Publicado: 08/05/2018

El Loco


Por: Juan David Alejandro Becerra Becerra

1.      ¿Dónde estoy?

Los dolores que poseía ese hombre allí eran muy fuertes, no era lo suficientes para matarlo pero si para hacerlo sufrir; le dolía la cabeza, tenía mareo y un fuerte molestia en los oídos. Su cuerpo de tambaleaba, se estaba deslizando ligeramente. Al rato la conciencia del pobre hombre se adentró en su cuerpo y despertó; este no abrió los ojos de inmediato ya que hay también está presente el dolor, pero cuando los entreabrió se volvieron a cerrar de una vez puesto que una luz potente le cegó los ojos, sintió el calor en sus pupilas entrando en segundos acompañado con un quejido suyo, pero luego una calma considerable. Su cuello estaba muy adolorido, él sentía como su medula espinal se doblaba hasta el punto de romperse y soltar un crujido leve, pero solo era su imaginación sufriendo.

Después de que encontrara control en su cuerpo hizo un segundo intento para abrir los ojos y este fue exitoso, sus ojos desenfocaron la luz y rápidamente retiro la vista del foco que irradiaba luz, su ojos percibieron un cuarto blanco como una perla, y siguiente a eso noto que estaba en una cama, una cama médica, con un par de cobijas y una almohada falsa, pero lo importante era que se estaba cayendo de la cama.

-Estoy en un hospital -aseguro el individuo. Estaba realmente mal que ni siquiera recordaba su nombre, pero si recordaba como lucía un hospital en su cuidad, era algo muy raro.

El alrededor de tal hombre era una cama, dos cortinas a los lados de están que evitaban la visibilidad y una mesita metálica al lado derecho de la cama médica, por donde estaba a punto de caerse. Con toda la información que mantenía en ese instante le pareció suficiente para explorar; con sus manos se agarró del extremo de la cama y se impulsó hacia delante, fue cuestión de segundos cuando los pies del hombre tocaron el piso frio del cuarto y se tambalearon haciéndolo chocar contra la mesa metálica y posteriormente caer al suelo. La piel fue vulnerable y se abrió, dejando pasar una gota de sangre que mancho el piso blanco del salón, la mesa sin ningún rasguño pero sí que cambio de posición y casi llega hasta donde se encontraba la cortina, el hombre solo observo y paso la mano por la herida sin ninguna expresión, se incorporó con dificultas y se agarró de parte de la cama, dándose su tiempo empezó a caminar, paso por paso su alrededor se fue expandiendo hasta que se detuvo en el centro del lugar.

El cuarto era grande; en él se encontraba ocho camas con sus cortinas y mesas individuales, cuatro camas a un lado y cuatro al otro. El piso liso del color blanco, como todo lo demás. El techo de icopor sostenido por unas pocas líneas de metal, a un extremo la puerta y al otro una pared con un afiche.

El individuo almaceno todo en su cabeza y como niño impulsivo comenzó a tocar todo, se fue paseando de cama en cama viendo que cada una era igual de ordenada a excepción de la suya, después se fue al afiche notando que era una foto de una araña grande con pelos negros, que juntos formaban su horrorizaste textura, y esos ojos pequeños pero endemoniados que parecía que te vieran sin importar a donde te movieras, esas características lo asustaron. No quiso ver más a la araña y se volteó de lado para no imaginar que la araña saliera de la foto y se trepara hasta la boca del él, pasando por su faringe forzosamente y llegara al estómago y hay poner sus huevos para que crecieran y se comerían al hombre de adentro así afuera lentamente.

 Paso un rato después de que la idea se desvaneciera y entonces ya estaba al otro lado del salón, tocando por erro la puerta metálica del salón, vio que esta era fuerte y gruesa y observo la manija pero antes de cruzar aquella puerta se le atravesó en la vista otra puerta dentro del salón, en la pura esquina, sin temor pero con curiosidad se adentró a aquella y noto al instante que era nada más que un baño, sencillo donde se encontraba una sanitario largo para los de sillas de ruedas y un lava manos común, desinteresado se retiró del baño y abrió la puerta.

