Lapislázuli Periódico - Cuando lo sueñes, se hará realidad



 

¿ Domar las palabras para evitar la tempestad de las pasiones ? La ira y la vanidad de las palabras, a través de Shakespeare y Montaigne.

Por:

Xul sin solar

 

 

“Los doctores encuentran oportuno para vos una comedia alegre
pues observan que un exceso de tristeza os enfría la sangre
y la melancolía es la madre de todos los delirios.
Así que os han recomendado una obra de teatro
Para que vuestra mente se acostumbre a la alegría,
Que ahuyenta mucho males y alarga la existencia”.
Carta imaginaria de Shakespeare a Montaigne, o diálogo de un criado a Sly, en “La doma de la bravía”.

Valiéndonos de una obra temprana y una tardía de Shakespeare (“La doma de la bravía” y “la tempestad”), pretendemos dar cuenta de los efectos paradójicos de la imaginación y de ciertas palabras, que, puestas en escena en situaciones de “peligro” o de “simulacro” para los personajes pueden llevar a desenlaces “coléricos” o para expresarlo en términos de Montaigne: la vanidad de las palabras puede perder(nos) de nosotros mismos y suscitar acontecimientos inesperados y usualmente trágicos. Aprehenderemos a Shakespeare como poeta y como “prefilósofo”, como lo calificara Benedetto Croce .

Para Montaigne el conocimiento es ante todo el diálogo con sí mismo. En un ensayo de Merleau –Ponty de 1960, titulado “lectura de Montaigne”, se pone de presente esta idea: “ la conciencia de sí es la constante de Montaigne, la medida, para él, de todas las doctrinas. Se podría decir que él nunca se deshizo de cierto asombro frente a sí mismo, lo cual ocupa toda la sustancia de su obra y de su sabiduría “.

La mentira, en cuanto nos aleja del sí-mismo, es el peor de los vicios para Montaigne.

En la “tempestad” se trata el tema de la ira de la venganza. Próspero, duque de Milán, es suplantado por su hermano y exiliado en una Isla. Allí, Próspero logra someter al rey Calibán, un “salvaje” que carece de palabras, gracias a la retórica que utiliza para ganarse la confianza de Calibán y a la vez, convencer a Ariel (esclavo de Calibán) de ayudarle a gobernar la Isla y a vengarse, ofreciéndole para ello, una promesa de futura libertad. “La tempestad” puede asimilarse con la conquista de América, pues Próspero se otorga a sí mismo el “derecho” o la “merced” de la Isla y de Calibán al considerarlo un ser inferior por carecer de un lenguaje “normal”. Una vez dueño de la Isla, Próspero espera pacientemente durante doce años que se le presente la oportunidad de vengarse de su hermano. La ocasión se le presenta cuando este navega cerca de su Isla, y es entonces cuando Próspero, valiéndose de brujerías, desata una “tormenta” en contra de su hermano. Pero, Próspero no podrá ser dueño del destino de tantos a la vez. No podrá controlar, por ejemplo, el amor que nace entre su hija y ... Calibán.

Al inicio de la Obra, Calibán le reprocha a Próspero el engaño al que se le sometió: “tengo derecho a comer mi comida. Esta isla me pertenece por Sycorax, mi madre, y tú me la has robado. Cuando viniste por vez primera me halagaste, me corrompiste. Me dabas agua con bayas en ella; me enseñaste el nombre de la gran luz y el de la pequeña, que iluminan el día y la noche. Y entonces te amé y te hice conocer las propiedades de toda la isla, los frescos manantiales, las cisternas salinas, los parajes desolados, y los terrenos fértiles ¡maldito sea por haber obrado así¡... y me habéis desterrado aquí, en esta roca desierta, mientras me despojáis del resto de la isla¡ “

Próspero le responde, afirmando en Calibán su condición no-humana por haber desconocido el lenguaje del recién llegado: “ ¡oh esclavo impostor, a quien pueden conmover los latigazos, no la bondad¡ te he tratado, a pesar de que eres estiércol, con humana solicitud... me tomé la molestia de que pudieras hablar. A cada instante te he enseñado una cosa u otra. Cuando tú, hecho un salvaje, ignorando tu propia significación, balbucías como un bruto, doté tu pensamiento de palabras que lo dieran a conocer...” a lo cual responde Calibán: “ ¡me habéis enseñado a hablar y el provecho que me ha reportado es saber como maldecir¡” Esta última utilidad que encuentra Calibán en el lenguaje del amo, es lo que refiere Deleuze en “Kafka por una literatura menor” como guerrilla del lenguaje contra el invasor. Apropiarse de la lengua del amo y deformarla, valerse de ella para rebelarse a través del lenguaje.

Montaigne, de pensamiento más inclinado a conservar que a rebelar, aun siendo un gran develador y revelador de palabras, evoca el peligro que representa para el hombre “civilizado” la existencia de hombres sin lenguaje o con un lenguaje desconocido. Así: “un antiguo padre dice que estamos mejor en compañía de un perro conocido que en la de un hombre cuyo lenguaje nos es desconocido. “de tal manera que un extranjero no es un hombre para nosotros” (Plinio, Historia Natural, VVI, I) ¡y cuánto menos social es el falso hablar que el silencio¡ “. ¿elogio y/u ofensa para el perro?

No siendo nunca nuestro propósito entablar un juicio moral contra Shakespeare o Montaigne, sino recorrer algunas de sus ideas con la linterna de Diógenes, nos preguntamos ¿qué ocurre entonces cuando por efecto de la Imaginación se le da al lenguaje una connotación diferente ? Pero, y ¿la doma de la bravía?

To be continued…

“Podría llamársele casi un “prefilósofo”, nombre que tendría además la ventaja de hacer comprender que de nada sirve tratar de reducirlo a filósofo”, Benedetto Croce, “Shakespeare”, ed Escuela, Buenos Aires, 1955, p 46.

Merleau-Ponty, “lecture de Montaigne”, p 323

Obras completas de William Shakespeare, p 1521.

Montaigne, Ensayos, p 73.

 


 

 

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