Lapislázuli Periódico - Cuando lo sueñes, se hará realidad



Cien mil cuerpos…….

 

William Alberto Salazar Castellanos


Romain Gary, el famoso novelista y cineasta francés que se suicidó a comienzos de la década de los ochenta, rechazaba convertir el comportamiento sexual en un criterio para distinguir el bien del mal. “Aquello que las gentes hacen cuando se quitan los pantalones no tiene en verdad importancia. Las gentes siempre se visten para cometer los verdaderos crímenes”. Opinión, siempre actual, que nos reafirma la condición del cuerpo humano como medio vital para alcanzar aquello que se busca incesante dentro del diario vivir. Es vía, causa y consecuencia. Es la vida misma.
Cientos de cuerpos se congregaron la tarde del pasado 29 de junio en la ciudad de Bogotá. Apostados sobre las vías o caminando sobre ellas, desfilaron deseosos de mostrar su tendencia sexual, ambientados en el juego de la insinuación de la carne hacia el placer y el goce de la lujuria, reflejando, así, la activa dinámica de nuestro tiempo.
Ya no son los cuerpos seguros de sus atributos de los clásicos, ni los bien proporcionados de carne de los románticos, ni menos, los orgullosos de su pasado y estirpe de los de la época de guerra; son, ahora, siluetas eróticamente angustiadas, talladas por la vanidad del placer, del esfuerzo y del afán contemporáneo, que muestran las luchas de la carne y del espíritu y que se vuelven punto de confluencia de las mismas, en una ciudad tumultuosa y alienada.
Cuerpos conscientes de la plenitud y belleza de sus formas, pero solitarias y ausentes en su propia verdad y realidad. Poesía y tragedia. Danzantes sensuales despiertan las vibraciones de fibras tejidas con la pasión de los deleites carnales, pero al mismo tiempo, son testimonio claro de la lujuria como valor preponderante de la distracción de los pueblos. Lujuria desordenada, sin freno, inelegante y siempre víctima del esquema tecnológico y de las incesantes novedades de la moda y la ciencia.
Placer y lujuria que no comprende al otro. Arbitraria y descomedida solo ambiciona el orgullo de sentirse único en un mundo de competencia. Artífices de una belleza intrascendente que deja por fuera la limpia mirada de la cotidianidad del vecino. Excluyente, vacua y hechicera.
En la misma línea de reflexión, Garay encontraba que no se puede ser feliz cuando no se ha hecho feliz a otro ser. Cuando se le ha dado al próximo motivos de desvelo, inquietud o contrariedad. La vida moderna se proyecta una y otra vez hacia el éxito medido en seguridad material, porte físico y presencia externa, olvidando la ecuanimidad, la serenidad y la humildad como patrones de conducta. éxito con fama. éxito sin victoria. Si hemos acariciado el gato que por años nos acompañó, vivido en casa donde nuestros abuelos se mantuvieron juntos por siempre jamás, pisado la tierra que nos vio nacer y despertado todas las mañanas siguientes con el hombre o mujer amad@s podemos decir, entonces, que la diosa de la fortuna nos brindó la mejor de sus sonrisas, que hemos vivido.