del mundo a la que pertenezca, perciba y se regocije con la generosidad de un juego incluyente. Para ello (nuevamente la razón), considero importante tener presente lo que la escena exige y sus propias convenciones, así que juego con mi cuerpo dentro del espacio y como espacio en si mismo justificando su presencia.

Hablo aquí del cuerpo que es fundamental en mi puesta, ya que cumple, en muchos casos, la función de espacio: las piernas son la puerta por donde pasa un muñeco, el pecho un tobogán, los ojos las estrellas o un hombro la ventana de algún cuarto. El cuerpo entra a transformar también con su presencia el espacio, pero además se muestra como un espacio por el que viajan los personajes y con ellos la historia misma. El cuerpo, de esta manera, amplía la visión del espacio y juega como parte del espacio general. Con él, los niveles y los planos me permiten transponer la tridimensionalidad del imaginario a la tridimensionalidad del espacio real y con ello lograr la concretud del espacio escénico de la obra.

Empieza entonces la transformación y la decisión, y aunque el azar camina a mi lado, siempre le apuesto a un nuevo juego, así que mientras re-creo con el espacio, los objetos, el texto, el cuerpo; también presto atención a todo lo que ocurre a mi alrededor, así que me permito poner en juego la música, una que particularmente me sugirió la atmósfera cálida para mi SUSURRO, de igual forma con el color, la luz, el ritmo, todo se va sumando armónicamente...

Para este momento del proceso es mi gusto el primer acusador abierto a la subjetividad, sin embargo, tengo la certeza "que cada momento es para bien" y sin atisbo de juicio doy las últimas puntadas para una obra que al tiempo que me motiva, pretende acariciar y regocijar, con respeto y generosidad ese maravilloso estado de la humanidad: la infancia.

 

 

 


Fuentes:

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