Lapislázuli Periódico - Cuando lo sueñes, se hará realidad



 

Una breve historia de amor en la cotidianidad del trabajo

Por: Amarillo tropical

Con este relato muy breve quiero jugar con la palabra escrita para enviar un mensaje a través de Lapislázuli, intentando transformar en prosa los versos escritos anteriormente.

Había llegado a la granja casi tres años atrás desde las tierras altas y frías de la sabana bogotana, donde los pastos apenas crecían algunos centímetros de la altura del suelo, donde su verdor apreciado en perspectiva del horizonte asemejaba una mesa de billar, y en ella pastaban las vacas pintadas de manchas negras y blancas con sus ubres cargadas de leche. Ahora mi reto residía en intentar mejorar la alimentación del ganado ante el tupido gramalote y los islotes de bocachica en los bajos humedales del valle cálido, así como al bicho y al bledo que en las partes más altas y secas del potrero cubrían grandes superficies; estos arvenses le restaban espacio a los pastos admirable y angleton que engordaban a bovinos de pelaje bayo como el color del oro, y se oponían al reto de obtener más carne en menos tiempo, que debían ser expuestas como mercancía al consumidor con etiquetas de calidad de cinco estrellas en neveras de supermercados.

En este valle fértil del Sinú había transformado mi rutina de permanencia en la oficina con ventilador de aspas sonoras para reconocer in situ la problemática a resolver. Desde entonces intuía que el conocimiento de la fisiología de los pastos debía ser equiparado con el saber surgido del análisis de ese entorno amable de nutrientes que hacían apetecible el surgimiento natural de una vegetación agresiva y contraria a los intereses de ganaderos; decidí plasmar en papel un mapa sectorizado con los ambientes y su vegetación, pues si el enemigo era la supuesta maleza, entonces debía de reconocer sus hábitos de crecimiento y permanencia en un medio que seguramente era suyo antes que se introdujeran los pastos mejorados. Me había propuesto dar un mejor trato al proceso productivo a cambio del convencional bombardeo con matamalezas de síntesis química que no solo destruían el medio y su diversidad reinante, sino que impregnaban de residuos tóxicos los alimentos que en algún momento llegarían a un hogar, en cualquier parte. Esa necesidad de conocer y aprender de la naturaleza, para enfrentar de mejor manera una situación me llevó a cambiar la vieja e incómoda silla y escritorio de la oficina por esa cabalgadura de la yegua recién parida que sería mi compañera de trabajo.

Era temprano en la mañana diáfana y salí como era mi costumbre al recorrido por los potreros. Entonces sucedió. La vegetación exuberante cambió por una gramilla rastrera y tosca de tinte brillante, y numerosas mariposas surgieron de la nada, y el verdor del suelo se vio de pronto matizado con colores, blancas y rojas como eran ellas, pequeñas y volantonas, alegraban el ambiente y daban color a mi vida, y al instante pensé en ella. A mi mente llegó como cascada de alegría la lluvia de recuerdos, su pelo de seda, su piel tierna, su cara bonita; en ese momento debía estar en casa con nuestros tres hijos, en ese altiplano frío más cerca de las estrellas, seguramente amamantando al más pequeño, recién nacido que aún yo no conocía, y ella, con sus suaves caricias y su mirada cálida, cuidando y protegiendo a sus pequeños acompañantes.

Esa imagen traslúcida y el suave olor a hierba húmeda del ambiente me llenaron de energía. Con las riendas en mis manos y apretando el ijar galopé en el campo abierto y las mariposas me seguían; luego al trote y las mariposas revoloteaban a mi alrededor; las miraba a través de las orejas pequeñas y erguidas de mi fiel acompañante de trabajo que ahora acompañaba mis recuerdos solitarios con su potrillo que no perdía el paso de su protectora. Jugué con las mariposas y ellas jugaron conmigo. Mi yegua en su labor acompañaba la melodía de mis pensamientos con el sonar de sus cascos, y el tenue aletear de las alas de las mariposas inspiraban con su susurro a mis neuronas, ahora conectadas con los recuerdos de ella en la distancia.