Lapislázuli Periódico - Cuando lo sueñes, se hará realidad



Del Gabo que no conocí
Por: Alejandro Jiménez Schroeder


“La fama estuvo a punto de desbaratarme la vida,
porque perturba tanto el sentido de la realidad como el poder” G.G.M

Es propio iniciar este escrito mencionando que no conocí a García Márquez en persona como otros sí pudieron hacerlo, y mi acercamiento a él solo ha sido a través de la literatura. Ahora, como homenaje póstumo se han desempolvado, para bien de la memoria del país, fotos, historias y anécdotas que parecían perdidas junto al exilio en que vivió el Nobel en México, país que gratamente le adoptó. Del Gabo colombiano que inició la publicación de sus cuentos en el diario El Espectador en 1947, surge nuevamente la pregunta ¿qué representa García Márquez para los colombianos? Este es un rompecabezas que se comienza armar.


Recurrió al exilio durante el gobierno de Turbay Ayala; amenazas contra su vida y acechado por sus ideas de izquierda; por mediar para la búsqueda de la Paz entre las guerrillas y el gobierno; criticado por la fama y la fortuna que le dio su trabajo; o criticado en algunos círculos académicos por hacer parte del llamado "Boom" latinoamericano; acontecimientos que han hecho de García Márquez uno de esos personajes icónicos, contrastantes y que despiertan pasiones.


Sobre la literatura que gira en torno a Gabo no poco se ha hablado, y no es para menos, pues su pluma no solo ha marcado un derrotero en el pensamiento de América Latina, sino se ha configurado una imagen en torno a este hombre de letras. Por todo lo que significó, y significará para Colombia en la identidad, me permito rendirle homenaje con este breve repaso de lo que para mí ha sido “el Gabo que nunca conocí”.


Rondaba el año 2000 cuando cursaba primero o segundo de Bachillerato. Por azares literarios en clase de Español la profesora nos mandó a leer “Cien años de Soledad”, como hubiera podido poner “La María”, o “La Vorágine”. Si bien, yo ya había escuchado del “Gabo” antes, solo hasta ese año tuve la oportunidad de acercarme a él, a conciencia, y conocer el mundo que había creado a través de sus letras... <<Y que para ser sinceros, en mi primera lectura me pareció ¡espantoso!>>

Con trece o catorce años, no podía entender cómo en los colegios ponían a leer a García Márquez, y mucho menos podía entender como aquella novela que me había parecido “inmamable” e incomprensible, había salido de las manos de un “Nobel de literatura”. Sin embargo, cumplido con mi deber para un examen de comprensión de lectura, la olvidé, como se olvidan las cosas que carecen de importancia.


En aquel instante no podía comprender cómo aquel libro largo y aburrido, de un pueblito lejano que nada tenía que ver con mi realidad, de una familia “Buendía” que era interminable y de sucesos extraordinarios que parecían puro “embuste”, como dicen en la Costa colombiana, había impresionado a tantas personas a tal punto de ponerlo en el podio de la literatura, junto a obras como “El Quijote” o “La Divina Comedia".


Por aquel entonces, en los primeros años del siglo XX, la biblioteca de mi casa no era un lugar como tal; sino más bien un arrume de libros sin organizar. Un sin lugar en el que habitaban varias enciclopedias y libros, y cambiaba de espacio dependiendo de la época del año. Entre aquel arrume de libros se encontraba una edición de “Cien años de Soledad” publicado por Suramericana. Años después, llegaría a mi casa una nueva edición de Cien años de Soledad, publicada por la Real Academia Española (RAE) y la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE) conmemorando los cuarenta años de la publicación de “Cien años de soledad” (1967).


Hasta aquel entonces, Gabo era tan solo un nombre sin hombre. Un personaje distinto y lejano, como lo son tantos de los próceres de nuestra independencia (que seguramente hicieron mucho) pero de los cuales, sabemos muy poco. En el 2002, tuve mi segundo acercamiento a García Márquez. Cursaba noveno grado cuando en clase de Periodismo, entre las lecturas recomendadas llamó nuevamente mi atención, que aparecían “Crónica de una muerte anunciada”, “Noticia de un secuestro”, “El Coronel no tiene quien le escriba”, junto a libros tan renombrados como “1984”, “El lobo Estepario”, “El Fausto”, y “Hamlet”, entre otros.


Aquella lectura de Gabo fue toda una iniciación. Ver en las descripciones precisas que hacía en “Noticia de un secuestro” de una ciudad que podía ver con los ojos cerrados y evocar con mi memoria. La magia que había en la simplicidad del lenguaje, y la precisión del lenguaje en la novela del Coronel, me atraparon. Ritmo, imágenes, fluir, fueron las constantes de aquellas obras que abrían ante mí, una ventana al universo garciamarquiano. Un tiquete de viaje al “realismo mágico” que a partir de aquel instante me atrapó.


