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Museos en extinción: las Bibliotecas Familiares


“Si en tu casa se ha acumulado una buena cantidad de libros con el paso de los años, las bibliotecas ayudan a organizarlos, de forma que logres encontrar el que buscas de forma más fácil, y puedas hacer de la lectura una experiencia divertida y relajante”


Por: Alejandro Jiménez Schroeder

En algún lugar de la casa, de alguna casa, quizás en mi casa o hasta en tu casa hay un museo en vía de extinción. Un lugar cargado de memoria y tradición cuya esencia tiende a desaparecer por el desuso, los avances de la tecnología y sobre todo, la falta de lectura.
Un lugar que construyeron nuestros padres y abuelos libro a libro, con base en experiencia, paciencia y conocimiento hasta convertirse en el monumento que hoy en día es; pues en antaño se reconocía el valor intrínseco que había en cada una de esas letras, para no redundar, en ellos estaba el tesoro del saber. 


Libros que nos hablan de culturas lejanas, de personajes ficticios y guerras míticas nos acompañan en nuestra casa. Un libro del pensamiento occidental, o quizás del legado de los griegos, está allí, esperando a ser abierto. Ahora ha sido relegado, un tanto por la televisión o la computadora, o quizás simplemente porque olvidamos buscar en realidad el tesoro que nos enriquece como seres humanos, porque estamos más pendiente de lo efímero y superficial. Y sin embargo, ellos siguen allí… en algún lugar, entre estantes, de forma casi olvidada esperan el instante para contarnos las aventuras de Gregor Samsa, Hamlet, El coronel Buendía, o el Quijote.

Solos, en silencio del libro cerrado, esperan el instante en que todas las palabras del universo puedan salir de allí, y recordarnos que al igual que nosotros han llegado a nuestras casas por azar o por convicción para convertirse en objetos valiosos de nuestra familia.

Las bibliotecas familiares son sin duda uno de los sitios más fascinantes que encontraremos en nuestras casas. Espacios cargados de historias y memorias. Fragmentos de la esencia humana que nos hablan del amor, la felicidad, la tristeza y el dolor; y que sin darnos cuenta, los hemos convertido en aquel lugar deshabitado de la casa donde rara vez posamos nuestra mirada, y aunque con curiosidad nos preguntamos con más de una ocasión que hacer con todos aquellos libros que no hemos de leer, sigue ocupando en nuestra casa un lugar especial.

Revisando entre los títulos que conforman la biblioteca de mi casa, poco tiempo me tardo en darme cuenta que en aquellos se encontraba un germen. Un indicio que me permitía rastrear el pensamiento y deseos de nuestra familia. Un tanto de libros con pensamientos de izquierda o de derecha, libros de ética, moralidad o religión; enciclopedias infantiles, grandes obras de la literatura universal, de filosofía, técnicos, de las artes plásticas, libros de cocina…. Manuales y libros de teorías hacen que aquel mueble, además de adornar un espacio físico, represente una invaluable muestra del pensamiento e ideas que han conformado mi hogar, y que ahora son las huellas de lo que somos.

Sin embargo, ahora aquel lugar que parece tan obsoleto e inútil… entre tanta tecnología y velocidad con la que cambia el mundo… detenerme en aquel lugar es abrir una brecha infinita entre mi presente y mi pasado. ¿Cómo dedicar tantos minutos u horas de mi vida a aquel universo distante, cuando el mundo se mueve con tal velocidad? Realmente esos momentos representan para mí un placer indescriptible.

Sin darme cuenta, no fui solo yo. La sociedad fue llevándonos a hacer que aquel lugar quedara deshabitado. Es decir, allí estábamos mi familia, mi ciudad, mi planeta y yo... pero por alguna razón me sigue costando reconocer que en aquel lugar me encontraré.

Ya sean pocos o muchos los libros que haya en tu casa, sin importar si eres un amante de los libros, un lector voraz o una amante casual, es digno disponer de un lugar donde hospedar los libros que habitan allí. Aquellos que se encuentran heridos y lastimados, brindarles la ayuda… aquellos que no vas a leer, compartirlos, aquellos que has dejado, ve a saludarlos, hojearlos y así, aprópiate de ese espacio que te pertenece.

Dice un fragmento de El teatro de la memoria, de Pablo De Santis “La biblioteca estaba vacía. En dos mesas bajas, heptagonales, había varios números de la revista de la sociedad internacional de neurología y de otras publicaciones….” Y me pregunto, ¿qué es una biblioteca vacía?

 



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