Lapislázuli Periódico - Cuando lo sueñes, se hará realidad



 

Cuento color de rosa

Por. Carlos Cubillos

No hay mal que por bien no venga

Carlos estaba sentado junto a sus compañeros de trabajo, quienes parecían resolver un problema comercial que poco parecía importarle. Distraído pensaba en los problemas que tenía, en como poco a poco había perdido todo lo que había logrado adquirir con los años de trabajo, sabía que sus preocupaciones eran graves y sabía también que lo único que tenía era su precario trabajo. Pensó en el pasado en las comodidades que había tenido, que aunque no muchas, le permitieron cierta tranquilidad. Deteniendo todos esos recuerdos se propuso a tomar un nuevo orden en su vida en dar todo por el todo.

Fue en ese momento, cuando Miguel, un compañero que siempre había querido dañar su imagen (de la que hasta ahora Carlos no había podido evitar una negativa apreciación) le reclamó por no haber hecho el pedido a los comerciantes canadienses. Carlos en medio de la mesa, reaccionó asustado contesto de una vez que no lo había hecho porque había conseguido una mejor oferta, esta mentira (la única que lo podía salvar en el momento) era la que lo pondría en aprietos. Concluida la reunión sus compañeros se retiraron de las oficinas no sin que antes Miguel hiciera dudar a todos de la veracidad de lo antes dicho por Carlos. Carlos sólo había callado ante las palabras de Miguel, y se había quedado intranquilo ahora solo.

Angustiado daba vueltas por la oficina; un ligero ruido lo inmovilizó, era Laura quien entraba. Saludándolo le pregunto si era verdad lo que antes había dicho; él desesperado le confesó la verdad. Ella dijo que se sentará que estuviera tranquilo que la impaciencia no resolvería los problemas. Carlos mecánicamente se sentó; Laura le tomo su mano, el observo rápido su muñeca se dio cuenta de que tenía un reloj Orient, se miraron a los ojos una sonrisa iluminó sus rostros. Carlos le pidió el celular, ella aunque no comprendía se lo dio marco rápidamente un numero; al otro lado una voz asustada, lloraba de alegría, era su viejo amigo comerciante de medio oriente Senuf, se había quedado en la bodega que se encontraba oscura, Senuf le confesó que le temía a la oscuridad y había escuchado algunos ruidos donde estaba. Carlos le dijo que tranquilo que lo ayudaría, él le contestó que no se preocupara que le ayudara a salir de ese lugar. Senuf agradecido le dijo que le pidiera cualquier favor que el inmediatamente lo resolvería, Carlos no desaprovecho la oportunidad para pedirle el favor que necesitaba en cuanto al pedido.

Cuando colgó Laura lo tomó de las manos y fueron corriendo al parqueadero donde Laura tenía el carro, él apenado le agradecía el favor. Laura que condujo por lo nervios de Carlos llego en un tiempo menor al estimo a las antiguas bodegas donde se encontraba Senuf. Carlos descendió y le pidió a Laura que lo esperase. Carlos corrió a la bodega abrió la bodega con la llave maestra, que Senuf le había regalado mucho antes, ahora dentro de la gran bodega donde no se percibía una sola luz encendió la linterna del celular de Laura y gritó llamando a Senuf siguió la luz y finalmente encontró la salida. La alegría invadía a Carlos quien comprendió que todo lo que todo lo que Laura había hecho lo había hecho por amor.

Al siguiente día, en la oficina Miguel había llegado antes para hablar mal de Carlos al jefe frente a lo cual decidió despedir a Miguel por hablar mal de sus compañeros puesto que la noche anterior le habían comunicado del millonario negocio de Carlos. Ahora todo era mejor, Carlos había recuperado la tranquilidad que tanto había deseado más la fortuna de conocer a su prometida.
Fin

 


 

 

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