Lapislázuli Periódico - Cuando lo sueñes, se hará realidad



 

Enero

Daniel Alarcón Osorio. Autor

(Guatemala)

 

Relato de Aprender a quedarse (inédito). Daniel Alarcón Osorio, Guatemala (1962). Pionero en fundar Clubes de Lectores en bibliotecas públicas y privadas y organizador de Encuentros de Lectores. Poeta y escritor. Su permanente proyección social le valió ser designado embajador Universal de la Paz, Círculo de Embajadores Universales de la Paz, Ginebra, Suiza; y Presidente de la Unión Hispanoamericana de Escritores (UHE), filial Guatemala.

 

De regreso de la barbería y aprovechar caminar, son las 13:00 horas de un día domingo, subo y bajo una pasarela, hago ejercicio también no crean que no, los buses y el humo y las personas abordándolos, ah transporte público nacional, mientras pasan unos lustradores ofreciendo sus servicios, una venta de llantas, un pinchazo, una farmacia, un centro de entrenamiento de artes marciales, una iglesia protestante, una ferretería y los tinacos para guardar agua enormes, la calle y el asfalto parchado, el humo de las camionetas, esto ya lo dije, un nuevo supermercado y sus entradas aún no están habilitadas para uso peatonal solo para carros, mientras los transeúntes buscando ofertas o donde distraerse y alejarse de la rutina que carcome y conocer el lugar ante la escasez de espacios públicos de recreación, deportes  y cultura y la maldita inseguridad nacional y enfrente otro centro comercial que cierra el paso peatonal apoyado por la bendita publicidad.

Bueno, dije que es día domingo y veo rostros de seres humanos que ante el abandono de la democracia electorera, convierte a las personas cuya esperanza se ha ido en un hijo migrante, decía, en mendigos o delincuentes, mientras enero viene a saber con qué cosas.

La sombra que el sol proyectó fue de una persona cuya mano derecha extendía pidiendo limosna y en la izquierda llevaba su herramienta de trabajo, una caja de lustre, era un limpiabotas como les dicen en otros países.

Lo vi venir como también a otras cuatro personas que caminaban delante de mi, haciendo diz que ejercicio como lo evidenciaba la hija adolescente cuya falda color celeste y blusa de igual color con un gran escote en la espalda y su caminar coqueto, moviendo el culo, acompañado por seguro era su señora madre con pants deportivo azul, blusa corinta y visera azul y tenis blancos, detrás de su hija que llamaba la atención de los hombres; más allá pero sin dejar de cuidarlas, el papá y el hermano mayor de la muchacha que se movía pura moto en desfile solo que sin bocina, ellos con ropa casual azul y blanco y con sus anteojos contra el sol, lo vieron, miraron antes que yo y el papá le indica al hijo que le dé una moneda, mientras hurgaba en lo que fue hacía mucho tiempo, una tenería que sacaba unos olores de tragante y que se quedó en terreno baldío.

Lo había visto en otras ocasiones solo que en el Centro Histórico llegar al momento que almorzaba donde doña Orfa, señora que tiene una voz de lora aguda cuando dice, ya tenía días de no venir, pues claro dicen con la mirada ya le conocemos el sabor a lo que cocina, me está engañando como si buscando mujer estuvieran los comensales, luego de hacer cola y cancelar y buscar asiento ante la mayoría de personas empleados públicos y privados y que con sus voces, risas, y a veces gritos se comunicaban unos a otros, como si estuvieran en una discoteca o estadio.

Vestía pantalón esta vez color negro, playera del mismo color, caja de lustre color negro y zapatos seguro número 42 ó 10 medida extranjera o más y sus rasgos no evidenciaban etnia indígena, sino incluso apariencia de ser extranjero por su estatura y porte, pidiendo, solicitando una limosna por favor.

Recordar puede ser y es en nuestras sociedades un castigo maligno, por la impunidad legalizada que existe como si fuera asaltante, por eso vi hacia el otro de la calle y los árboles llenos de humo, sobrevivientes naturales, un salón de belleza, una clínica dental de un excuate bromista y que fingía que jugaba basquetbal solo porque rebotaba la pelota y me daba jalón al campo donde cada domingo nos reuníamos con otros amigos y por cierto ya no veo desde hace mucho tiempo y sigo caminando, antes del final de la calle un predio de carros y sus rótulos y sus precios de ganga quién sabe para quién, luego un semáforo detiene a los vehículos y sus marcas y mirar hacia todos lados posibles por si no sale un bendito piloto de moto, bicicleta o camionetero violando el orden y peligrar uno y dudar si sigo en línea recta para acortar el camino o cruzo a la izquierda y entrar en una zona que fue también exclusiva para clase alta donde hubo sitios arqueológicos y los que no pudieron tapar las constructoras los cuidan dicen, pero solo con verlos se da uno cuenta la mentira que es, pero no, sigo de frente, claro sin marchar, sino caminando sin prisa pero sin pausas y disfrutar, tengo derecho de hacer ejercicio y lucir mis zapatos tenis que me regalaron hace dos años y pantaloneta típica que me gusta ponerme como cuando hacía baloncesto y ver un colegio tipo garaje de esos que abundan sin ser supervisados por nadie y otros que los esquivo con la vista y que cada año anuncian cosas que seguro no cumplen, luego una venta de pupusas salvadoreñas y sus viernes y sábado del recuerdo donde hombres y mujeres asisten a gritar y llorar y reír y bailar y gozar mientras recuerdan que alguna vez, fueron más jóvenes que hoy y que se reúnen aunque sea para contarse sobre las dietas que se inventan para adelgazar y poder mover la cintura cuando bailan y gritar Azúcar de la difunta Celia Cruz o música del recuerdo para que recuerden más y esconder su panza ecológica con el pajarito escondido.

Adelante un choque, menos mal que no sufren daños físicos los vendedores de cohetillos instalados casi en las calles y un anuncio publicitario dañado y la bendita policía municipal y la nacional, esta vez sí están presentes, y una niña es abrazada por su hermana mayor, mientras un papá se lleva a sus hijos en su moto y la esposa-vendedora recoge su venta, dando gracias a Dios que no le pasó nada y dudando si el próximo año se coloca en el mismo lugar aunque no pague derecho de lugar porque la vida hay que ganársela cotidianamente y si no el gasto apenas seguirá alcanzando en este país de la eterna primavera osan decir los que tienen derecho por herencia colonial a viajar y vacacionar en playas extranjeras, mientras el piloto que chocó espera a no sé quién y sigo caminando, ni modo que me voy a quedar como guanaco a ver.

De lejos parecía el caballero de la triste figura y de cerca el hombre de los dientes llenos de caries y sonrisa de película de terror que más bien hacía alejar la mano de la conciencia y decirle no tengo dinero ni nada que darte apenas pude pagar mi almuerzo, claro mentalmente, porque si no qué dirían los otros pisados que tampoco le dieron nada.

Marco un número y llamar ya no recuerdo a quién y no contesta, dejo mensaje, mientras se acerca este hombre larguirucho, flaco, caminar rápido, casi saltando como atleta olímpico y mi conciencia en un acto surrealista le dicta a mi mano y saco una paloma, moneda conmemorativa, aunque el quetzal es la moneda nacional y se la entrego y me sorprendo cuando me dice: feliz año nuevo, en un tono tierno, melancólico pero claro, esperanzador y que mis dedos sienten al momento de terminar de escribir y pensar si tendré trabajo este año, mientras seguro él sigue caminando hacia otra calle hacia otros transeúntes solo que ahora con la caja de lustre en la mano derecha y extendido el brazo izquierdo.

 


 

 

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