Lapislázuli Periódico - Cuando lo sueñes, se hará realidad



Proponiendo desde la cultura y el arte, en edad adulta
por: Alejandro Jiménez Schroeder

“Cuando el maestro le pregunta al alumno ¿qué es más importante, la humildad o la generosidad? Y le cuestiona sobre si hay mentiras buenas o mentiras malas, el alumno le responde que la sinceridad es lo más importante. En la sinceridad encuentras la humildad y la generosidad”

De la entrevista concedida a Lapislázuli Periódico por Alberto Lozada, Gestor Cultural en la localidad de Engativá. Bogotá, noviembre de 2010.

Desde el primer semestre de este año la Casa de la Cultura de Engativá y la organización Papalote Azul vienen desarrollando un proyecto de aproximación a las manifestaciones artísticas, con un grupo de adultos mayores. El proyecto busca, desde una fusión de lo tradicional, acercar a estas personas a las expresiones escénicas e inducirlos hacia la coreografía, desde la danza y el teatro.
El proceso tiene una doble propuesta: la puesta en escena como un hecho estético, e invita y alecciona al adulto mayor al sosiego, a su mayor placidez con la vida, pues la mayoría llegan muy intranquilos por lo que van a presentar; con los afanes del trajín diario y sobre todo, sus ansias por mostrar un suceso artístico, paulatinamente esas preocupaciones van cediendo en la búsqueda del estar bien, sin dejar atrás el objetivo que es representar teatro.


La puesta en escena se anuncia desde el trabajo de exploración que se realiza con los adultos mayores, y se concretiza en el concepto de la fiesta. Pero como la fiesta sigue siendo un concepto muy general, los intereses particulares hacen que estos se conjuguen como en el matrimonio en un eje en común. Desde la experiencia particular, cada una de las integrantes han establecido una relación con este concepto, ya sea desde su experiencia de hijas y nunca se hubieran casado; o bien como madres, o como esposas, viudas, o mujeres abandonadas; y en esa relación de pareja surge la posibilidad de reivindicar ese sentido maternal que cada una lleva en sí, ese sentido de la protección que cada una de ellas lo tiene permanentemente.


La puesta en escena tiene 35 mujeres. Se trabajan elementos muy sencillos que van más allá de la representación, para hablar un poco de la presencia de ellas en el escenario. Todas están vestidas de blanco, con una corona, con cintas anchas de colores que ayudan a crear espacios, a generar atmósferas, y con un ingrediente sencillo, representado en una butaca en madera que permite recrear el espacio de múltiples maneras. Con este elemento es posible mantenerse en pie una hora; este objeto les permite no salir de la escena y generar el acompañamiento a quienes bailan en ese momento.
En el trabajo ellas emergen muy soberbias: comienzan a tener comportamientos primarios en la relación con los objetos, en el sentido de propiedad, “de esto es mío”, e inconvenientes en su relación con las otras, y por ahí podría abrirse la brecha. Cuando se sienten escuchadas se abren nuevamente y se tranquilizan. Cuando se sienten queridas y no juzgadas, entonces también. Se dan cuenta que desde sus capacidades pueden ofrecer algo, se apaciguan. Las que son muy hábiles empiezan a entender a las que son más lentas; también se emprende una relación humana muy particular. Todas esas particularidades van sumando, lo que al final queda; y lo que envuelve todo, definitivamente es el afecto, sin que se estuviera buscando como un propósito.
Se trabajan formas sencillas como la circularidad, el tejido, líneas, diagonales, conceptos que ellas puedan manejar, y no se las mete en la rutina fuerte del folclor. No porque a ellas no les guste, por el contrario, ellas lo piden todo el tiempo, sino que en el camino se comprendió que lo folclórico se ha convertido en un espectáculo, y el interés no era hacer un espectáculo: se pretende hacer un acto de vida. Ellas lo fueron entendiendo en el proceso; fue una cosa muy bonita, no hubo resistencia aunque ellas venían con las ganas de ponerse esos trajes de colores, el traje folclórico para bailar la cumbia.
Al analizar algunos de los aciertos que se han visibilizado en el proyecto, se muestra que del proceso se ha logrado algo que resalta en estas mujeres, y es el cómo, desde el conocimiento de ellas mismas, han podido trabajar en un colectivo tan grande, sin que se generen tantas discordias; hay un tema central que todas lo manejan, no es pretensión un despertar de habilidades sino una postura de saberes, y cada una de ellas con sus capacidades está presente.
Sobre los maestros: acompañantes de nuevos caminos…


Alberto Lozada produce toda la parte creativa y Olga Lucia Cruz organiza el concepto coreográfico. Mediante taller de sensibilización creativa se promueven los diseños plásticos, las estrategias en la manipulación de objetos, la construcción de algunas imágenes. La intención es que todas ellas sean una sola mujer, y una, sea todas las mujeres, porque finalmente, si hubiera cincuenta, los temperamentos de esas cincuenta están inmersos en un solo ser humano. Si miramos los comportamientos de nosotros, así como tenemos momentos de alegría, podemos también tener lapsos de tristeza; todos somos soberbios, en cada uno de nosotros se almacena una parte de la historia de la humanidad. Es un poco eso lo que se busca hacer con ellas: invitarlas a participar de esa propuesta para lograr cosas como la no posesión, la no rabia. Porque como están en una edad bastante compleja, una ira las puede maltratar.
Lo que se empieza a entender en el discurso que se maneja como pedagogos es que lo único que realmente educa es el amor. Cuando se tiene actitud mezquina se es egoísta, entonces quien está recibiendo la información se vuelve mezquino; pero cuando la actitud es generosa, quien está recibiendo la información se vuelve generoso. La verticalidad se empieza a superar cuando el afecto aparece.
Con este proyecto se logra desarrollar la generosidad. Un sentido de pertenencia sobre el espacio que utilizan, sobre lo que están recibiendo y entienden que lo que están recibiendo no se lo están regalando, sino se lo merecen porque ellas hacen su aporte. Lo que ocurre entonces es un hecho estético: la propuesta presenta unas exigencias, una responsabilidad con ellas y con la sociedad. En esa actitud trasmiten su compromiso y su trascurrir en la vida.
Cuando un adulto mayor se para en el escenario y ejecuta una acción artística, pensada estética y poéticamente, está enviando cantidad de información de juicio frente a la sociedad en la que vive. El juego es una posibilidad del estar. El arte escénico es un juego, pero el juego es un símbolo, y cada juego requiere de una presencia real. Cuando juegas, juegas de verdad. Lo que pasa aquí es que juegan de verdad, juegan de verdad a las relaciones; el público está viendo un tejido, con unas telas de colores y dice: “que hermoso sol el que hicieron”; hay un hecho simbólico, representativo y significativo, más allá de ver a los intérpretes. El ejecutante en realidad se convierte en un ser productivo, útil, está reivindicando su pensamiento y su acción.
Es fundamental mostrar nuestros valores. La etapa de la sensibilidad nos recorre toda la vida, más allá que su etapa cronológica. Y aun culminando la vida, somos capaces de hacerles propuestas al mundo. Proponer a cualquier edad.

 

 

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