2.      Morgue

Aquel personaje había pasado al otro lado, al nuevo mundo, allí se encontró con otra puerta al frente, como a dos metros pero esta era de madera pulida y con un cartel pequeño arriba que pronto se daría cuenta que decía en letras negras “Morgue”. Volteó a los lados como cuando se pasa una calle y observo dos largos pasillos, y arriba de estos se encontraban unas lámparas largas que parecían que daban la dirección a la salida, una se separaba de la otra por uno o dos metros. El humano con la necesidad de encontrar a alguien entró a aquella morgue y encontrar a alguien que lo sacara de ahí.

Ese lugar era grande, no tanto como el salón donde despertó sin embargo si era amplio, en un lado estaban como en un cementerio una colección de puerta pequeñas donde se almacenaban los cuerpos, eso si no deseaba verlos. Al otro lado se encontraban dos grandes camas con lámparas que iluminaban la cabecera de esta, a sus lados se encontraban las mismas mesas con ruedas que ya había visto. A su costado se encontraban dos lavamanos mugrientos que parecían como si un enfermo hubiera defecado hay, por último y como más importante para el hombre ya que atrajo su atención fueron un par de puestas enormes de metal frente a él que tenían una cadenas evitando el paso, y arriba igual que la puerta de la morgue había un cartel pero este decía “solo personal autorizado”.

Viendo que nada más había hay se fue retirando hasta que antes de llegar a la puerta un ruido lo asusto, fue un ruido agudo que pronto se engruesó, tuvo un pequeño parálisis pensando que alguien estaba detrás de él y lo estaba observando. Su cuerpo quieto se deslizo lentamente para afrontar lo que fuera que se hallaba atrás de él y de pronto vio como estaba casi en el centro unas tijeras largas de metal en el suelo, aquellas insignificantes tijeras habían despertado el terror en aquel joven. Pasado el susto el chico se salió de la morgue y se enfrentó a la decisión de cual pasillo iría.

Él se fue al pasillo derecho y luego a la izquierda y al concluir que los dos se notaban iguales, se decidió por el izquierdo dado que ya estaba ahí, cuando estaba llegando al final del pasillo vio que en el cruce se encontraba un mapa del hospital, un mapa que mostraba por completo el primer piso.

 

IMAGEN DEL MAPA DEL HOSPITAL (HOJA HACERLO MEJOR)

Al detallarlo muy bien vio que si seguía por ese pasillo se encontraría con el quirófano, luego a la administración, y por último la sala de espera, el tipo sabría dónde está la salida si no fuera por una parte que estaba raspada, parecía como si un animal con garras hubiera raspado esa parte del mapa, y así lograr conseguir que nadie saliera del hospital, pero aún estaba fresco el hombre, no tenía apuros por averiguar la salida, así que siguió con los planes de visitar el quirófano, se sentía como en un tour por el hospital.

3.      A la mitad del pasillo

A la mitad del camino hacia el quirófano, el hombre sintió algo, como un impulso, pero luego escucho un paso. Luego otro paso, sin importar lo que fuera, se estaba acercando. Ahí doblo el pasillo el terror. Lo que acababa de aparecer era un ser flaco con brazos largos que llegaban a sus pies y una cabeza lo más rectangular posible con unos ojos redondos y una sonrisa de esquina a esquina. Todo el conjunto de él se acercó. De pronto del movimiento de la boca del ser salió una voz nauseabunda y riendo dijo:

-Hola Stephen, ¿qué haces por aquí?-.

Sera que su nombre de aquel hombre era Stephen, no sabría con certeza pero le sonaba.

-¿Tu-tu qui-quién eres?-dijo tartamudeando Stephen.

-Ohh, me olvidaste Steph- Dijo la presencia, con un tono de voz triste pero a la vez asustaba-. Llámame “El Loco”.

Stephen se asombró con la respuesta, no podía imaginar por que desearía que lo llamara así, temía que su nombre se debiera a un acto suicida o algo así que hubiera hecho, no desearía averiguarlo. Su imaginación se estaba expandiendo con ese nombre hasta el “El Loco” lo interrumpió:

-¿A dónde vas Stephen?, debes estar durmiendo- Dijo sonriendo aún más y expandiendo sus ojos.

La cabeza de El Loco se torció un poco y su sonrisa se alargó y agrando mostrando sus dientes amarillos y afilados como agujas, se parecían a los dientes de un cocodrilo solo que más juntos y más largos, perfectos para atravesar la carne.

