Publicado: 08/05/2018

El Loco


Por: Juan David Alejandro Becerra Becerra

1.      ¿Dónde estoy?

Los dolores que poseía ese hombre allí eran muy fuertes, no era lo suficientes para matarlo pero si para hacerlo sufrir; le dolía la cabeza, tenía mareo y un fuerte molestia en los oídos. Su cuerpo de tambaleaba, se estaba deslizando ligeramente. Al rato la conciencia del pobre hombre se adentró en su cuerpo y despertó; este no abrió los ojos de inmediato ya que hay también está presente el dolor, pero cuando los entreabrió se volvieron a cerrar de una vez puesto que una luz potente le cegó los ojos, sintió el calor en sus pupilas entrando en segundos acompañado con un quejido suyo, pero luego una calma considerable. Su cuello estaba muy adolorido, él sentía como su medula espinal se doblaba hasta el punto de romperse y soltar un crujido leve, pero solo era su imaginación sufriendo.

Después de que encontrara control en su cuerpo hizo un segundo intento para abrir los ojos y este fue exitoso, sus ojos desenfocaron la luz y rápidamente retiro la vista del foco que irradiaba luz, su ojos percibieron un cuarto blanco como una perla, y siguiente a eso noto que estaba en una cama, una cama médica, con un par de cobijas y una almohada falsa, pero lo importante era que se estaba cayendo de la cama.

-Estoy en un hospital -aseguro el individuo. Estaba realmente mal que ni siquiera recordaba su nombre, pero si recordaba como lucía un hospital en su cuidad, era algo muy raro.

El alrededor de tal hombre era una cama, dos cortinas a los lados de están que evitaban la visibilidad y una mesita metálica al lado derecho de la cama médica, por donde estaba a punto de caerse. Con toda la información que mantenía en ese instante le pareció suficiente para explorar; con sus manos se agarró del extremo de la cama y se impulsó hacia delante, fue cuestión de segundos cuando los pies del hombre tocaron el piso frio del cuarto y se tambalearon haciéndolo chocar contra la mesa metálica y posteriormente caer al suelo. La piel fue vulnerable y se abrió, dejando pasar una gota de sangre que mancho el piso blanco del salón, la mesa sin ningún rasguño pero sí que cambio de posición y casi llega hasta donde se encontraba la cortina, el hombre solo observo y paso la mano por la herida sin ninguna expresión, se incorporó con dificultas y se agarró de parte de la cama, dándose su tiempo empezó a caminar, paso por paso su alrededor se fue expandiendo hasta que se detuvo en el centro del lugar.

El cuarto era grande; en él se encontraba ocho camas con sus cortinas y mesas individuales, cuatro camas a un lado y cuatro al otro. El piso liso del color blanco, como todo lo demás. El techo de icopor sostenido por unas pocas líneas de metal, a un extremo la puerta y al otro una pared con un afiche.

El individuo almaceno todo en su cabeza y como niño impulsivo comenzó a tocar todo, se fue paseando de cama en cama viendo que cada una era igual de ordenada a excepción de la suya, después se fue al afiche notando que era una foto de una araña grande con pelos negros, que juntos formaban su horrorizaste textura, y esos ojos pequeños pero endemoniados que parecía que te vieran sin importar a donde te movieras, esas características lo asustaron. No quiso ver más a la araña y se volteó de lado para no imaginar que la araña saliera de la foto y se trepara hasta la boca del él, pasando por su faringe forzosamente y llegara al estómago y hay poner sus huevos para que crecieran y se comerían al hombre de adentro así afuera lentamente.

 Paso un rato después de que la idea se desvaneciera y entonces ya estaba al otro lado del salón, tocando por erro la puerta metálica del salón, vio que esta era fuerte y gruesa y observo la manija pero antes de cruzar aquella puerta se le atravesó en la vista otra puerta dentro del salón, en la pura esquina, sin temor pero con curiosidad se adentró a aquella y noto al instante que era nada más que un baño, sencillo donde se encontraba una sanitario largo para los de sillas de ruedas y un lava manos común, desinteresado se retiró del baño y abrió la puerta.

2.      Morgue

Aquel personaje había pasado al otro lado, al nuevo mundo, allí se encontró con otra puerta al frente, como a dos metros pero esta era de madera pulida y con un cartel pequeño arriba que pronto se daría cuenta que decía en letras negras “Morgue”. Volteó a los lados como cuando se pasa una calle y observo dos largos pasillos, y arriba de estos se encontraban unas lámparas largas que parecían que daban la dirección a la salida, una se separaba de la otra por uno o dos metros. El humano con la necesidad de encontrar a alguien entró a aquella morgue y encontrar a alguien que lo sacara de ahí.

