Lapislázuli Periódico - Cuando lo sueñes, se hará realidad



 

DESTINO, NO EQUIVOCACION

Por:
William Salazar

 

El amor nace de la fe en nosotros mismos al proyectarse sobre otros, crece al divisar amplios y múltiples horizontes en los que caben todas las inimaginables aventuras. Florece al aceptar amar por sobre la tentación de la carne, también con la del espíritu, y languidece al actuar más por intenciones desleales inconfesables e interesadas, que con la generosidad innata que el sentimiento debe poseer. El amor es destino, no equivocación

Destino trazado por aquel hado que produjo en el juego de las olas el encanto del enamoramiento y en noches tocadas de hechizo la seducción de cuerpos asidos al deleite del corazón y del erotismo. Sino vuelto real al convertirse en prueba de existencia cuando por el se traza y se contempla un futuro incontenible y arrollador, generoso y desinteresado, en que la bulla  que en el gravita, hace desligar el afán utilitario, las penurias y las fatigas de la labor diaria. Albur que echa sobre si fortuna y fatalidad, simple y llanamente por el hecho de transcurrir en medio de la vida misma: incertidumbre de nacer permanecer y morir.

La equivocación surge en los destinatarios accidentales de ese amor. Aquellos que se convierten en devotos receptores de sueños y esperanzas pero que con el correr de los días naufragan en aguas no encauzadas hacia el mismo mar. En ese piélago de incidentes, el amor sobrevive una y otra vez y es posible orientarlo hacia ese “otro nuevo alguien” que invita al misterio de descubrirlo sin la sensatez de la razón, con el tino del corazón y que puede resultar igualmente equivocado.

El amor es transitorio aunque se desee eterno. Es de la esencia humana. Se obliga a las mismas trabas y atascos en el dilema de prolongarse a perpetuidad dentro del esquema de egoísmo que la conciencia impone, víctima siempre de los cánones de religión, familia, dominancia y soberbia que busca la inmortalidad como símbolo de gallardía y superioridad de la raza frente a otras tantas cosas consideradas inferiores. Amar no impone fechas perennes si se es sincero. Se ama hoy porque si. Se ama mañana por idéntica razón. Solo cuando se le aceptan valladares y cotos vedados a su espacio vital, se le señalan, por cualquiera de las razones que fundan la sociedad, el establecimiento y el miedo, linderos a sus dominios y sin imaginación se reitera en actos idénticos, iguales y autómatas, el amor irremediablemente se acaba. Y es forzoso ir tras de él una y otra vez. Siempre.

 

 


 

 

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