Stephen se paralizó frente a El Loco, sus ojos estaban perplejos por esos dientes de bestia. Los ojos de la vestía se oscurecieron por completo como la noche, sus ojos eran enormes hasta Stephen creyó que estaba aumentando de tamaño. Los ojos negro tornaron rojos y comenzaron a sangrar e igual que por la boca pero parecía más saliva que sangre. Estaba sediento de sangre, literalmente.

Cuando los ojos de El Loco se volvieron rojos la parálisis de Stephen desapareció y comenzó a correr...

 

Corría por el pasillo dándole la espalda a El Loco pero sin dejarlo de vista; mirándolo por encima del hombro. Stephen observó como se alejaba de él y que él no hacía nada, solo escondió los dientes por una sonrisa sin labios, sin embargo seguía mirándolo con esa cara diabólica, transmitiéndole terror al corazón de Stephen.

Resbaló por el suelo, se incorporó con rapidez y sin pensar entró al quirófano. Este era el salón más grande que había visto ese día, habían mesas en cada lado y luces apagadas o reventadas por doquier. Solo esas características pudo detallar Stephen al entrar, después solo le preocupaba encontrar un lugar para esconderse, para sobrevivir.

Encontró una mesa metálica que tenía una sábana aguamarina que le colgaba y vio que bajo ella entraba su cuerpo en posición fetal, con solo eso fue suficiente para que entrara y guardara silencio. Su corazón latía muy rápido, y palpitaba por todo su cuerpo. Creía que El Loco lo encontraría con solo oler su miedo.

Se escuchaba lentamente pero fuerte cada paso que daba el ser maligno hacia el quirófano, Stephen no era capaz de subir la sabana y observar la sombra por la puerta, pero igual se lo imaginaba; acercándose cada vez más y más.

Su imaginación era su verdadero dolor. El Loco no pronunciaba ninguna palabra, solo se acercaba lentamente hacia él, sabía que había entrado al quirófano. En la mente de Stephen se seguía repitiendo que aquel hombre que sangraba por los ojos podría hallarlo con solo oler aquel miedo que sudaba por el cuerpo de Steph.

La puerta se abrió lentamente produciendo un sonido quebradizo, un sonido que nadie desea vivir. Volvieron a sonar los pasos, aquel hombre produciéndole miedo a Stephen estaba jugando, le divertía sentir el aroma a angustia, le gustaba producirle suspenso en él. Stephen temblaba, sentía como el sudor le recorría desde el pelo hasta el cuello, sentía sus manos como se movían sin control.

Se escucharon otros dos pasos, El Loco comenzó a dirigirse hacia la mesa metálica con su mano enguantada comenzó a dar palmazos a la mesa; temblaba la mesa y temblaba Stephen. Sabía que lo atraparía, que lo destriparía y que con sus manos se comería sus órganos. Pero fue diferente, la mano enguantada dejo de dar palmadas, se detuvo y se escuchó otro paso. Fue el último paso que se escuchó, luego hubo silencio. Al parecer no lo había encontrado. La calma estaba viniendo.

El silencio fue destruido cuando las dos manos enguantadas agarraron la mesa y la votaron muy lejos con mucha agresividad, el sonido aturdió a el hombre en posición fetal, Stephen no quería abrir los ojos tenía miedo, miedo de verdad. El Loco agarro del cuello a Stephen, lo elevo en el aire con uno de sus flacos brazos. Empezó a hacerle presión cada vez mayor, el aire se acababa en los pulmones, sus ojos tuvieron que abrirse pero pronto perdía la visión. Sentía una ligera presión en el tabique y oídos, como la garganta se cerraba por la fuerza y ya no podía pasar saliva. Se ahogaba de una forma muy despreciable.

Lo único que podía hacer era colocar sus brazos sobre la mano de él e intentar retirarla. Un segundo antes de desmayarse pudo ver la misma endemoniada cara de aquel hombre sangrando por ojos y boca, justo después de perder la visión, sus oídos escucharon una frase que lo hizo orinarse del miedo:

-Duérmete… Steph!!!-.