Ese lugar era grande, no tanto como el salón donde despertó sin embargo si era amplio, en un lado estaban como en un cementerio una colección de puerta pequeñas donde se almacenaban los cuerpos, eso si no deseaba verlos. Al otro lado se encontraban dos grandes camas con lámparas que iluminaban la cabecera de esta, a sus lados se encontraban las mismas mesas con ruedas que ya había visto. A su costado se encontraban dos lavamanos mugrientos que parecían como si un enfermo hubiera defecado hay, por último y como más importante para el hombre ya que atrajo su atención fueron un par de puestas enormes de metal frente a él que tenían una cadenas evitando el paso, y arriba igual que la puerta de la morgue había un cartel pero este decía “solo personal autorizado”.

Viendo que nada más había hay se fue retirando hasta que antes de llegar a la puerta un ruido lo asusto, fue un ruido agudo que pronto se engruesó, tuvo un pequeño parálisis pensando que alguien estaba detrás de él y lo estaba observando. Su cuerpo quieto se deslizo lentamente para afrontar lo que fuera que se hallaba atrás de él y de pronto vio como estaba casi en el centro unas tijeras largas de metal en el suelo, aquellas insignificantes tijeras habían despertado el terror en aquel joven. Pasado el susto el chico se salió de la morgue y se enfrentó a la decisión de cual pasillo iría.

Él se fue al pasillo derecho y luego a la izquierda y al concluir que los dos se notaban iguales, se decidió por el izquierdo dado que ya estaba ahí, cuando estaba llegando al final del pasillo vio que en el cruce se encontraba un mapa del hospital, un mapa que mostraba por completo el primer piso.

 

IMAGEN DEL MAPA DEL HOSPITAL (HOJA HACERLO MEJOR)

Al detallarlo muy bien vio que si seguía por ese pasillo se encontraría con el quirófano, luego a la administración, y por último la sala de espera, el tipo sabría dónde está la salida si no fuera por una parte que estaba raspada, parecía como si un animal con garras hubiera raspado esa parte del mapa, y así lograr conseguir que nadie saliera del hospital, pero aún estaba fresco el hombre, no tenía apuros por averiguar la salida, así que siguió con los planes de visitar el quirófano, se sentía como en un tour por el hospital.

3.      A la mitad del pasillo

A la mitad del camino hacia el quirófano, el hombre sintió algo, como un impulso, pero luego escucho un paso. Luego otro paso, sin importar lo que fuera, se estaba acercando. Ahí doblo el pasillo el terror. Lo que acababa de aparecer era un ser flaco con brazos largos que llegaban a sus pies y una cabeza lo más rectangular posible con unos ojos redondos y una sonrisa de esquina a esquina. Todo el conjunto de él se acercó. De pronto del movimiento de la boca del ser salió una voz nauseabunda y riendo dijo:

-Hola Stephen, ¿qué haces por aquí?-.

Sera que su nombre de aquel hombre era Stephen, no sabría con certeza pero le sonaba.

-¿Tu-tu qui-quién eres?-dijo tartamudeando Stephen.

-Ohh, me olvidaste Steph- Dijo la presencia, con un tono de voz triste pero a la vez asustaba-. Llámame “El Loco”.

Stephen se asombró con la respuesta, no podía imaginar por que desearía que lo llamara así, temía que su nombre se debiera a un acto suicida o algo así que hubiera hecho, no desearía averiguarlo. Su imaginación se estaba expandiendo con ese nombre hasta el “El Loco” lo interrumpió:

-¿A dónde vas Stephen?, debes estar durmiendo- Dijo sonriendo aún más y expandiendo sus ojos.

La cabeza de El Loco se torció un poco y su sonrisa se alargó y agrando mostrando sus dientes amarillos y afilados como agujas, se parecían a los dientes de un cocodrilo solo que más juntos y más largos, perfectos para atravesar la carne.

Stephen se paralizó frente a El Loco, sus ojos estaban perplejos por esos dientes de bestia. Los ojos de la vestía se oscurecieron por completo como la noche, sus ojos eran enormes hasta Stephen creyó que estaba aumentando de tamaño. Los ojos negro tornaron rojos y comenzaron a sangrar e igual que por la boca pero parecía más saliva que sangre. Estaba sediento de sangre, literalmente.

Cuando los ojos de El Loco se volvieron rojos la parálisis de Stephen desapareció y comenzó a correr...

En busca de promover la creación literaria entre los niños y niñas, fomentamos valores como la imaginación y creatividad. Por tal razón el Comité Editorial de Lapislázuli conserva cada escrito con su sintaxis original.

 

 

AUTOR

JUAN DAVID ALEJANDRO BECERRA BECERRA

Autor

Biografía

(15 años)



Publicaciones Recomendadas

Blog

medios Aliados