Lapislázuli Periódico - Cuando lo sueñes, se hará realidad


 


Jattin: un poeta con libertinaje sexual

Por: Laura Marcela Esponda Molina

El propósito de este ensayo es demostrar el libertinaje sexual que presenta Gómez Jattin en sus poemas “Donde duerme el doble sexo”, “La gran metafísica es el amor”, ”Te quiero burrita”, “Polvos cartageneros”,” Pero no me lo daba”, “Que ellas perdonen a Rafael Salcedo” y “Disparo final en la vida láctea”, como muestra del pansexualismo indiscriminado.

Raúl Gómez Jattin nace el 31 de mayo de 1945 y muere el 22 de mayo de 1997 en Cartagena de Indias. Fue abogado de profesión y poeta de pasión. Vivió muchos periodos de su vida en Cereté y Bogotá; sufrió de serios problemas mentales durante toda su adultez, combinado a una adicción a las sustancias psicoactivas. Muchas de sus obras fueron escritas en clínicas siquiátricas o en los parques del pueblo donde vivió muchos años a causa de sus múltiples problemas. Murió una mañana de mayo atropellado por un bus; se desconoce si fue un accidente o finalmente un suicidio.

Escribió ocho libros de poemas: Poemas, Retratos, Amanecer en el valle del Sinú, Del Amor, Hijos del tiempo, Esplendor de la mariposa, Los poetas, amor mío..., Libro póstumo, Conjuro.

Sexo; sueños húmedos en potencia
En ti estremecido de ternura
Derramo la leche agria del amor que ha esperado
(Jattin, 58:2004)

Raúl Gómez Jattin fue un hombre extraordinariamente apasionado por su poesía, tachado y estigmatizado como un drogadicto, esquizofrénico, marihuanero enfermo y zoofílico, que involucró en su arte las pasiones de un pueblo, las pasiones de un loco enfermo que luchó con mil voces para escribir y que, a lo mejor, amó el amor y el sexo en todas su expresiones. 


... Donde duerme el doble sexo

 

La gallina es el animal que lo tiene más caliente
Será porque el gallo no le mete nada
Será porque es muy sexual
y tan ambiciosa que le cabe un huevo (…)

La pata es imposible
La perra no deja y muerde
La cerda sale corriendo
La gata ni pensarlo
Chévere la carnera
Se queda quieta
La chiva en celo es deliciosa (…)

Hasta que termina uno por dárselo a otro varón
Por amor
Uno que lo tiene más chiquito que el palomo
.


De la libido ardiente al orgasmo húmedo y flácido, ese mundo de los cuerpos, del deseo caliente y el placer sexual que provoca todo lo erótico de la entrepierna, “ese culear con todo lo hermosamente penetrable” como diría Jattin, ese roce de una verga mareada, el agite de una vulva húmeda y cansada, el roce de dos miembros fuertes entre sí, dos clítoris ansiosos y mojados, o en el más excitante de los casos, la penetradora verga de un don Juan  o ¿será de un don Raúl?  en el sexo sucio y cálido  de una gallina, una paloma excitada, una pata rogada, una perra mal humorada, un cerdo cobarde, una chiva en celo, una pava puta, o una pavo marica, una burra ardiente, una yegua chupona, una cocinera trepadora y en un hombre enamorado con una verga pequeña y cálida, apasionada y fugaz.

En ese aparente “bestialismo” hacia todo lo penetrable e insospechado, donde se riega el más espeso de los deseos, Jattin se convierte en un hombre empedernido que conserva como pocos hombres ese salvajismo

La práctica sexual es una de las cosas que el hombre conserva de la animalidad. Sin embargo, incluso en esos casos en los que el hombre se comporta animalmente, habría que matizar y decir que más bien, busca una especie de reencuentro, de recuperación de la animalidad, que ya no es tarea animal sino propiamente humana (Castellanos, 2010:2)

Jattin no tuvo restricción alguna al ser de pansexualismo abierto; vagó entre el cuerpo del hombre (su mayor atractivo sexual), la mujer delicada y trepadora, y los animales (penetrados por donde la naturaleza no lo espera). Su lúcida mente le permitía viajar por el sexo universal, no sólo era la penetración vil y descarada, iba más allá del deseo físico y carnal. Contemplaba toda  la sexualidad.


La gran metafísica es el amor

 

“… Pero íbamos a gozar el orgasmo más virgen El orgasmo milagroso de cuatro niños y una burra Ese hermosísimo ver a un amigo culear Verlo tan viril meterle su órgano niño en la hendidura estrecha del noble animal Pero profunda como una tinaja Y el resto del grupo se prepara gozoso Gozando del placer del otro. …”

Fue un ángel derrotador de todos los sexos, el amante perfecto, el más hombre, el del falo más erecto y fuerte, el macho de la gallada, el enamorado de los homosexuales, las mujeres y las burras:


 

Te quiero burrita

 

“Te quiero burrita
Porque no hablas
ni te quejas
ni pides plata
ni lloras
ni me quitas un lugar en la hamaca
ni te enterneces
ni suspiras cuando me vengo
ni te frunces
ni me agarras…".



Un poeta vive de su entorno, de la degradación de lo que lo rodea y su belleza, de su deseo de reponer un puesto sagrado y honorable de amor entre los hombres o a lo mejor entre los animales, un práctica antigua y popular  en muchas culturas “libertinas”, aquí se vuelve sagrado, heroico y admirable sostener una relación no solo sexual sino también sentimental con un animal de cualquier especie que pueda complacer los genitales.