 

Vuelve el ciclo

La desgracia de Stephen no había concluido. Cuando la conciencia volvía a su cerebro notó que se encontraba de nuevo en una de esas camas médicas, junto a esa mesa, a lado de esas cortinas, frente a otra cama y debajo de una potente lámpara. Algunos dolores se despidieron de su cuerpo mientras otros permanecieron; su columna había dejado de molestar en cambio el cuello aun dolía, molestaba al moverlo.

Aunque con molestia, Stephen movió su cuerpo y cabeza para buscar a El Loco, averiguar en qué lugar se hallaba, porque sabía que él era real, que lo que había ocurrido era real. Un sentimiento entre rabia, sospechas y miedo se encontraba en el interior de Steph.

No vio nada, no encontró nada distinto desde la otra vez, así que se retiró de las dos sabanas que lo cubrían y volvieron a hacer contacto las palmas de los pies con ese piso frio que daba escalofríos siempre. Por primera vez había notado que llevaba una bata maso menos blanca que cubría su cuerpo desnudo, se admiró por un instante y decidió avanzar. Miro todo el cuarto; se mantenía idéntico, ignoró el afiche de la araña y se dispuso a salir de inmediato. Abrió bruscamente la puerta metálica. Miró a ambos lados evitando encontrarse con El Loco. El Loco estaba realmente loco.

Al asegurarse que no estaba se dirigió al pasillo izquierdo. Llegando al final observó el mapa del primer piso y con su dedo indice pasó por todo el mapa hasta que encontró lo que buscaba: "La administración del hospital". Era la zona donde debía estar todos los doctores, los jefes y sus secretarias. Tenia que seguir por el pasillo izquierdo, pasar por el quirófano y casi ahí adelante se encontraría con la administración. Stephen deseaba encontrar a alguien que lo sacara de allí.

Caminaba de nuevo por ese pasillo. No lo encontraba muy cómodo pasar por aquel lugar donde estuvo El Loco por primera vez. El ambiente se iba trasformando en algo más tétrico.

Estaba en la mitad del pasillo, a un metro del quirófano cuando escucho una voz. Una voz agonizante se escuchó por la puerta del quirófano, parecía humana así que con una mano empujó la puerta suavemente evitando que El Loco saliera por ahí saltando hacia su rostro. No ocurrió nada, empujo más la puerta y hay estaba el charco de orina que había desalojado sus débiles esfínteres al asustarse con el hombre de cara rectangular.

Sin nadie que la empujara se termino de abrir la puerta. A Steph no le dio tanta importancia; le interesaba más su charco de micción el cual presentaba un tono lechoso y poseía un olor fuertemente desagradable. Penetraba las fosas nasales, pero no le produjo asco a Stephen.

Saltando la atención de la orina, empezó a ver con calma el quirófano. Ahora no lo perseguía nadie así que no se presentó ningún problema.

Una mesa rectangular estaba frente de él y sobre ella una sábana, le parecía raro por qué ahora había un cuerpo en el centro del quirófano, si la primera vez que entró no estaba, aunque estuviera asustando tuvo que ver ese cuerpo; era algo nuevo que no estuvo aquella vez.

Se acercó con cuidado dado que un pensamiento pasó por su mente; ¿que tal si era El Loco haciéndole una trampa?, lo iba a atrapar, lo iba a llevar a una mesa, lo cortaría en pedazos y cada uno lo vendería en el mercado negro.

La sabana blanca se retiró, no era El loco, era un hombre de mediana edad, con una inmensa gordura, una cara pálida con los ojos cerrados y una fría vibra al observarlo. Al detallarlo mejor vio que su piel era flaca en algunas partes y se veía sus huesos, que apenas le iba a nacer el bigote, pero lo que no podía pasar por alto era su inmensa tripa, parecía como si fuera una mujer embarazada por el tamaño. De pronto la cabeza del hombre cayó a un costado, abrió los ojos y estaba observando a Stephen fijamente. Sin esperarlo comenzó a gritar:

-Duérmete…Ve a dormir!!!-.

Sus gritos aumentaban cada vez más hasta que comenzó a escupir sangre, le resbalaba como saliva, y él seguía gritando: -Ve a dormir!!!-. Esa sangre se deslizaba lentamente por el labio y luego colgaba por la barbilla para caer al suelo; se estaba formando un charco. El charco de la desdicha.