Sin embargo, para mi aún seguía siendo un personaje desconocido. Se hablaba de “Gabo” y su amistad con Guillermo Cano, su paso por El Espectador, su relación con Fidel, su viaje por Europa como corresponsal. Todo parecía una historia fantástica como las que creaba a sus personajes. Siempre vinculado con las letras, la política, el cine, la cultura. García Márquez era un referente que aparecía constantemente por aquella época en los medios. Miles de ejemplos podrían citar, pero me limitaré con mencionar tan solo uno.


El 16 de septiembre de 1993 el presidente César Gaviria conformó un grupo de intelectuales en la denomina Misión de los diez sabios, entre los que se encuentra García Márquez, para reflexionar sobre la Colombia en transición hacia nuevos rumbos. La misión que fue todo un éxito, culminó en julio de 1994 con el “Primer gran informe de la Misión de Ciencia, Educación y Desarrollo”, en cuya presentación se hizo relevante la frase que pronunció Gabriel García Márquez, y que podría resumir el espíritu del crucial documento.  * Recomendado leer  [Por un país al alcance de los niños]

“Nuestra educación conformista y represiva parece concebida para que los niños se adapten por la fuerza a un país que no fue pensado para ellos, en lugar de poner al país al alcance de ellos para que lo transformen y engrandezcan .“

 

En aquel momento, si bien leer a García Márquez no me permitía conocerlo, me daba una aproximación a lo que años más tarde comprobaría en la Universidad Nacional. A los auténticos artistas se les conoce por su obra pues es allí en donde se afianzan sus pensamientos, sus sentimientos y su vocación.
Hacia el año 2004, mis búsquedas literarias me llevaron de un texto a otro, y encontré los rastros de la amistad entre álvaro Mutis y García Márquez. Rastros y correspondencias que pasaban el plano personal, y se insertaban en el literario, como es la relación que se extiende entre “El último rostro” y “El general en sus laberintos”, dos visiones complementarias y diferentes del Libertador.
Ya entrado en la Universidad tuve el placer de poder adentrarme en la lectura de sus cuentos, sus novelas, sus reportajes, e ir reconstruyendo aquel universo que Gabo había construido. Por aquel entonces disfrutaba más de las historias que de su ideología, aunque ésta siempre subyacía en cada una de sus letras. Compartí sus ideales de una América Latina solidaria, grande poderosa; una dignidad humana que no negocia; una de América Latina con pasado e historias que se conectan entre sí. Un mundo literario que se llama Macondo, pero podría ser cualquier lugar, pues al final, en ese viaje volvemos al mismo punto de partida en donde construimos nuestra identidad.


Como diría Gabo en su libro “Yo no vengo a decir un discurso”, <<¿Por qué pensar que la justicia social que los europeos de avanzada tratan de imponer en sus países no puede ser también un objetivo Latinoamericano con métodos distintos en condiciones diferentes ?>>

A partir de indagar en su Pensamiento Latinoamericanista, en su discurso de Novel, en sus entrevistas, descubrí en Gabo unas alas gigantes para ser un explorador. Unas alas que permitían cruzar las fronteras de lo imposible, y conectar los mundos. Unas alas con las cuales viajamos a otras realidades, y con las cuales nos volvemos viajeros errantes. Al igual que la literatura que nos abre la cabeza a infinitos mundos. La obra de Gabo da una perspectiva de maravilloso a nuestra cotidianidad, como haría mención en su discurso al recibir el Nobel de Literatura.


Sin embargo, nada es tan sencillo como suena. Pues lo proferido en su discurso “La soledad de América Latina” y los peticiones que hace al mundo hoy por hoy son más vigentes que nunca. Sin embargo, gracias a García Márquez podemos decir que en cualquier lugar del mundo, ya Macondo no es tan solo un pueblito perdido en el tercer mundo, sino es la posibilidad de converger, dialogar y construir otros mundos.


El “Gabo” cómo dicen que le decían, no lo conocí, pero estoy seguro que a través de sus letras tenía la capacidad de enunciar lo mágico de este mundo. Con G.G.M, releer sus palabras significa reinventar lo posible, viajar a mundos distantes y distintos. Es convertir lo ínfimo y lo local en un reflejo del mundo en el que cualquier habitante del mundo puede hallarse. Es encontrar en la sencillez del lenguaje, la reflexión a lo trascendente, y descubrir así, la nostalgia por lugares a los que nunca se ha ido.
Tras su partida, en el silencio que dejan las palabras, son un breve silencio para dar tiempo a la vida de despedirse. Luego vendrán nuevas historias, nuevas vidas, un presente a cada día y un futuro por construir en el que podré preguntarme ¿Cuál será el próximo viaje a Macondo que emprenderé?

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