Lapislázuli Periódico - Cuando lo sueñes, se hará realidad



 

¡Sé por qué duelen las canciones!

Por: Felicia C. Hijuelos

¡Aquellos días, en que éramos
Tan desgraciados!
P. Valery


Nunca me había dolido escuchar una canción, este día lo supe; entendí a tantos por los que lloran en las cantinas, en las fiestas, en la soledad de una habitación en compañía de una botella, un trago o lo que sea…
Hoy lo entendí y sentí morir por él. él que no se da ni cuenta. Con él, que compartí 15 años de vida, de arrumacos, besos y calenturas a toda hora.

Ahora sólo dos extraños que entraron en un coma profundo. Donde no hay dolor, ni recuerdos, olvidos o lo que sea.

Me dolió oír las voces desesperadas de los cantantes, de aquellos que en vocablos deleitan en melodías el desamor, lo robado, lo pecado, lo que se hace a escondidas sin que el otro lo sepa, voceros de aquellos que entelarañan sorpresas dolorosas sin que su presa se de cuenta de que tejen a mil por hora lo que será el nido de amor y desgracia de otros muchos que ni tejer saben.

Así estoy hoy, dolida, borracha de recuerdos perdidos, de interrogantes y admiraciones dando vueltas en la cabeza, me duelen las frases que antes cantaba por melodiosas, por hirientes a otros pero que no me laceraba.
Yo afuera de tanto dolor.

Me da la resaca de amor, de locura solitaria, de noches frías, de bebidas desconocidas que ahora me dejan reposar momentos de gusto, de ensoñación por lo vivido; en este estado la herida se siente menos, le encuentras rumbo a lo que no tenía dirección y te atreves a ver a otras con rencor, les dices sus verdades sordas, impulsos de una desesperada y loca como yo. Te aventuras a maldecir aquella que también sucumbió y tus palabras llenan la recámara pero sabes que nunca sabrá lo que le gritabas perdida y hundida en daños.

Pero él también esta ahí en tu imaginario alcohólico, lo desmientes, le dices que es un mentiroso, ¡hijo de puta! que no lo quieres, que no lo perdonarás, y lo agravias y vituperas sin medida hasta caer en la cama, sin sentir dolor, solo el sueño te hará olvidar eso que tan adentro palpita cuando escuchas una canción, cuando te hablan de planes, de habitaciones y hoteles dignos de pasiones robadas a otros que sólo dormimos en camas frías, desprotegidas. Silenciosos, mascullan la incógnita del ardor del otro, de tú otro, de aquel con el que compartías cepillos de dientes, humores, olores extraviados.
Yo adentro de tanto dolor.

Ellos musitando su amor,  pasión reloted, camas que arden en voces y caricias regaladas como en un cumpleaños, así me dolió una canción y después otra hasta que las lágrimas me rodaron, no quería que me vieran, ni me escucharan, me tapé la boca y ahogué mi dolor.

La regadera me ayudó cómplice de mudez involuntaria, me incliné y el agua acariciaba mi piel, me acompañaba en mi estado patético, abandonado y el mar de agua se confundían con el que corría de mis ojos hinchados de boxeadora y se llevaba en su viaje miles de deseos y gritos; estados de una moribunda que ya no regresarían, como yo tampoco volvería a vivir lo vivido, no lo amaría mas, lo enterraría en mi cementerio personal, como muchos que ya estaban ahí descansando, sin hacer un ruidito.

Así es como entendí que una canción encierra toda la vida en 4 minutos. Desesperanza recuerdo insoluto a una mujer que a la mitad de su vida se siente sola en la esquina de una regadera escuchando vocablos mentirosos que la perturban, la lastiman, le recuerdan y maldice aquellos tiempos, los cuales solamente regresarán en canciones.

En letras de aquellos trovadores que nos recuerdan que el amor siempre dolerá pese  a ser buscado, encontrado y…

Marzo 2010.

 


 

 

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