El hombre no paraba, gritaba con fuerza, con agonía y esta se incrementó cuando movió su cabeza a su estado original; viendo al techo y de pronto gritó con todas sus fuerzas, que aquel hombre, mujer o niño a 1 milla pudo escuchar con claridad ese grito. No fue un sonido que a alguien le gustaría oír. Fue el grito que cualquier humano realmente necesitado hubiera hecho. No existirá ningún dolor más fuerte que el que presentó ese hombre en esa sala de urgencias.

Su estómago comenzó a abrirse. La inmensa tripa que tenía se estaba dividiendo, se podía ver como las hebras que componían la piel se separaban como caucho y se observaban las diferentes capas de la piel. El grito no finalizaba, tan solo escasos segundos para adquirir aire. El hombre se movía bruscamente pero con la vista arriba. Era una especie de convulsión. Parecía un show macabro cuando sonó un leve ruido como si la piel hubiera terminado de quebrase. A Stephen le temblaban los dientes y manos. Solo observaba el cadáver agonizante. No tenia la capacidad de ayudarlo.

Se veía hinchado el hígado, viscoso el intestino, grasiento el estómago y asqueroso la piscina de sangre que cubría a cada una de las partes de aquel señor.

El hombre cerró los ojos y su boca se detuvo. Ahora solo estaba balbuceando alguna cosa. Como último le salió otro hilo de sangre por la boca y murió. Lo que fuera ese hombre, había finalizado, como siempre en la vida todo acaba.

Su espíritu por fin fue al infierno o al cielo. Stephen le dedicó un minuto de silencio y luego se marchó horrorizado por el conjunto de sucesos que había presenciado en aquel momento, cerró la puerta del quirófano viendo por última vez al cadáver.

Se deslizó lentamente sobre la pared dejándose caer al suelo. Los pensamientos le dolían, Stephen le daba miedo, aquellos sucesos paranormales no lo dejaban respirar, sentía como su tráquea se cerraba y abría con lentitud, le temblaban las manos sin control, era como un terremoto en sus palmas. Deseaba tranquilidad y como un impulso involuntario se abrazó. Juntó sus manos y abrazó todo su cuerpo, quería trasmitir calma. Su deseo era inmenso, quería detener esto ya, no le parecía un juego. Se estaba rompiendo Stephen por dentro. Se estaba muriendo.

Comenzó a llorar poco a poco, sentía nervios y angustia. – ¿Dónde estoy?, ¿Que hago aquí? Me quiero ir- Eran los pensamientos que se decía en su cabeza. Con sus manos temblorosas se restregó la cara para quitarse las lagrimas que lograron escapar por sus ojos. No era fácil de tragar. Era algo doloroso. Concluyeron sus lagrimas pero la tristeza permaneció. Era un sentimiento horroroso. Se sentía vulnerable, como cualquier hombre verdaderamente lo es.

Se incorporó y se dejó chocar contra la pared; se escucho como se quebró un pedazo de pintura de la pared y un pedazo del cráneo de Steph. Estaba desconsolado. Estaba abanto. No podía vivir con la culpa y el horror, nadie merecería ver eso en su vida. Era ver a alguien morir y no poder hacer algo. Se sentía detenido, sin control de él mismo. Fue como vivir un solo día en la guerra. Pero lo que nunca se preguntó Stephen fue por que aquel hombre mencionó la misma frase que El Loco dijo la primera vez.

5. A la salida

Caminó lentamente hacia la administración con el cuerpo pegado a la pared, se estaba arrastrando. No quería caminar, solo miraba al frente y con tristeza dejando aun caer alguna que otra lagrima.

Stephen pasó por la administración pero ya no tenía el impulso de investigar. Solo deseaba salir de allí. Nada peor pudiera ocurrirle.

Siguió derecho donde finalizaba el pasillo y volteó. Hay se hallaba sentado en un sillón amarillo como el azufre El Loco. Su cara rectangular poseía la mismísima sonrisa, sus piernas estaban cruzadas, su cuerpo inclinado a un lado y con un cuchillo pasaba lentamente su dedo enguantado por el filo de este.

-¿A dónde vas?- Dijo El Loco sin mirarlo y con despreocupación.

-Q-quería pasear- Mintió Stephen.

-Falso!, ¡¡¡tú quieres huir!!!- Gritó. Se levantó del sillón y apretó fuerte el cuchillo con su mano izquierda.

