Lapislázuli Periódico - Cuando lo sueñes, se hará realidad



navidad

Editorial Noviembre 2013

Expresiones populares que se materializan en el Grafiti

Tras décadas de expresión social a través del grafiti, en la ciudad de Bogotá surge una iniciativa que reglamenta su práctica con el fin de dar un marco legal a esta actividad que por años ha hecho parte del mundo de la clandestinidad. Y es que su marginalidad surge por su esencia trasgresora a los sistemas de poder y su acción contestataria.
La necesidad de reglamentar el grafiti surge quizá ante el escándalo de la ciudadanía y la exigencia de mayor tolerancia ante los abusos de funcionarios de policía sobre la actividad de grafiteros, lo cual ha conducido no solo a despenalizar la práctica, sino de brindar a quien lo realiza un marco de legalidad que le permita contar con todas las garantías y apoyo para realizar su arte, tal como lo establece el decreto 075 del 22 de febrero de 2013 de la Alcaldía Mayor, donde se promueve la práctica artística y responsable del grafiti y las estrategias pedagógicas y de fomento en la materia… ¿Qué hay con todo esto? se preguntará aquel que ha venido pintando las paredes y lo seguirá haciendo “con o sin permiso”.
A través de los años, diversas organizaciones sociales y colectivos artísticos han visto en el grafiti un medio de expresión para comunicarse y conformar comunidad, y luego de muchos incidentes, el Distrito da un visto bueno a la inclusión de esta práctica como parte de la cultura viva de nuestra ciudad. Un reconocimiento que parte de la base que todas estas expresiones artísticas son parte fundamental para la construcción de una sociedad con valores incluyentes y heterogéneos; y así, dar paso a la sociedad a pensarse como ciudadanos; validan su práctica por ser una alternativa frente a la homogeneidad que puede haber en los escenarios tradicionales como galerías y museos. Sin embargo, el visto bueno del estamento trae consigo un problema, y es la validación que a su vez se da, pues si por naturaleza el grafiti había sido una actividad de “lucha y resistencia clandestina”, el abrir la paredes de la ciudad a estas expresiones, pareciera quitarle importancia a la protesta. Y es allí en donde muchos artistas comienzan a encontrar discrepancias. Si bien, el marco de legalidad que brinda la normatividad les permite realizar trabajos de mayor calidad, y sin el afán de pintar sus trazos con premura, el romper la dualidad de esa otredad del “policía, el gobernante” enemigo, aún cuesta trabajo por asimilar. ¿Y si al grafiti, no se le pudiera llamar “Arte”?
Ridículo sería entrar a juzgar las formas, las estéticas o los gustos para definir si el grafiti es o no arte. No solo por las distintas nociones y conceptos a través de los cuales se puede entender el arte, sino que el valor estético y correcto se torna tan subjetivo que lo que para unos si es, para otros no lo es. Sin embargo, el debate toma otro tinte cuando dejamos de pensar en definir por esencialismos, y ponemos en balanza el debate sobre cuál debería ser el límite que se forja entre el derecho a la libre expresión, y la conservación de los bienes  privados y/o públicos.
Sin duda, en escena de lo artístico y en la opinión pública ha surgido en los últimos años una nueva mirada asertiva hacia este tipo de expresiones que han logrado construir una mirada más proactiva y constructiva en torno a esta práctica que llena de colores la ciudad. El partir del hecho de no penalizar, ni tipificar como delito el grafiti, marca una gran diferencia no solo a nivel pragmático, sino conceptual, pues enmarca toda una propuesta de inclusión en la sociedad de los sectores que por tradición han venido siendo marginados. En el panorama se abre una puerta para que desde la misma ciudadanía se comiencen a establecer espacios, y códigos, que permitan llegar a consensos que logren una sana convivencia. Si en principio el grafiti es “el arte de la expresión callejera” esta definición se redimensiona al ver como múltiples artistas plásticos se aproximan a este lenguaje visual para dejar en evidencia preocupaciones, problemáticas, anhelos y sueños de carácter político y social. * Véase los grafitis de la calle 26 Hace un par de meses Lapislázuli Periódico publicó El arte se tomó las calles como parte de la propuesta de diversos artistas bogotanos y bogotanas que en su iniciativa de reivindicar y hacer de este arte un medio de transformación social, llevaban a la ciudad un mensaje de esperanza y amor. Una visión de mundo en donde a pesar de haber un trasfondo de problemática social, y el cuestionamiento de vivir en medio de diversos tipos de violencia, el anhelo del ser humano de alcanzar la paz es superior. ¿Qué hay de las calles cuando la pared está en blanco? La expresión del grafiti no podrá ser homogénea en ningún caso, pues surge de la diversidad, que es su materia prima. Por ello, el identificar problemáticas sociales, denunciar los atropellos, y reflexionar en torno a la vida misma, son parte de su esencia. Pero, y si estos valores no se ven reflejados en el grafitis ¿se debe cuestionar su valor social? ¿Se puede a través de este criterio, simple y llanamente dividir el grafiti entre expresión “social” o “vulgar vandalismo”?  Esta dicotomía surge de un panorama limitado en donde no se puede trascender del estereotipo llevando que tomar cualquiera de estas dos posiciones caigan en un radicalismo. Sin duda, el grafiti ha jugado un papel importante en la construcción y apropiación de espacios por parte de la ciudadanía (generalmente espacios abandonados) con lo cual se da una recuperación con arte y color. Sin embargo, esta no es la regla que aplica en todas las situaciones, y en ocasiones, lo que parte de un supuesto de libertad de expresión, termina en el menoscabo de la propiedad privada al contener mensajes de destrucción, vandalismo y en la mayoría de los casos, formación de pandillas en las que se hace apología al racismo y xenofobia. Pero entonces, ante esta ruptura ¿cómo definir los límites de lo que debería estar permitido, y aquello que atenta contra la propia sociedad? Esta situación sin duda, solo se puede comprender desde la integración del punto de vista de quien toma en sus manos el aerosol y asume ésta como una herramienta de transformación de la sociedad, pues a pesar de parecer una labor sin importancia el expresarse en las paredes de la ciudad, el transmitir diversidad de ideas, permite que la sociedad se construya en torno a la diversidad, y así, transformar los paradigmas que se han anquilosado. Dejamos aquí planteado un tema que no termina por lo ancho y largo, y con el deseo de contribuir a uno de esos debates que por esencia no tienen fin, pues si la materia se transforma, ofrecemos esta editorial como un espacio para la reflexión en torno a un tema que tiene tantos detractores como seguidores, con la premisa, que el diálogo siempre será constructivo en la medida que genere nuevas ideas, convivencia con respeto. Su aplicación para que directivas de universidades públicas, entidades del estado, colegios y demás, asuman una postura


 

    

                                                                                                              

 


 

 



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