“El sexo, finito y evasivo en la realidad de los mortales, parece infinito y accesible en la ensoñación del poeta” (Fiorillo, 101: 2003). El pansexualismo, la masturbación, la penetración, el semen y el amor se hacen presentes en sus poemas eróticos y sexuales.

Jattin y la vulva

Su diversidad sexual es asombrosa, estremece y arrasa con todo, es un ángel del sexo y su falo era bendito, adoraba el sexo femenino, en lo profundo de su cuerpo habitaba una gran feminidad, al fin y al cabo detrás de cada gran hombre hay una gran mujer.

 


Polvos cartageneros

 

“…. A los nueve años tenía una mujer de trece
Caliente como perra en celo Aunque
tenía cara de gata ¡No joda! ¡A los nueve!
Hoy me asombro Pero entonces le echaba
hasta dos polvos en la tarde…”

….


Amaba la mujer, su cuerpo, su sensualidad, su majestuosidad y firmeza de mariposa, la contemplaba y la deseaba. Su heterosexualidad no duro mucho tiempo, pero de todas formas fue un motivo de inspiración en su poesía:

 


Pero no me lo daba

 

Gladys era lo que decimos en mi tierra                                                                                          una calentadora Me restregaba el trasero                                                                                     en las rodillas y me dejaba que le tocara                                                                                            esa verguita que tienen las muchachas                                                                                                         en la chocha Pero no me lo daba (…)
Eran unos pajazos deliciosos                                                                                                                           los que sabía hacer Gladys.

 


Luchaba contra su pájaro derrotado y ambicioso que anhelaba la vulva, el falo y el ano de todo lo que tuviese un orificio mojado, erótico y ardiente; “… El gran tema de su poesía es el amor, su imposibilidad, el desencuentro y el encuentro, sus vicisitudes. Lo genital y lo sexual son vías para alcanzar y penetrar al otro, a lo otro” (Fiorillo, 19: 2003) No se negaba ni al placer ni al sexo, siempre tenía su palo bien puesto y listo para hacer el amor con todo lo apetecido.

“Todo erotismo es sagrado; aunque los cuerpos y los corazones nos los encontramos sin tener que entrar en la esfera sagrada propiamente dicha” (Bataille: 11) Jattin no pecaba, el compartía su sexo como los dioses, de una manera pura y heterogénea entre todo lo que se le presentara para culear:

Tenía esa capacidad que pocos  colombianos han logrado tener: amaba la belleza de los cuerpos y la carne, nunca discriminó sexo, raza o especie, contempló lo bello y penetrable donde  pocos lo ven.

él no era un marica ni mucho menos como lo tachan o lo marcan algunos  “homofóbicos” o a lo mejor maricas resentidos. Jattin se dedicó a embellecer ese mundo homosexual que a pocos le agrada o que pocos leen por miedo de perder el vigor o ¿será los huevos? “Desinterés, egoísmo, tierna piedad, crueldad, sufrimiento de los contactos, pureza de la orgía, mezcla de un violento gusto por los placeres de la tierra y desprecio de los mismos, ingenuidad amoralidad, no se engañen; estos son los signos de lo que llamamos angelismo y que todo poeta verdadero posee (…) pocas personas lo admiten, pues pocas personas sienten la poesía” (Cocteau, Gil, 14: 2003)


Que ellas perdonen a Rafael Salcedo

 

“ Soy de la mujer y del hombre Me doblega                                                                           una tierna virilidad Subyaga mi corazón                                                                              una feminidad fortalecida en el arte                                                                          Aunque siempre he amado más al amigo
…”


él, el de la verga bendita y dura, golosa y alucinatoria, contempló en extrema medida la belleza del hombre como dos almas que se junta, que rezan en un solo son… sólo buscó con quien compartir su infierno, quién se enamorara de sus demonios y convivieran con el olor del amor en las noches, en una vía láctea de semen, en el disparo final de la vida láctea.


 

El disparo final de la vida láctea

 

“…
Mientras nuestros ríos de semen crecen                                                                                                               y nuestra carne tiembla y engatilla su placer                                                                                     hacia el disparo final en la Vía Láctea
...”


Para finalizar, hay que decir que Jattin es un poeta que vivirá en la memoria de quien lo lea y en los polvos imaginarios inundados de un semen alucinatorio, que nunca pudo penetrar la realidad, y sólo vivió en el sexo frustrado de tal poeta. Su lenguaje es libre, fresco, sincero y crudo; apetece los penes y se burla de los esclavizados a la vagina; no teme admitir su disposición sexual, viaja entre las fronteras del libertinaje, es incivilizado y fugaz entre polvos y arrecheras, disfruta del mete-mete entre lo que se pueda penetrar, mientras llora y sufre en silencio por  su locura, su amor homosexual e imposible que solo habita en su cabeza encerrada en un sanatorio cubano.




Bibliografía
Bataille, Georges (2008). El erotismo.
Castellanos, Belén (2010).El erotismo como fascinación ante la muerte según Georges Bataille. Nómadas, Revista crítica de ciencias sociales y jurídicas
Gómez Jattin, Raúl  (2004). Amanecer en el Valle del Sinú. Antología poética. Bogotá: Editorial Tierra firme.
Fiorillo,  Heriberto (2003). Arde Raúl. Bogotá. Panamericana.

 

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