Se asustó Stephen por el grito y se alejó un poco al observar como empuñaba el cuchillo. Evitaba una apuñalada.

-¿Por qué me quieres hacerme daño?- Dijo un poco triste Stephen.

-Nop, solo quiero asegurarme de que no te lastimes- Dijo con un tono gracioso y soltó una risita al final.

-Solo quiero salir de aquí, ¿puedes?-.

-Ohh, lo lamento Steph, es contra las reglas-.

-¡¿Cuales reglas?!, al parecer somos los únicos aquí!- Subió la voz cuando se sintió seguro.

-Al parecer- repitió El Loco.

Se rio, su risa era como la de un payaso, se suponía que daba alegría y solo trasmitía miedo. Su risa se prolongaba una y otra vez, repitiéndose la misma carcajada pero más fuerte, era estresante oírla.

El Loco se acercó hacia Stephen, se inclinó hacia adelante, volvió a torcer su cabeza y le habló:

-Ve a tu salón, súbete a la cama y !duérmete!-.

Alzó el cuchillo y lo pasó por su dedo, la punta de este rompió la tela del guante, se devolvió a hacer otro corte pero por la piel, se demoró un poco en introducirse y de pronto entro la punta, luego el cuchillo se mueve separando pedazos de piel hasta que llega al extremo del dedo, cuando finaliza el movimiento la sangre tiene tiempo para salir y ensuciar un poco el guante. Para terminar El Loco saca el cuchillo, se lo muestra frente a los ojos de Stephen. Lo mueve de un lado al otro y luego abre su boca, se despliegan sus miles de dientes filudos y saca su lengua ancha y larga para lamer su propia sangre. El sabor era salado con un toque de hierro, era sangre humana, sangre real.

-De verdad estaba completamente loco- Pensó Stephen. Su cara se perplejo, sus manos se inmovilizaron, estaba indefenso.

No iba hacerlo esperar, así que asintió rápidamente y lentamente se devolvió sin dejar de observar la cara rectangular de El Loco.

Stephen en el trascurso de pasillo pensó, razonó. –Ni loco voy a quedarme aquí- Dijo en su mente. Se calmó, dejó de observar a El Loco, se acercó al pasillo y dobló.

Ya fuera de la vista de El Loco inició a correr por el otro pasillo; el derecho. Sus piernas se movían con agilidad, sin darse cuenta ya estaba en la mitad del pasillo, vio mientras pasaba una puerta tipo cochera que tenía un candado y casi al final detalló unas puertas de madera, solo una de ellas tenia la etiqueta de "baño".

Casi llegando disminuyó el paso y se escondió en la esquina, en la esquina donde al voltear se encontraría con él. Se deslizo hacia el suelo y asomo la cara. Estaba El Loco en el sillón mirando hacia el otro pasillo sin saber que atrás de él se encontraba Stephen. Al parecer seguía jugando con el cuchillo.

Entonces pasó algo; las articulaciones de los dedos de las manos que estaban apoyados en el suelo se estiraron consiguiendo una posición donde el espacio entre los huesos aumente y también el volumen de la capsula sinovial, por lo que se creó una zona de baja presión que provocó que los gases salieran del líquido sinovial en forma de burbujas que al explotar formaron un sonido quebradizo que llego al oído de El Loco y lo hizo reírse.

-Ahh, Stephen se portó mal, ¿no te dije que debías dormir?- Dijo él mientras volteaba el sillón para observar a Stephen.

El sillón tenia cuatro esferas pequeñas como base en cada esquina que al friccionarlas con el suelo sonaba como cuando se rascar un tablero, era un sonido chirriante.

Stephen no se escondió, se quedó en el suelo impactado de lo fuerte que crujieron sus dedos. No estaba muy atento de que su vida corría peligro.

Aquel hombre con el cuchillo se enojó, mientras se trasformaba su rostro de feliz a bravo se vio como le nacieron dos cejas que terminaron volviéndose gruesas, sus ojos se torcieron y su boca se abrió un poco dejando salir unos cuantos dientes.

Stephen se quedó sin palabras. Reencarno el miedo de morir pero en el interior sabía que era lo mejor que tenía. No acudió a nada, se quedó mirando fijamente mientras que su ser gritaba por dentro. Hay notó que su altura era mediocre comparada con la de El Loco, parecía esos hombres de la NBA; palos estirados y flacuchos. Esa era la mejor descripción de aquel hombre.

