Lapislázuli Periódico - Cuando lo sueñes, se hará realidad




Editorial  Febrero
ESCRITURA CREATIVA PALABRAS DE INCLUSIóN: SER DESDE LA DIFERENCIA
Por: Alejandro Jiménez Schroeder


Somos seres sociales que nos definimos a partir del otro. Nos creemos y nos creamos a partir de las interacciones que nos permiten confrontar nuestras particularidades. La sociedad nos ha enseñado a que somos negros porque no somos blancos, o que somos hombre en contraposición al hecho de que no somos  mujer. Un binarismo que quizás para muchos es obsoleto, pero sigue primando en nuestra lógica racional.

Por ello, es que a pesar de pretender únicamente ser sujetos con individualidad, el convivir en colectividad nos hace seres sociales y condiciona nuestras conductas. Eso implica no solo que nos insertamos en un sistema que nos pone reglas y límites, sino también nos establece los patrones de referencia desde los cuales asumir interacción con quienes nos rodean.
Es por eso que cuando nos preguntan o nos preguntamos quiénes somos, tendemos a  decir “Soy colombiano, soy de Bogotá, soy de la Universidad Nacional, soy estudiante de tal  o  tal carrera.” Y en esa medida nos comenzamos definir y a vincular no solo con las personas que frecuentan nuestros entornos, sino con los sitios en particular. Una vinculación positiva que nos permite sentir que dentro del sistema cumplimos un papel fundamental. Olvidamos que somos también aquellas experiencias que hemos tenido, las ideas que hemos construido, y los sueños que hemos fabricado.


Esta característica, como lo es la auto referenciación, en principio es la base fundamental de la identidad, de la cultura, y de los valores, pero en ocasiones se transforma en la herramienta más perversa que ha creado el hombre para discriminarnos unos a otros. Aquello que podía llegar a ser algo tan fantástico que nos permitiera llegar a comprender y acceder al otro desde mi individualidad y mis características particulares, se fue convirtiendo en la razón de segregaciones y conflictos.
Tengamos presente que esta aparente confrontación entre individualidad y sociabilidad, no son más que etiquetas necesarias. Pero en ningún momento determinantes, y mucho menos contrarias, por lo que llegar a creer que se trata de un duelo de oposición es seguir afianzando las ideas de que el mundo únicamente es blanco o negro, bueno o malo, etcétera.
Esta  discriminación es  el primer paso para comenzar a desconocer que en nosotros, hay parte del otro. Con lo cual comienza una cadena de consecuencias como el racismo, la exclusión, la marginalización, la violencia en todo sentido.

Nos habituamos a creer que yo soy particular por aquello que los otros no son; y esto me hace creer en mi individualidad. Nuestros referentes comenzaron a generar brechas que nos marcan límites desde las diferencias, y no como quizás debería ser,  desde nuestros puntos en común

Vamos por la sociedad viendo lo que queremos ver. Pretendemos ser lo que anhelamos ser, e ignoramos aquello que nos es incómodo en nuestro camino. SIEMPRE por el camino más fácil de transitar. Nos identificamos con una marca de ropa, con una tendencia, con un programa de televisión  o radio, y comenzamos a interactuar dentro de un grupo social en particular que valide nuestra forma de ser.
¿Cuántas veces hemos pretendido ser semejantes al discapacitado, al lisiado, al mendigo, al drogadicto, a la prostituta o a todas estas personas que la sociedad ha ido marginando por su condición, muchas veces por el simple hecho de no ser hermosos estéticamente y socialmente funcionales?
Nuestra identidad es un gesto social incompleto, pues nos identificamos con lo que queremos ver  y usamos máscaras y disfraces para vivir de una manera “más cómoda” pero  menos humana.


Sin embargo, el arte es una experiencia estética que permite transformaciones, pero como toda propuesta artística que genera transformaciones, es una posición que se vuelve incómoda. Incómoda no solo al status quo, sino incómoda para nosotros mismos pues nos hace reflexionar en torno aquellos principios que hemos venido asimilando, y forman parte de nuestro hábito. Nos hace reflexionar y asumir roles que no nos habíamos imaginado. Que por comodidad, o miedo asumimos no desear, y que al cuestionar, nos damos cuenta que eran preguntas que siempre nos quisimos realizar, pero de una  u otra forma logramos evadir.

 

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