Los dos se mantuvieron mirando, por un tiempo El Loco cambiaba de posición su cabeza, como una paloma.

-No te voy a dejar salir, lo sabes-.

-No me voy a ir a la cama, lo sabes-.

Parecía como si Stephen tuviera calma y control, parecía.

Se acercó un poco hacia El Loco y él impresionado sonrió. Toda su trasformación se tardó un segundo para volver a ver esa sonrisa de oreja a oreja.

De pronto la valentía de Stephen aumentó, dio un paso. Después otro. Y así. Cada vez se acercaba a esa presencia, a ese ser maligno. El Loco encantado con lo que estaba haciendo dejo salir una risita. Entonces Stephen corrió a lo que fuera que estaba después de los dos pasillos y fue detenido por los largos brazos de El Loco, se elevó por los aires y no alcanzó a detallar que seguía después de esos dos pasillos. Fue arrojado al suelo con agresión, pareció que lastimó una costilla; le dolía en la zona del pulmón. Se desplazó hacia el pasillo por donde había ido y escucho los pasos. Fueron fuertes y sonoros, daban eco por todo el hospital. Ademas daba eco en la cabeza de Stephen.

El Loco se arrastró por el suelo lentamente como una serpiente sin soltar la mirada en Stephen, se acercaba con rapidez. No se percibía fricción con el traje de El Loco. En aquel tiempo elevó un tanto su cabeza y lo continuo mirando. Sus ojos se agrandaron y volvieron a sangrar, salieron los delgados ríos de sangre por su rostro y cayeron en la ropa de Stephen. La piel de Steph pudo sentir ese líquido espeso que se movía por toda su pierna y que se secaba. Se semejaba a la cera de una vela; quemaba.

Steph dejó salir un grito y tuvo pánico. Aquella especial valentía se había roto. La esperanza que acababa de nacer estaba muriendo. Su corazón empezó a latir con fuerza bombeando sangre a esas piernas para correr. Salió directo al pasillo volvía a ver el baño y la puerta cochera. Pero lo que ahora veía era a El Loco corriendo hacia él, sus piernas se agitaron con rapidez, su cara no se despegaba de su objetivo, iba por Stephen, era su meta. La agitación de ambos era enorme, El Loco a un metro de Steph, ya estaba teniendo hambre, se lo iba a comer. Era una bestia con su almuerzo justo a tiempo. De pronto vio Stephen como la bestia se volvía bestia. Comenzó a correr en cuatro patas y no le faltaba nada por atraparlo.

Cuando de pronto dobló el pasillo y siguió derecho, iba a dar la vuelta y salir. Sabía que la salida tenía que estar en alguna parte de donde el mapa había sido raspado. Corrió más. Sentía como todo su cuerpo le palpitaba empero más en los oídos. Sus piernas no se cansaban. Era adrenalina pura. El Loco no lo dejaba de abacorar, entonces sus manos enguantadas había sido rotas en las puntas donde sobresalieron una uñas gordas y filudas. El cuchillo había sido abandonado. Todo esto ocurrió cuando de pronto la bestia saltó hacia él y la mano izquierda de El Loco alcanzo a rasgar la camisa con un poco de piel de Stephen. El dolor no se presentó, solo un frio rápido y pasajero. Steph no paraba de correr.

Ya llegando a la mitad del pasillo se hizo silencio. Impresionado vio que ya no había nadie. Quizá un par de gotas en el suelo pero nada más. Así que paró y observó. Era silencio completo. Pero no. Él no se había rendido, corrió hacia el final de pasillo y pudo ver que había unas sillas y un…

El sonido de un perro rabioso sonó y El Loco se arrojó sobre Stephen dejándolo en el suelo. La última imagen fue la cara rectangular con los ojos Negros y dilatados y la sonrisa que en el futuro formaría pesadillas. Stephen había perdido la batalla...

Continuara...

 

En busca de promover la creación literaria entre los niños y niñas, fomentamos valores como la imaginación y creatividad. Por tal razón el Comité Editorial de Lapislázuli conserva cada escrito con su sintaxis original.

 

 

AUTOR

JUAN DAVID ALEJANDRO BECERRA BECERRA

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Biografía

(15 años)



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